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jueves, 29 de octubre de 2009

"Cumbres", por Noam Chomsky

Cumbres

Por Noam Chomsky, 17 de noviembre de 2001
La Cumbre de las Naciones Unidas, celebrada en Nueva York en septiembre, fue la segunda gran reunión de jefes de Estado del nuevo milenio. La primera fue la Cumbre del Sur, en La Habana, en abril. La Cumbre de las Naciones Unidas recibió considerable publicidad en los Estados Unidos, mientras que apenas se informó sobre la Cumbre del Sur, un reflejo del "desequilibrio" en el sistema global que esta Cumbre consideró deplorable.
La Cumbre del Sur reunió a jefes de Estado del Grupo de los 77 (G77), integrado ahora por 133 países, que representan el 80% de la población del mundo. El nombre G77 proviene del encuentro fundador de la Conferencia sobre Comercio y Desarrollo de las Naciones Unidas (UNCTAD) en 1964, a la que concurrieron 77 de los "países en vías de desarrollo". La Cumbre de abril de 2000 fue de inusual importancia: primer encuentro realizado a nivel de jefes de Estado, la Cumbre se centró en la preocupación de que el Sur está "puesto colectivamente en peligro" por el sistema económico global que ha sido instituido por los países ricos.
Un periódico de primera línea del tercer mundo describió la cumbre como "un momento definitorio en la historia del G77", que concluyó con "una declaración de confianza y determinación de los jefes de Estado para trabajar juntos y así impulsar un nuevo orden mundial basado en la igualdad y la transparencia / justicia", siendo la cooperación Sur-Sur la pieza central de un plan de acción que persiguiera cambios significativos en el sistema global ( Economía del Tercer Mundo, Penang).
En el "Análisis de la Semana / semanal" del New York Times, la corresponsal de las Naciones Unidas Bárbara Crossette informó de que la Cumbre "denunció a la economía global y a sus símbolos" (el Banco Mundial, el FMI, y la OMC), restándole importancia porque "los eslóganes y la oratoria hacen poco por iluminar la profunda complejidad del desarrollo humano en el nuevo orden económico". De acuerdo con "los expertos en desarrollo", para los pobres "nada puede ser tan irrelevante como las teorías de la globalización o que se despotrique contra las grandes corporaciones". "Los expertos",que reconocen "las profundas complejidades", prefieren enfrentar el problema empleando medidas serias: por ejemplo, persuadiendo a las multinacionales para que "ayuden a los trabajadores a mejorar sus vidas", e induciendo a "las grandes instituciones internacionales" a adoptar políticas que "actúen en todos los niveles de la sociedad".
Los expertos se muestran también atónitos ante la "ironía" de que el Banco Mundial esté empezando a implementar "programas sociales de forma intensiva.... justamente / precisamente cuando los críticos, operando con imágenes pasadas de moda, lo hacen blanco de sus ataques". Esto, traducido al mundo real, es la reacción del Banco Mundial a los críticos que han estado operando durante años con imágenes muy apropiadas, como ahora conceden, tácitamente, los expertos; que la reacción supere el campo de la retórica dependerá sustancialmente de la dedicación de los críticos, que son en gran medida responsables de haberla producido.
Cada cumbre produjo una Declaración. La Declaración de la Cumbre de las Naciones Unidas consistió en gran medida en conmiseraciones, pero por lo menos una de las resoluciones tuvo cierta fuerza: "alentar a la industria farmacéutica para que hagan las drogas esenciales más ampliamente disponibles y sean más baratas para todos aquellos que las necesiten en los países en desarrollo". Hay poca necesidad de argumentar sobre las extraordinarias catástrofes humanas a las que alude la resolución, y está (bien claro, porque a ellos se dirige, quiénes cargan con la responsabilidad primaria) / suficientemente claro quiénes cargan en primer lugar con la responsabilidad para que tomen medidas al respecto.
Un tema central, muy discutido por los comentaristas, fue lo que el Secretario General Kofi Annan describió en su convocatoria a la Cumbre como "el dilema de la intervención": "la soberanía nacional no debe usarse como excusa por aquellos que gratuitamente violan los derechos y las vidas de otros seres humanos". Hasta ahí están todos de acuerdo, por lo menos a un nivel retórico. Pero en la siguiente frase de Annan aparece una grieta: "cuando hay riesgo de masacres masivas, la intervención armada autorizada por el Consejo de Seguridad es una opción a la que no se puede renunciar". Estados Unidos y sus aliados, que monopolizan el poder militar, adoptan una posición muy diferente: insisten en su peculiar derecho a intervenir militarmente sin ninguna autorización. Annan es relativamente popular en Occidente debido a sus esfuerzos por acomodarse a los intereses de los ricos y poderosos, pero en este caso se puso del lado de la Cumbre del Sur, que rechaza "los así llamados "derechos" de intervención humanitaria", ejercidos por los poderosos violando la Carta de las Naciones Unidas y "los principios generales de las leyes internacionales".
La Declaración de la Cumbre del Sur también "rechaza con firmeza la imposición de leyes y regulaciones con impacto extraterritorial y otras formas de medidas económicas coercitivas, incluyendo las sanciones unilaterales contra los países en vías de desarrollo". La Declaración también hace un llamamiento a "la comunidad internacional para que no reconozca ni aplique estas medidas", aludiendo en forma indirecta a las iniciativas, principalmente de los Estados Unidos. La Declaración insiste en el "derecho de los países en vías de desarrollo de elegir un camino de desarrollo acorde a sus prioridades y objetivos nacionales, en ejercicio de su soberanía y sin interferencia de ninguna clase en sus asuntos internos". La Cumbre ve "con alarma, las recientes acciones unilaterales de algunos países desarrollados para cuestionar el uso de una política fiscal como herramienta de desarrollo", reiterando "el derecho fundamental de cada Estado a decidir sus propias políticas fiscales", y reafirma "que cada Estado tiene el derecho inalienable de elegir los sistemas políticos, económicos, sociales y culturales propios, sin interferencias de ninguna clase por parte de otros Estados". Hace un llamamiento a la "reformulación de políticas y opciones sobre la globalización desde una perspectiva de desarrollo" y es duramente crítica sobre las formas específicas de integración internacional que han sido impuestas por los poderes políticos y económicos concentrados - lo que se ha dado en llamar "globalización" en la retórica de Occidente-, a menudo descrita como una fuerza neutral frente a la que "no hay alternativas", según el famoso eslogan de Thatcher.
Estos llamamientos están dirigidos principalmente a Washington. Lo mismo es cierto del llamamiento a "promover el respeto para todos los derechos humanos reconocidos y las libertades fundamentales, incluyendo el derecho al desarrollo". La primera parte es como un conjuro ritual, y en cuanto al derecho al desarrollo, éste ha sido enérgicamente rechazado por Estados Unidos.
Para la Cumbre del Sur "nuestra más alta prioridad es superar el subdesarrollo, lo que implica la erradicación del hambre, el analfabetismo, la enfermedad y la pobreza". La Cumbre de las Naciones Unidas adoptó expresiones similares. La cumbre del Sur declaró que: "a pesar de que es en principio nuestra responsabilidad, instamos a la comunidad internacional a adoptar acciones decididas y urgentes desde una perspectiva abarcadora y multidimensional, para asistirnos en la superación de estos azotes, y para establecer relaciones económicas internacionales basadas en la justicia y la equidad". Continúa deplorando "las asimetrías y desequilibrios que se han intensificado en las relaciones económicas internacionales", con gran detrimento del Sur, y pide la reforma de "la gobernabilidad económica internacional" y de "la arquitectura financiera internacional" para hacerla "más democrática, más transparente y mejor adecuada a la resolución de los problemas del desarrollo", analizando los problemas actuales con cierto detalle.
La Declaración también advierte que "los modos de producción y de consumo dominantes en los países industrializados son insostenibles y deberían cambiarse, porque constituyen una amenaza para la supervivencia del planeta". Además, "las innovaciones tecnológicas deberían ser evaluadas sistemáticamente en términos de su impacto ambiental, social, y económico, con la participación de todos los sectores sociales involucrados", incluyendo "grupos que tradicionalmente no han formado parte de este proceso" -casi todos-. Hace un llamamiento a "los países desarrollados para que cumplan con sus compromisos de proveer a los países en desarrollo de los recursos financieros y de las tecnologías que sean, preferentemente, inofensivas para el medio ambiente". Otras medidas, también desarrolladas con cierto detalle, resultarían familiares a los críticos que despotrican con sus imágenes pasadas de moda.
Las recomendaciones de Annan a la Cumbre de las Naciones Unidas incluyeron la implementación del Protocolo de Kioto sobre los gases y el efecto invernadero; proveer de los "recursos necesarios" a las Naciones Unidas para "llevar a cabo sus mandatos", específicamente sus "operaciones para el mantenimiento de la paz"; un alivio de la deuda; y una "más generosa asistencia (exterior) al desarrollo" (ODA, siglas en inglés). En todas estas categorías, los Estados Unidos tiene una responsabilidad especial, aunque no sólo ellos.
Los Estados Unidos han evadido la firma del protocolo de Kioto, y tienen uno de los peores récords de violación de sus contenidos: de hecho, sus emisiones han aumentado considerablemente. Estados Unidos es notorio por sus rechazos a cumplir con sus obligaciones financieras como país miembro de Naciones Unidas, incluyendo las operaciones de mantenimiento de la paz. En julio, los Comités de Asignaciones de Recursos de la Cámara de Diputados y del Senado otra vez rechazaron una petición para la aportación de una cifra miserable: $107 millones para gastos del mantenimiento de la paz en Kosovo y en Timor oriental. Mientras tanto, reducían los envíos de fondos generales para el mantenimiento de la paz en casi 50%, a $500 millones. La rebaja de la deuda sigue siendo una promesa / se sigue quedando en tan solo palabras, supeditada a estrictos condicionamientos ("reformas"). La asistencia externa al desarrollo (ODA) se redujo drásticamente en los últimos 10 años, sobre todo en los Estados Unidos que ahora no aportan casi nada, muchísimo menos que otros países industriales en proporción a su PIB; con diferencia, el beneficiario más favorecido del minúsculo presupuesto de la ODA es un país rico, Israel, estando en segundo lugar Egipto, en virtud de sus relaciones con Israel.
Cuando terminó la guerra fría, las congratulaciones convencionales expresaban que ahora, por fin, las elites occidentales podrían actuar en concordancia con sus ideales y sus preciados valores. Y eso hicieron, expresando sus ideales y valores con gran claridad tan pronto como no hubo ninguna necesidad de gestos cínicos hacia los pobres, porque el espacio para los no alineados había desaparecido.
La versión estandarizada sostiene que el final de la guerra fría coincidió con el descubrimiento de que el comercio es de más ayuda a los pobres que la asistencia económica. De acuerdo a esto, Annan llamó a los países ricos a abrir sus mercados a las mercaderías producidas en el Sur. Mientras ellos mismos se mostraban remolones, demandaban libre acceso para sus propios productos y servicios, usando una variedad de métodos para imponer sus deseos. Entre estos, se encuentran las barreras arancelarias y los subsidios directos o simulados bajo el título de "defensa", como lo hace notar el entonces economista jefe del Banco Mundial, Joseph Stiglitz, deplorando la mezcla de liberalización y proteccionismo en el mal llamado "régimen de libre comercio" manejado a su antojo por los dueños de la economía. Cuando la Cumbre del Sur se estaba reuniendo, la Administración Clinton anunció su oposición a la propuesta del Banco Mundial de permitir a países pobres de África, Asia y Latinoamérica, a que exportaran a Estados Unidos sin tarifas o cuotas, lo que significaría una "gran ventaja económica para esos países en desarrollo", según informó el New York Times, "lo que va mucho más allá de los esfuerzos de la Administración para hacer que el Congreso perdone sus deudas, ya que ellos están llevando a cabo reformas económicas", lo que significa, facilitar la dominación de sus economías por las compañías occidentales. El Banco Mundial y el FMI respaldan la queja del Sur, de que "Estados Unidos y otros países ricos están usando su enorme prosperidad y tecnología para crecer rápidamente a expensas de los países que quedaron mucho más atrás debido a la globalización económica", a lo que deberían agregar que un proceso similar continúa en el interior de los países.
Mientras que la Declaración de la Cumbre de las Naciones Unidas es más contenida que la de la Cumbre del Sur, detrás del telón el ánimo parece ser el mismo. Un buen informe de John Donnelly en el Boston Globe se titula "mandatarios africanos golpean", acusando a las Naciones Unidas y Occidente de "mantener el continente en la pobreza". El "tema predominante" entre los jefes de Estado africanos, informa Donnelly, es que "las fuerzas de la globalización están enriqueciendo Occidente de nuevo, mientras que los sentencian a ellos a una miseria mayor ", esencialmente el mismo mensaje que la Cumbre del Sur. "Ellos dicen que los poderes occidentales hablaron muy bien de los beneficios de la globalización en África, pero después se callaron cuando las corporaciones saqueaban las riquezas del continente", siguiendo los patrones clásicos algunas veces asistidos por los programas del Banco Mundial. Por ejemplo: la demanda del Banco Mundial por privatizaciones en Gambia comenzó con la eliminación de la industria del maní, entregándosela a un comprador extranjero que retiró el procesamiento del país, de modo que ahora Gambia importa su propio producto.
Los mandatarios africanos señalaron que las "voces de la calle" en Occidente, están repitiendo ahora lo que "los países en desarrollo han estado diciendo durante muchos años en los foros internacionales, con poco éxito". Algunos sugirieron que "era posible una alianza". Esto ha estado tomando forma a nivel de las bases, desarrollándose a un nivel impresionante, rico en oportunidades y promesas, y que causa, seguramente, no poca preocupación en las altas esferas.