Buscar este blog

Cargando...

lunes, 19 de octubre de 2009

Cómo enfrentar a las personas groseras

Por Joseph Mac Lean

Las personas groseras abundan, aunque el grado de su grosería varíe. Puede que no tengan ninguna mala intención, pero igual agreden con sus palabras, miradas o acciones. Tarde o temprano nos vamos a encontrar con esa clase de personas; y no me refiero a las que ocasionalmente (con causa justificada o no) nos muestran su enfado de un modo desproporcionado. Más bien, estoy pensando en aquellas cuyo comportamiento habitual es grosero.
Puede que los groseros sean miembros de nuestra propia familia o vecindad, pero igualmente pueden ser compañeros de trabajo o de la escuela, dependientes de tiendas, conductores o cobradores del transporte público, empleados de bancos, pues los hay en todas partes y de toda condición socio-económica. Obviamente, se espera que las personas más cultas sean menos groseras, sin embargo a menudo su petulancia es ya una forma de grosería.
¿Cómo enfrentar a una persona grosera? No existe una única manera, por supuesto, pero he aquí algunas sugerencias prácticas:
1. Sea cortés pero firme.
Por lo general, la persona grosera está al acecho de víctimas fáciles, por lo que usted debe manifestar seguridad en sí mismo, incluso de antemano. Recuerde el viejo refrán: "Lo cortés no quita lo valiente". Una ligera sonrisa en nuestro rostro sereno, desarma a cualquiera. También no olvide saludar a toda perona. Hable en un tono claro y firme mirando fijamente al rostro del agresor. Jamás pierda la calma, espere que la otra persona se agote (porque se va a cansar) y entonces muéstrele como se habla o procede sin grosería alguna.
2. Enfrente al agresor, pero que guarde su dignidad.
Aunque sea un patán, todavía el grosero es una persona humana. Si usted se ha contrariado, cálmese y piense lo que va a decir, no de rienda suelta a su enojo. Si es un conocido suyo, reconozca el enfado ocasional del frecuente, y actúe conforme a ello. Si es un empleado o alguien que brinda servicios, por lo común tiene un jefe. Por eso, indíquele que usted prefiere hablar con su superior, dado que él se encuentra indispuesto. En algunas oficinas existe un buzón para recibir quejas y sugerencias: no dude en escribir algo al respecto, si el maltrato es continuo. Explique claramente, al grano, que es lo que le molesta y de una sugerencia apropiada.
3. La diplomacia surte buen efecto.
La confrontación directa es un recurso valioso, pero a veces falla. Como complemento de lo anterior, la diplomacia otorga al agresor una "salida elegante", una que no lo deje humillado (lo que tal vez aumente su enojo más tarde). Si por ejemplo, alguien que viene de frente a usted arroja basura a la calle, puede decirle algo así: "Mire, se le cayó...", a mí me da resultados positivos más de las veces. O también puede decir: "A pocos metros hay un tacho para basura...", pero dígalo con una sonrisa, sin sarcasmo. No obstante evite ensarzarse en una pelea, aunque sea verbal. Si a su grosería, el agresor añade palabrotas, es mejor seguir su camino y pensar en otra cosa. Siéntase gozoso de que usted nunca imitará esa mala conducta. Si se entera de que alguien ha hablado mal de usted en su ausencia, encare al agresor, diciendo: "Nos conocemos, ¿hace cuánto?... y no recuerdo haberte causado ningún mal, ¿o me equivoco? Confío en que sólo estabas de mal humor el día que..." Ayúdele a recapacitar en su actitud y muéstrele que es su deseo el conservar la armonía.
4. Mantenga el buen humor.
Evitando el sarcasmo (que es una forma de grosería), el humor bien usado es un arma imbatible. Cuando la persona empiece a decir palabrotas, haga como que no las ha oído y más bien use palabras cultísimas, eso siempre los desconcierta. Pero cuide que, a sus oídos, no suenen a groserías tampoco. Por ejemplo, diga algo así: "Yo solía ser intonso, pero aprendí a no decir sandeces a diestra y siniestra". O, tal vez prefiera decir: "si sigue hablando de esa forma nunca nos vamos a entender". Recuerdo en cierta ocasión, estando en medio del cruce peatonal de una concurrida avenida, un taxista (que tenía todo el otro espacio para continuar) me gritó e insultó de manera soez, pues debió frenar. Al instante me llevé una mano al corazón y pedí auxilio a una policía que había cerca. Mi "teatro" le costó caro al taxista, pues el pasajero se bajó, la policía lo detuvo y me marché muy campante cuando vi que le aplicaban una cuantiosa multa. Hasta hoy debe lamentar el haberse mostrado tan grosero.
5.Desista.
Cuando todo lo anterior falle, desista; sí, huya de la escena. En una ocasión, mientras asesoraba a una amiga en su negocio de agencia de viajes, sus agresiones (a todos) eran constantes, y yo no fui la excepción. Una mañana llegó muy molesta, y aunque faltaba una semana para que terminase mi acuerdo de seis meses, me gritó delante de muchas personas: "Tú haces lo que yo te diga porque para eso te mato el hambre". Fue la gota que colmó el vaso. Me paré, cogí la máquina de escribir y le presenté mi carta de renuncia. Se la entregué personalmente, hice que firmara el cargo, le di las gracias con una apretón de mano y me marché. A los pocos meses su empresa estaba en la quiebra y ahora debe contentarse con lavar platos en un alejado hotel del estado de Nueva York, Estados Unidos. Nunca me he muerto de hambre desde entonces.
6. Sea indulgente.
A menudo es mejor llevar la situación con entereza y paciencia. Si no nos es posible salir de una situación indeseada, lo mejor es fortalecer el espíritu y no dejarnos llevar por el mal ni perder tiempo en fraguar venganza alguna. Eso no corrige al grosero, pero sí corroe nuestra alma y nos pone, de algún modo, a su misma altura. Hay personas que jamás valoran las muestras de bondad, y son incapaces de imitarlas; la verdad, cuan desdichadas deben ser, ¿verdad? Por eso, ya reciben en sí mismas el galardón de sus acciones groseras.
No se preocupe, la gente grosera siempre recibe su merecido. La insolencia no tiene lugar en un mundo civilizado, pues aunque las personas bien educadas y cultas podemos soportar cualquier agresión, el desastre siempre estará amenazando a la persona grosera, sea que fracase en su vida matrimonial, en los negocios o culmine su vida en plena soledad. A la larga, siendo un acto injusto, la grosería no cuenta con el favor divino, pues como dice la Biblia "los injustos no heredarán el reino de Dios" (1 Corintios 6:9).