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viernes, 16 de octubre de 2009

Zapatos dejan huella en la salud


Por Joseph Mac Lean

En cuanto a mecánica, el pie humano supera en complejidad al corazón y al mismo cerebro que lo gobierna. El pie humano es una excelsa obra de ingeniería, compuesta de 26 huesos, 33 articulaciones, 19 músculos y más de 100 tendones, que le permite adaptarse a cualquier superficie y dar, en promedi, entre 8,000 y 10,000 pasos al día.

El mundo moderno nos exige que, para andar, utilicemos zapatos, por lo que es necesario le prestemos la debida atención. Las mujeres, en especial, deben prestar atención al uso de los poco saludables tacones. Veamos por qué.

Se estima que hasta un 70% de la población occidental sufra de alguna enfermedad o deficiencia podal en toda su vida. Muchos de esos males se convierten en crónicos, al dejarnos llevar más por la estética que por la verdadera comodidad, entre otras cosnideraciones.

En realidad, rozaduras, uñeros, juanetes y callosidades son las más comunes y visibles repercusiones de calzar un zapato inadecuado. Pero lo que aveces no sabemos es que no sólo sufren los pies, sino la columna, la cadera, las rodillas y y las articulaciones padecen tanto o más que los pies las consecuencias de utilizar calzado muy ajustado, pequeño, con tacones elevados o de mala calidad.

Se debe dedicar tiempo suficiente para elegir el calzado adecuado conforme a la ocasión (deporte, ocio, trabajo, vida urbana, fiesta, verano) y no comprar simplemente el que más nos atraiga en un primer momento. Hay que tener en cuenta, al menos, estas cuatro cuestiones objetivas: calidad del material, flexibilidad del empeine, comodidad del uso y altura del tacón, si lo tiene. Recuerde: No hay tacón alto que no perjudique la salud de quien lo calza con frecuencia. ¿Quiere saber por qué?

Se predica de los tacones altos que estilizan la figura y trasmiten sensualidad; además, no es que siempre acaben volviendo a ponerse de moda, sino que nunca dejan de estarlo. El problema es que todo lo que puedan tener de bonitos lo tienen de inicialmente incómodos y poco saludables. A dominarlos, e incluso a llevarlos con estilo, se aprende con la insistencia y con el paso de los años. La parte delantera del pie y, sobre todo, el talón soportan el peso del cuerpo, y con el uso de tacones elevamos la altura del talón, con lo que la distribución del peso cambia: cuanto más alto es el tacón, más se carga la zona delantera. De modo que con tacones de diez o más centímetros, casi todo el peso del cuerpo se ejerce sobre los dedos del pie, lo que acabará causando problemas a las usuarias.

Además, es frecuente que el zapato de tacón alto sea abierto y de empeine bajo, lo que hace que muchas mujeres elijan una talla más pequeña de la habitual con el fin de que 'no baile' el pie. El zapato se fija mejor, sin duda, pero al encontrarse tan prieto aumenta la presión que reciben los pies. Esta irregular distribución de los esfuerzos del pie origina, además, una sobrecarga en el antepié, a lo que hay que añadir uñeros, juanetes y dolores en la planta del pie.

Pero, de todos modos, el perjuicio más grave causado por los zapatos de mucho tacón es que rodillas y caderas se articulan en semiflexión y cuando se intenta mantener estática la columna se produce una fuerte lordosis (excesiva curvatura del cuerpo) que derivará con el paso de tiempo en lumbalgias y artrosis vertebrales. Tampoco en el otro extremo, los zapatos del todo planos, está la solución. Las hoy casi imprescindibles bailarinas o francesitas propician calambres, dolores musculares y contracturas por su nula elevación sobre el suelo.