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miércoles, 7 de octubre de 2009

Lo que de verdad importa

Por Joseph Mac Lean

A menudo suelo preguntarme si he tomado las decisiones correctas respecto a mi vida, y si en verdad soy feliz y he alcanzado alguna medida de éxito. Rara vez me hallo ante la perpleja situación de no poseer la respuesta. Y, puesto que tengo una sola vida, siempre me pregunto: ¿Qué es lo que de verdad importa?
Nuestros recursos son siempre limitados y la vida es en verdad muy corta, como para abarcar todo lo que deseamos. '¿Qué es entonces lo esencial?', me pregunté desde muy jovencito. Y me puse a observar a la gente. Sin embargo, cuando ya era un adulto joven aprendí que uno puede y debe prescindir de todo aquello que no te lleve a la vida eterna. Eso sí que es importante, aunque estrecho es el camino y angosta la puerta que conduce a la eternidad. Esa es una vara digna a ser tomada en cuenta para medir valores y establecer reglas y líneas de conducta, e incluso estar dispuesto a modificar todo un estilo de vida una y otra vez, si se convierte en un estorbo para tan noble meta.
Otra cosa que sí es importante es el desechar la falsedad, pues los mentiroso consuetudinarios no tienen un lugar en la eternidad. Además, aprendí a evitar la preocupación, sin caer en el fatalismo o la desidia. La inquietud o la ansiedad es propia de una persona sin fe, una forma burda de no considerarse digno de recibir ayuda o protección divina.
Aunque he sufrido duramente en varias ocasiones, he aprendido a superar cualquier dolor y no caer en la amargura o el descontento y, puesto que vivimos en un mundo injusto, es "normal" que a veces nos pasen cosas desagradables. El suceso imprevisto (porque no creo en la mala suerte) nos acaece a todos, tarde o temprano. Y también llegué al convencimiento de que aun la muerte, siendo una enemigo implacabele, tiene solución, cuando hice mía la valiosísma esperanza de la resurrección, base fundamental del cristianismo verdadero.
Renunciar a la envidia, los amargos celos y el egoísmo, es una tarea titánica, pero que también vale la pena luchar por alcanzar. Se debe reconocer que siempre habrá alguien que es más que uno, del mismo modo como aceptamos de que siempre hay alguien menos favorecido que nosotros: Es una ley de la vida. Y los celos enfermizos no tienen lugar en mi vida, ni en mis pensamientos y sentimientos. Si alguien no valora mi amor o en verdad no lo merece, pues es el momento de dejarlo ir en busca de lo que realmente le hace feliz. ¿Para qué luchar por retener a alguien que no te ama? Es, en realidad, una pérdida de tiempo. Y, aunque el mandato divino incluye el 'amarse a uno mismo', se debe evitar el egoísmo a toda costa, pues uno debe estar dispuesto al sacrificio en pos del bienestar de los demás. No es fácil, pero muy remunerador cuando uno logra controlar su egoísmo.
También es bueno considerar el verdadero valor del tiempo. Todos tenemos 24 horas al día y lo importante no es 'cuánto hacemos' con él, sino si en verdad es valioso. A veces el no hacer nada es más beneficioso que llevar una agenda apretada. Ese 'tiempo de ocio' puede servirnos para meditar, reposar y recobrar energías o disfrutar de nuestros esfuerzos cotidianos.
Siempre he procurado laborar en aquello que vale la pena, y de veras nunca he tenido más gozo, aunque poca remuneración pecuniaria, que cuando ayudo a alguien a enderezar el rumbo o a amonizar su vida con su Creador. En vista de los tiempos críticos que vivimos, muy difíciles de manejar, proveer a alguien de los valores que verdaderamente dan satisfacción ahora y abren la esperanza de vida eterna no tiene parangón.
Sea que tenga mucho o poco en sentido material, siempre he procurado ser feliz con lo que posea en ese momento. Cuando he tenido mucho en sentido material, a veces carecía de amor, especialmente en mi fallido matrimonio. En otras ocasiones, he tenido poco en sentido material, pero he sido dichoso de contar con una familia amorosa y unos amigos sinceros que me brindan su apoyo y cuidado tierno y compasivo. Sé que el punto equilibrado para todos está en el futuro, aunque ya no muy lejano.
Sobretodo, aún sin comprender todos sus detalles, me he esforzado por seguir el camino sobrepujante del amor, pero no ese amor romántico de las novelas, sino uno basado en los principios piadosos, en imitación del amor con que nuestro Creador nos trata día a día. Como dice un cántico religioso muy conocido: "Quien no ama, nada es". Y, siendo el segundo mandamiento con promesa, me esfuerzo para, en toda ocasión posible, demostrar verdadero amor al prójimo, incluso si debo brindar una censura o una exhortación, o extender misericordia a quienes me agreden, con o sin razón. A menudo el amor me obliga a callar y pasar por alto la trasgresión en pro de la paz y la armonía.
Para mantener a mis amigos, he tenido que aprender a ser generoso, amable, apacible, paciente, comprensivo, tolerante (nunca permisivo) y solidario. He tenido decepciones, y muy serias, pero comprendo que en más de una ocasión yo mismo he decepcionado a alguien, incluso reiteradas veces; pero he recibido el perdón justo, lo que me ha permitido seguir contando con amigos valiosos por muchos años.
Finalmente, como corolario al amor y a la esperanza, he desarrollado una fe firme, pujante, una fe viva en las promesas del Ser Divino, y sé que por ella puedo llegar a sufrir persecución, incomprensión, maltratos de toda clase y alguna que otra perdida. Pero también sé que si sufro por lo que es justo, cosecharé, al debido tiempo, la aprobación de Aquel que es bendito para siempre jamás. Al final, eso es lo que realmente importa, ¿verdad?
Así que le invito a hacer su propia lista de prioridades en la vida, sin importar la edad que usted tenga. Tal vez llegue a conclusiones como las mías, e incluso halle otras razones para descubrir que es lo que realmente importa en la vida... su vida. Quizá usted pueda percibir algo que yo haya pasado por alto, y sentirá la satisfacción de enriquecer la vida de otra persona, sin esperar ninguna clase de lucro a cambio. Y comprenderá que el verdadero éxito no siempre puede medirse en función a la prosperidad material, necesaria pero no imprescindible.