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sábado, 9 de junio de 2012

¿Qué es el Holocausto?

El Holocausto fue la persecución y el asesinato sistemático, burocráticamente organizado y auspiciado por el Estado de aproximadamente seis millones de judíos por parte del régimen nazi y sus colaboradores. "Holocausto" es una palabra de origen griego que significa "sacrificio por fuego". Los nazis, que llegaron al poder en Alemania en enero de 1933, creían que los alemanes eran una "raza superior" y que los judíos, considerados "inferiores", eran una amenaza extranjera para la llamada comunidad racial alemana.
Durante la era del Holocausto, las autoridades alemanas persiguieron a otros grupos debido a su percibida "inferioridad racial": los romaníes (gitanos), los discapacitados y algunos pueblos eslavos (polacos y rusos, entre otros). Otros grupos fueron perseguidos por motivos políticos, ideológicos y de comportamiento, entre ellos los comunistas, los socialistas, los testigos de Jehová y los homosexuales.
En 1933, la población judía de Europa ascendía a más de nueve millones, y la mayoría de los judíos europeos vivía en países que la Alemania nazi ocuparía o dominaría durante la Segunda Guerra Mundial. Para el año 1945, los alemanes y sus colaboradores habían asesinado aproximadamente a dos de cada tres judíos europeos como parte de la "Solución final", la política nazi para asesinar a los judíos de Europa. Si bien las principales víctimas del racismo nazi fueron los judíos, a quienes consideraban el mayor peligro para Alemania, entre las otras víctimas se incluyen 200 mil romaníes (gitanos). Como mínimo, 200 mil pacientes discapacitados física o mentalmente, en su mayoría alemanes y que vivían en instituciones, fueron asesinados en el marco del llamado Programa de Eutanasia.
A medida que la tiranía nazi se propagaba por Europa, los alemanes y sus colaboradores perseguían y asesinaban a millones de otras personas. Entre dos y tres millones de prisioneros de guerra soviéticos fueron asesinados o murieron de inanición, enfermedades, negligencia o maltrato. Los intelectuales polacos no judíos fueron perseguidos y asesinados por los alemanes. Millones de civiles polacos y soviéticos fueron deportados para realizar trabajos forzados en Alemania o en la Polonia ocupada, donde generalmente trabajaban y muchas veces morían en condiciones deplorables. Desde los primeros años del régimen nazi, las autoridades alemanas persiguieron a los homosexuales y a otras personas cuyos comportamientos no se ajustaban a las normas sociales prescritas. Miles de oponentes políticos (incluidos comunistas, socialistas y sindicalistas), así como disidentes religiosos (como los testigos de Jehová), fueron perseguidos por oficiales de la policía alemana. Muchas de estas personas murieron como resultado de la encarcelación y el maltrato.
En los primeros años del régimen nazi, el gobierno nacionalsocialista estableció campos de concentración para detener a oponentes políticos e ideológicos tanto reales como supuestos. En los años previos al estallido de la guerra [vea también "El día que estalló la locura"], los oficiales de las SS y la policía encarcelaban en estos campos a cada vez más judíos, romaníes y otras víctimas del odio étnico y racial. Para concentrar y controlar a la población judía y al mismo tiempo facilitar la deportación posterior de los judíos, los alemanes y sus colaboradores crearon ghettos, campos de tránsito y campos de trabajos forzados para los judíos durante los años de la guerra. Asimismo, las autoridades alemanas establecieron numerosos campos de trabajos forzados, tanto en el denominado Gran Reich Alemán como en territorios ocupados por los alemanes, para personas no judías a quienes los alemanes buscaban explotar laboralmente.
Después de la invasión de la Unión Soviética en junio de 1941, los Einsatzgruppen (equipos móviles de matanza) y más adelante, los batallones militarizados de oficiales de la Policía iban detrás de las líneas alemanas para llevar adelante operaciones de asesinato en masa de judíos, romaníes y oficiales del partido comunista y del estado soviético. Las unidades alemanas de las SS y la policía, con el apoyo de unidades de la Wehrmacht y de la Waffen SS, asesinaron a más de un millón de hombres, mujeres y niños judíos junto con cientos de miles de otras personas. Entre los años 1941 y 1944, las autoridades alemanas del régimen nazi deportaron a millones de judíos desde Alemania, los territorios ocupados y los países de muchos de sus aliados del Eje hacia los ghettos y los centros de exterminio, también llamados centros de la muerte, donde fueron asesinados en cámaras de gas diseñadas especialmente para tal fin.
Durante los últimos meses de la guerra, los guardias de las SS trasladaron a los prisioneros de los campos en tren o en marchas forzadas, también denominadas “marchas de la muerte”, en un intento por evitar que los Aliados liberaran a grandes cantidades de prisioneros. A medida que las fuerzas aliadas se trasladaban por Europa en una serie de ofensivas contra Alemania, empezaron a encontrar y liberar a prisioneros de los campos de concentración, así como a los prisioneros que estaban en el camino en marchas forzadas desde un campo hacia otro. Las marchas continuaron hasta el 7 de mayo de 1945, el día en que las fuerzas armadas alemanas se rindieron incondicionalmente a los Aliados. Para los Aliados occidentales, la Segunda Guerra Mundial finalizó en Europa oficialmente al día siguiente, el 8 de mayo (día V-E), mientras que las fuerzas soviéticas anunciaron su “día de la victoria” el 9 de mayo de 1945.
Después del Holocausto, muchos de los sobrevivientes encontraron refugio en los campos de refugiados que administraban las fuerzas aliadas. Entre 1948 y 1951, casi 700 mil judíos emigraron a Israel, incluidos 136 mil judíos refugiados de Europa. Otros judíos refugiados emigraron a Estados Unidos y a otros países. El último campo de refugiados se cerró en 1957. Los crímenes cometidos durante el Holocausto devastaron a la mayoría de las comunidades judías de Europa y eliminaron totalmente a cientos de comunidades judías de los territorios ocupados de Europa Oriental.

Lecturas recomendadas:
(1) Aly, Götz. La utopía nazi: cómo Hitler compró a los alemanes. Barcelona: Crítica, 2006.
(2) Hilberg, Raul. La destrucción de los judíos europeos. Madrid: Akal, 2005.
Bourke, Joanna. La segunda guerra mundial: una historia de las víctimas. Barcelona: Paidós, 2002.
(3) Finchelstein, Federico, editor. Los alemanes, el Holocausto y la culpa colectiva: el debate Goldhagen. [Buenos Aires]: Eudeba, Universidad de Buenos Aires, 1999.
(4) Jiménez Cores, Pablo. La estrategia de Hitler: el mesías del apocalipsis : las raíces ocultas del nacionalsocialismo. Madrid: Ediciones Nowtilus, 2004.
(5) Kennedy, David M. Entre el miedo y la libertad: los EEUU : de la gran depresión al fin de la segunda guerra mundial (1929-1945). Barcelona: Edhasa, 2005.
Hilberg, Raul. La destrucción de los judíos europeos. Madrid: Akal, 2005.
(6) Joan i Tous, Pere, and Heike Nottebaum, editors. El olivo y la espada: estudios sobre el antisemitismo en España (siglos XVI-XX). Tübingen, Germany: Niemeyer, 2003.
(7) Koonz, Claudia. La conciencia nazi: la formación del fundamentalismo étnico del Tercer Reich. Barcelona: Paidós, 2005.
(8) Milgram, Avraham, editor. Entre la aceptación y el rechazo: América Latina y los refugiados judíos del nazismo. Jerusalem: Yad Vashem, 2003.

Vea también en esta MICROPEDIA:
El día que estalló la locura 
Las otras víctimas del Holocausto

sábado, 3 de marzo de 2012

Masacre de Volinia (Polonia)

La Masacre de Polacos en Volinia es una limpieza étnica realizada en Volinia, Polonia, durante la Segunda Guerra Mundial, en la que se estima murieron unos 80.000 polacos fueron masacrados por el Ejército Insurgente Ucraniano (Ukrainska Povstanska Armiya, o UPA) y otros grupos armados. Esto ocurrió en 1943 y 1944 en Volinia (hoy bajo el dominio de Ucrania), y la mayoría de las muertes ocurrieron en el verano y otoño de 1943.
Para 1926, entre cien y trescientos mil colonos polacos se habían establecido en Volinia con el patrocinio del Estado polaco. Aunque la mayoría de la población local era ucraniana, prácticamente todos los puestos del autoridad, incluida la policía local, fueron encomendados a polacos. Los polacos suprimieron el sistema educativo ucraniano, reduciendo el número de escuelas en lengua ucraniana de 400 a 8. La enseñanza superior se hizo inaccesible para los ucranianos en Polonia. En 1938 se matricularon en las escuelas secundarias de Volinia sólo 344 ucranianos (el 14%), mientras que los polacos fueron 2.599. De los 80 ucranianos que se licenciaron para seguir estudios superiores, sólo 3 fueron aceptados entre 1938 y 1939. Como resultado de ello, muchos ucranianos se vieron forzados a seguir su educación en instituciones en el exterior, como la Universidad Libre Ucraniana en Checoslovaquia o el Colégio Pedagógico Drahomanov, entre otras instituciones educativas.

La vida religiosa ucraniana sufrió una presión significativa. En tiempos del Imperio ruso los ucranianos de Volinia principalmente eran fieles ortodoxos orientales, parte de la Iglesia Ortodoxa Rusa. Después de la Guerra Polaco-Soviética, con la amplia persecución de la Iglesia ortodoxa rusa en la Unión Soviética, los contactos entre las parroquias y el Patriarcado de Moscú fueron restringidos. El Patriarcado Ecuménico asumió la dirección de la mayor parte de los fieles, incluso aquellos en Polonia, y se constituyó la Iglesia Ortodoxa Polaca. A pesar de eso, al menos 190 iglesias ortodoxas fueron destruidas, y otras 150 se transformaron a la fuerza al Rito Católico, que es considerablemente diferente del de la Iglesia Greco-Católica Ucraniana de la vecina Galitzia, que se adhirió al rito bizantino, el cual no difiere de los usados por los cristianos ortodoxos. Sin embargo, el antagonismo entre ucranianos y polacos siguió en aumento con la introducción de una política de pacificación. Las bibliotecas ucranianas y las sala de lecturas fueron quemadas por turbas de la juventud patriótica polaca, y frecuentemente estos actos quedaban impunes por la pasividad de la policía polaca. Los jóvenes polacos estaban organizados en “strzelcy” paramilitares locales, y aterrorizaban a la población ucraniana con el pretexto de mantener la ley y el orden.

Henryk Józewski, el gobernador del Voivodato de Volinia en la década de 1930, que en principio se expresó a favor de la autonomía ucraniana, fue destituido de su puesto en 1938. Durante la década de 1930estas acciones fueron en aumento, tornándose cada vez más intensas, aunque no se produjeron muchas muertes.

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Hechos de 1939 a 1941

A lo largo de septiembre de 1939, después del estallido de la Segunda Guerra Mundiall y de acuerdo con el pacto germano-soviético (Pacto Ribbentrop-Mólotov), la Alemania Nazi ocupó la parte occidental y la Unión Soviética la oriental de Polonia. Volinia fue ocupada por los soviéticos. Los soviéticos inmediatamente comenzaron a eliminar a las “clases burguesas” medias y altas, que en su mayoría estaban compuestas por polacos. Familias enteras fueron asesinadas o deportadas a Siberia. Las deportaciones privaron a los polacos de Volinia de sus líderes. En 1940, más de veinte mil oficiales polacos fueron asesinados en la Masacre de Katyn y en las Masacres de Járkov. La población polaca de Volinia se quedó sin negociadores o líderes para poder oponerse a los nacionalistas ucranianos en el futuro.

Dos años después, en junio de 1941, la Alemania Nazi invade a la Unión Soviética. Durante la Operaciòn Barbaroja, Volinia fue ocupada por los nazis. Cada cambio sucesivo de autoridades genera cambios políticos y detenciones. Para proteger sus intereses, los ucranianos inician la formación de grupos de resistencia que terminan siendo ejércitos guerrilleros.

Inicio de las masacres

En 1942 los elementos locales del Ejército Insurgente Ucraniano empezaron a atacar a la minoría polaca, en un esfuerzo de “limpiar” Volinia. El primer ataque conocido se llevó a cabo el 13 de noviembre de 1942 en el pueblo de Oborkin en el óblast de Lutsk, donde las unidades ucranianas asesinan a 50 polacos. Sin embargo, la mayoría de polacos de Volinia consideran este hecho como un incidente aislado y resultado de bandas desorganizadas de bandidos, y que difícilmente ninguno pensaba que volvería a ocurrir. El catedrático Wladyslaw Filar del Instituto Nacional Polaco de la Memoria, que el mismo presenció las masacres, afirma que es imposible de establecer si estos hechos fueron alguna vez planeados. No hay documentación probatoria que el UPA-OUN tomase la decisión de exterminar polacos en Volinia.

El 9 de febrero de 1943, el asentamiento polaco de Parosle, en el distrito de Sarny, fue atacado, y 173 polacos fueron asesinados. En marzo de 1943, unos 5000 policías ucranianos toman sus armas y huyen hacia los bosques de Volinia. Timothy Snyder escribe que este hecho marca el inicio de las operaciones a gran escala del UPA. En la noche del 22 y 23 de abril, los grupo ucranianos atacan el asentamiento modelo de Janowa Dolina, matando a 600 personas y quemando todo el pueblo. Los pocos que sobrevivieron, son los que encontraron refugio en familias ucranianas amigas, como la familia Karwan. Estas acciones fueron llevadas a cabo por muchas unidades y parecían bien coordinadas. Sin embargo, es una exageración el afirmar que las masacres tuvieron el apoyo general de los ucranianos, y que se afirme que sin un amplio apoyo de los ucranianos locales, el llevarlas a cabo no hubiese sido posible.

Dos delegados del Gobierno de Polonia en el exilio, Zygmunt Rumel y Krzysztof Markiewicz, junto con un grupo de representantes del Ejército Interior Polaco, intentan negociar con los líderes del UPA, pero al poco son asesinados (el 10 de julio de 1943, en el pueblo de Kustycze). En tres días, el 11 de julio, ocurren una serie de masacres , que muchos afirman que son las unidades del UPA que marchan de pueblo en pueblo asesinando a civiles polacos.

11 de julio de 1943

En el luctuoso día del 11 de julio de 1943, unidades (que se atribuyen al UPA) rodean y atacan pueblos polacos y asentamientos en tres distritos: Kowel, Horochow y Wlodzimierz Wolynski. Los hechos se inician a las 3 de la mañana, y los polacos no tienen posibilidad de escape. Los ucraniannos usaron todo tipo de armamento, hachas, sierras, cuchillos, martillos, etc. Después de las masacres, todos los pueblos polacos fueron quemados hasta los cimientos. De acuerdo con los pocos que sobrevivieron, toda la acción fue cuidadosamente preparada, y pocos días antes de las masacres hubo varias reuniones en los pueblos ucranianos, en los que el UPA le decía a los pobladores que la matanza de polacos era necesaria. En julio, fue atacado el pueblo polaco de Gurow, con unos 480 habitantes, sólo 70 sobrevivieron. En el asentamiento de Orzeszyn el UPA asesinó a 270 de los 340 polacos. En el pueblo de Sadowa, de 600 polacos solo sobrevivieron 20. En Zagaje solo sobrevivieron unos pocos de los 350 polacos. En septiembre, en el pueblo de Wola Ostrowiecka fueron asesinadas 529 personas, incluyendo 220 niños de menos de 14 años, y en Ostrowki asesinaron a 438, incluyendo a 246 niños. (En septiembre de 1992 se llevó a cabo la exhumación en estos pueblos.)

Norman Davies en “No una Simple Victoria" nos da una corta pero impactante descripción de las masacres. Escribe que:

"Los judíos de la región habían sido asesinados por los Nazis. Por lo que en 1943-1944 la ira del UPA cayó sobre los indefensos polacos (...) Los pueblos fueron quemados. Los sacerdotes católicos romanos fueron despedazados o crucificados. Las iglesias quemadas con todos sus fieles. Las granjas aisladas fueron atacadas por bandas que portaban tridentes y cuchillos de cocina. Se cortaron muchas gargantas. Mujeres preñadas pasadas por la bayoneta. Niños que fueron cortados por la mitad. Hombres emboscados en los campos y trasladados. Los autores no podían determinar el futuro de la provincia, pero como mínimo, podían determinar que el futuro de la provincia sería sin polacos. Mataron a entre doscientos mil y medio millón. Paradójicamente, la URSS finalizó el trabajo del UPA. Los polacos supervivientes fueron repatriados (1944-1946), como lo fueron de las adyacentes Bielorrusia y Lituania. Fueron reemplazados por rusos. En 1991 la Ucrania Occidental es parte de la independiente República de Ucrania”.

Timothy Snyder describe los asesinatos:

“ Los partisanos ucranianos quemaban casas, disparaban y forzaban a permanecer dentro a aquellos que intentaban huir, y usaban hoces y tridentes para matar a los que se capturaban en el exterior. En algunos casos, decapitados, crucificados, desmembrados o cuerpos desentrañados eran mostrados, para conseguir que los polacos que quedaban huyesen”.

El historiador ucraniano de Lvov, Yuryi Kirichuk, escribió que las masacres eran fruto de los tiempos históricos de Jarema Wisniowiecki y Maksym Krivonis. Las escenas que ocurrieron en los pueblos de Volinia, eran similares a las masacres de Nemirov (1648) y (1768)). Era, en su opinión, una “guerra de campesinos”. Sin embargo, en julio de 1943, los ucranianos atacaron 167 pueblos y aldeas. Esta ola de masacres duró 5 días, hasta el 16 de julio. También se puede afirmar que el UPA continuó con la limpieza étnica, en especial en las zonas rurales, hasta que la mayoría de polacos fueron deportados, asesinados o expulsados. Después de 1944, la cantidad de tales acciones estuvo limitada. En la Galitzia Oriental tuvieron lugar asesinatos masivos de polacos, principalmente en el área de Ternopil.

Adam Kruczek, historiador de la oficina de Lublin del Instituto Nacional para la Memoria afirma que las masacres de 1943 estuvieron organizadas en la zona occidental, empezando en marzo en los distritos de Kostopol y Sarny, en abril se trasladan al área de Krzemieniec, Rivne, Dubno y Lutzk. En julio, las masacres tuvieron lugar en los distritos de Kowel, Horozhow y Wlodzimierz Wolynski, y en agosto, en Luboml. También Kruczek escribe que los investigadores polacos consideran entre otras, la versión de que los ucranianos al principio planearon ahuyentar a los polacos, sin embargo, los acontecimientos se les fueron de las manos.

Actitud Soviética y Alemana

El Ejército Alemán y las fuerzas policiales ignoraron mayoritariamente estos conflictos étnicos, debido a que los alemanes estaban concentrados en la lucha contra el Ejército Rojo. Sin embargo, hay informes alemanes sobre provisión de armas a ambas partes, tanto ucranianos como polacos. Unidades especiales alemanas fueron formadas con colaboracionistas ucranianos o policías polacos también involucrados, y algunos de sus crímenes fueron atribuidos a la polaca Ejécito Interior o al ucraniano UPA.

Tanto las unidades alemanas como partisanos soviéticos presentes en el área, estaban bien informados de las masacres. El 25 de mayo de 1943, el comando soviético oculto en el área de Rivne, envía un despacho al cuartel general: “en los últimos días, actividades de importancia de los nacionalistas ucranianos se dirigen contra los polacos. Los nacionalistas están realizando acciones de terror masivo y se debe resaltar que no disparan a los polacos, pero los matan con cuchillos y hachas, sin consideración de edad o sexo”.

El 25 de agosto de 1943, las autoridades ocupantes alemanas ordenan a todos los polacos dejar los pueblos y aldeas, y trasladarse a las ciudades grandes. Yuryi Kirichuk escribe que los alemanes indisponían unos contra otros. Erich Koch una vez dijo: “Tenemos que hacer todo lo posible porque los polacos, cuando se encuentren con los ucranianos, tengan el deseo de matarlos, y al contrario, que los ucranianos quieran matar a los polacos”. También Kirichuk resalta que el comisionado alemán en Sarny, cuando los polacos protestan por las masacres, responde: “Vosotros queréis a Sikorski, los ucranianos quieren a Bandera. Mataros unos a otros”.

La invasión soviética y Nazi de pre-guerra del este de Polonia, la masacre de polacos por parte del UPA, y las expulsiones soviéticas de polacos después de la guerra, todo ha contribuido para la virtual eliminación de la presencia polaca en la región, ya que todos los que sobrevivieron, dejaron Volinia en masa, la mayoría a la provincia vecina de Lublin.

Masacres en Galitzia

A mediados de 1943 el conflicto se expandió a la vecina provincia de Galitzia, donde la presencia polaca era mayor, pero la mayoría de la población era ucraniana. De acuerdo con Kirichuk, el primer ataque a los polacos tuvo lugar en agosto de 1943, y probablemente fue realizado por unidades del UPA de Volinia. En respuesta, los polacos asesinaron algunos ucranianos prominentes, incluyendo al médico ucraniano Lastowiecky de Lvov, y el popular jugador de fútbol de Przemysl, Wowczyszyn. Al final del verano, los actos terroristas que estaban ocurriendo en Galitzia Occidental tenían por objeto forzar a los polacos a asentarse en el lado occidental del rio San, bajo el eslogan “Polacos detrás del San”. El número de víctimas es desconocido. Kirichuk estima que entre 10 y 12 mil polacos fueron asesinados en Galitzia.

El número exacto de víctimas civiles de las masacres permanece desconocido. Los historiadores estiman que la cifra puede estar entre los 35 y 60 mil solo en Volinia, mientras que las estimaciones totales de las víctimas polacas de la limpieza étnica en Ucrania varían entre 100 y 500 mil. Aparte de los polacos, los colonizadores checos también desaparecieron. El UPA no hizo distinciones con las familias mixtas, incluyendo a ucranianos (Piotrowski escribe que el OUN-UPA nacionalistas también habían asesinado ucranianos, aquellos que ayudaron a los polacos o cooperaron con las unidades soviéticas). La limpieza étnica se dirigió a la población rural desarmada, ya que el UPA no tenía presencia en las ciudades.

El lado polaco también se enzarzó en actos de venganza y brutalidad. Sin embargo, el número de víctimas ucranianas no está documentado, algunos hechos relativos a las acciones del Ejército Interior Polaco dan como resultado el asesinado de unos 20 mil civiles ucranianos solo en Volnia, posiblemente con un total de 60 mil civiles ucranianos en la región. El número exacto no está documentado. Es posible, que en estas cifras se incluyan ucranianos procedentes de familias mixtas. Aun se estudia sobre la estimación real de las víctimas de cada lado.

Las cifras citadas pueden incluir también las víctimas del alemán Schutzmannschaft y las de los partisanos soviéticos.

sábado, 24 de diciembre de 2011

Hiroshima y Nagasaki, nunca olvidadas

Por Joseph Mac Lean


En agosto de 1945 las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki recibieron el impacto directo de dos bombas atómicas por parte de la fuerza aérea estadounidense tras la aprobación de su entonces presidente, Harry S Truman. Se estima que 70,ooo personas (el 30% de la población total) murieron el mismo día de la explosión en Hiroshima y 40,ooo en Nagasaki, aunque se sabe con certeza que igual cantidad murió para finales de 1945, como consecuencia directa de las explosiones y posterior radicación nuclear. A pesar del éxito militar y político de los ataques para los Estados Unidos, pues el Japón anunció su rendición incondicional el 15 de setiembre de 1945, con lo que se concluyó la Segunda Guerra Mundial, las consecuencias se sienten hasta el presente.

Las bombas arrojadas sobre las ciudades japonesas fueron fabricadas en base al denominado Plan Manhattan y ambas bombas fueron de diseño distinto. La llamada Little Boy, que cayó sobre Hiroshima, fue construida con uranio-235, un raro isótopo del uranio. La otra bomba, de nombre Fat Man, cuyo destino fue Nagasaki, se elaboró con plutonio-239.

El radio de destrucción total en Hiroshima fue de 1,6 kilómetros, provocando incendios en 11,4 kilómetros cuadrados. Y no es extraño, pues al momento de la explosión la temperatura se elevó a un millónde grados centígrados, creando una bola de fuego de 256 metros de diámetro aproximadamente. En menos de un segundo la bola de fuego se expandió a 274 metros. Todos los servicios públicos colapsaron, especialmente los que se concentraban en el centro de la ciudad, incluso los servicios médicos y hospitalarios.

Nagasaki, el otro objetivo atómico, no había recibido nunca un bombardeo aliado, a pesar de su importancia industrial y militar. A diferencia de Hiroshima, mucho más moderna, Nagasaki era una ciudad vieja, construida básicamente con madera, y a menudo las casas estaban pegadas a las fábricas de municiones y armamentos, el objetivo principal del ataque, ese 9 de diciembre de 1945. Se debe precisar que ese día, Nagasaki no era el objetivo principal, si no Kokura, que a la hora de la llegada de la flota estaba cubierta de nubes en un 70% lo que estorbaba el lanzamiento de la bomba atómica.

A las 7:50 de la mañana, sonó la alarma de bombardeo aérero en Nagasaki, pero resultó ser falsa. Para las 11 de la mañana se divisó una brecha en las nubes que cubrían la ciudad, por lo que un minuto después la bomba fue liberada, haciendo explosión (de 22 kilotones) cuarenta y tres minutos después a 469 metros de altura. El 40% de la ciudad quedó de inmediato destruida.

Como paradoja, la ciudad de Nagasaki había recibido hacía poco a un grupo de sobrevivientes del ataque a Hiroshima. Otro caso curioso y anecdótico es el de Tsutomu Yamaguchi, quien estuvo en Hiroshima el 6 de agosto, día de la explosión, y quien el 8 de agosto regresó a su ciudad natal, Nagasaki, donde también se expuso a la radiación residual de la bomba mientras buscaba a sus familiares. Yamaguchi se convirtió así en el primer sobreviviente rconocido de amobos bombardeos atómicos. El señor Yamaguchi murió el 4 de enero de 2010 cuando iba a cumplir 94 años.

"La bomba atómica fue más que un arma de una terrible destrucción, fue un arma psicológica", declaró Harry L. Stimson, Secretario de Guerra de los Estados Unidos. Pero, este asunto seguirá siendo tema de debate por siglos, pues hasta el presente la controversia sobre el uso de la bomba atómica aún continúa. Los argumentos a favor y en contra de su uso siguen incrementándose con el paso del tiempo.

¿Qué hay del presente?

Lo que sí causa honda preocupació a nivel mundial es el hecho de que las dos bombas arrojadas sobre Hiroshima y Nagasaki palidecen en potencia al lado de las sofisticadas armas nucleares del presente. De explotar una sola de las bombas nucleares modernas, la contaminación radioactiva y consecuencias climáticas de efectos globales serían catastróficas. Las cenizas humos y partículas radiactivos podrían cubrir enormes extensiones de la Tierra por decenas y hasta miles de años, haciéndo inhabitable extensas regiones del planeta. Como ejemplo está la ciudad de Prípiat, en Ucrania, cercana a la Central Nuclear de Chernobyl, siniestrada el 26 de abril de 1986 (vea: Prípiat, una ciudad fantasma, en este mismo blog).

¿Qué decir, entonces, de una guerra nuclear aunque sea de escala limitada? El "invierno nuclear" consecuente se asemejaría a una glaciación repentina de consecuencias nefastas para els er humano. Se vería afectada la fotosíntesis, clave para el proceso alimenticio, lo que pondría en peligro de extinción de todos los seres herbívoros, incluidos los humanos.

¿Nada de que preocuparse? Difícilmente alguien podría asegurar que tal catátrofe no ocurrirá jamás. Aunque los gobiernos han tomado plena conciencia de los resultados de utilizar armas nucleares en un conflicto bélico, las experiencias de Hiroshima y Nagasaki (conste que existías otros tres objetivos japoneses a ser atacados si el Japón no se rendía), demuestran que en casos extremos los militares y los políticos toman medidas desesperadas a fin de asegurarse una victoria sin importarle mucho el costo en riqueza o vidas humanas. No es extraño tampoco, que se calcule que a pocas horas de ser atacadas las principales ciudades-objetivo del hemisferio norte, los muertos llegarían a alcanzar la espeluznante cifra de 1,100 millones de muertos; pero, uno 2,500 millones más moriría a los pocos días.

¿Podrá el hombre por sí mismo detener el Holocausto nuclear indefinidamente? Sólo el tiempo lo dirá, aunque la Historia no da base a tener mucha esperanza.

sábado, 8 de octubre de 2011


  • En 1939 Lorenzo Sanmiguel inició una red de espionaje ubicada en León
  • Tenía ramificaciones por toda España

Fue el 1 de abril de 1939 cuando en España sonaron los últimos bombardeos de la Guerra Civil Española, una contienda que marcó enormemente a un país que quedó totalmente destruido y que, desde ese momento, contó con la figura de Francisco Franco como jefe del Estado. Apenas unos meses más tarde, la ofensiva de Adolf Hitler sobre Polonia provocaba el estallido de la Segunda Guerra Mundial.

La España de Franco optó por mantener una postura de aparente neutralidad en este conflicto bélico internacional, en el que se optó por no posicionarse en contra de Alemania e Italia, debido a la afinidad política con estos países y al apoyo recibido por su parte en la guerra española, pero tampoco en oposición a países como Francia o Gran Bretaña, especialmente por su cercanía geográfica y su potencial militar. De ahí que finalmente se optara por un papel de neutralidad en un país en ruinas tras la Guerra Civil, neutralidad en la guerra entre Alemania y las potencias occidentales, si bien no se ocultó el respaldo a la Alemania nazi en el frente contra la URSS.

En medio de este panorama político internacional, en la ciudad de León se fraguaban los primeros pasos de lo que sería una red de espionaje al servicio de Gran Bretaña. Su núcleo logístico estuvo registrado en diferentes enclaves de esta ciudad, donde comenzó la actuación de Lorenzo Sanmiguel Martínez, también conocido con el nombre falso de Juan Martínez Martínez, jefe de esta organización de espionaje.

De antecedentes izquierdistas, ideales comunistas y mala conducta, Lorenzo Sanmiguel regresó a España desde Méjico en 1935, y tras participar como voluntario en el Regimiento de Infantería número 31 de Astorga (León), fue detenido y procesado por sedición, acusado de la distribución de hojas de propaganda subversiva redactadas en el interior del cuartel. Al producirse el Movimiento de Liberación, consiguió escapar y se trasladó a Asturias, donde se ocultó hasta el año 1939.

Fue en ese momento cuando, vestido de mujer, viajó a León para esconderse en el domicilio de sus padres, donde permaneció hasta el año 1941, cuando cruzó clandestinamente la frontera de Portugal para viajar a Lisboa y visitar las Embajadas de Gran Bretaña, Méjico y Cuba e informar de su posición en beneficio de la Causa roja. De nuevo en España, entró en contacto con la Embajada inglesa en Madrid y comenzó a dirigir una red de espionaje en las provincias del norte de España.

Esta organización de espionaje contó con un total de 36 agentes y numerosos colaboradores que el jefe de la red reclutaba, o bien directamente entre sus familiares y amigos afines de ideología política, o bien por recomendación de alguno de ellos. Sus colaboradores prestaban fundamentalmente servicio de información periódicamente, tanto de movimientos de fuerzas militares, como de enclaves y lugares de interés.

Cada uno de estos agentes disponía en su poder de una contraseña consistente en una letra escrita en tinta china con un pequeño cuadro de papel vegetal, una estrella de cinco puntas y una rosa en el ángulo superior izquierdo del papel. Además de estos agentes ‘fijos’, había otros eventuales, a los que visitaba cada 15 días, fingiendo ser un agente de negocios o alegando relaciones amorosas, de las que se descubrieron varias de manera simultánea.

Las informaciones que recogía las refundía en un Boletín de Información escrito en clave, empleando la composición de letras de traducción recíproca U-S, I-L, F-A, M-E, C-O, que posteriormente remitía a la Embajada Inglesa a través del enlace de José García Robles, que era la persona encargada de proporcionar instrucciones y el dinero necesario para el desarrollo y el pago de los servicios encargados.

La información facilitada por los agentes de la organización se refería adatos militares, concretamente la distribución de fuerzas, fortificaciones o defensa de costas; se solicitaba información política, como incidencias partidistas o el ofrecimiento de elementos para actos de sabotaje; información industrial como el emplazamiento y la producción de fábricas e industrias civiles; y también información económica, como el suministro y racionamiento de artículos alimenticios.

El descubrimiento de la red

El 16 de octubre de 1943, un trabajador de la Fábrica de Cañones de Trubia, en Asturias, llamado Libertario García, fue detenido por la Guardia Civil, para quien no había pasado desapercibido el elevado nivel de vida que mantenía, no demasiado acorde con sus ingresos. El detenido reconoció la percepción de una remuneración de 250 pesetas mensuales a cambio de información de la producción y las visitas que tenían lugar en la fábrica de cañones en la que trabajaba.

Afirmó, según consta en la documentación intervenida, que esta información se la hacía llegar a un hombre llamado Juan Martínez o a su novia, Consuelo Argüelles. Para ser identificado, había recibido un papel con la contraseña 'O', y confirmó que había conocido a este hombre a través de un amigo y vecino de Gijón llamado Miguel Mauro Estévez. En pocas horas, todos ellos fueron detenidos y se comenzó una investigación que consiguió, en apenas unos días, la detención de prácticamente todos los agentes de la organización, con la excepción de uno de sus pilares, Ángel Monge, que fue declarado rebelde.

El gobernador militar de Oviedo ordenó "con la máxima urgencia" continuar con la investigación para proceder a la detención de todos los implicados en la red de espionaje, así como el traslado a León de las fuerzas de seguridad. De esta manera, el delegado accidental de orden público de Asturias, José Blanco, acompañado por el comandante del puesto de la Guardia Civil de Trubia, Teófilo Rodríguez, se trasladó a León el 19 de octubre de 1943.

Un día más tarde, a las cinco de la mañana se acudió a la vivienda de uno de los agentes, Manuel Rivero, quien afirmó conocer a Juan Martínez, llamado realmente Lorenzo Sanmiguel, por lo que les acompañó al piso alquilado por el jefe de la organización, en la travesía de Mariano Andrés, así como a otro de los pisos al que solía acudir Juan Martínez, en el paseo de la Condesa de Sagasta, donde tenía una habitación arrendada.

Al llegar a este domicilio, se produjo la salida de un hombre llamado Gabriel Carrizo, propietario del inmueble, que negó que en su casa se encontrara Lorenzo Sanmiguel, aunque facilitó la realización de un registro domiciliario. En la segunda de las habitaciones que se solicitó inspeccionar, la esposa de Gabriel Carrizo, María González Pardo, no pudo evitar mostrar señas de nerviosismo al abrir la puerta con la llave, y en su interior se localizó la figura de una persona tendida en la cama que no dudó en apuntar a los agentes con una pistola.

Según el Sumarísimo, en defensa ante esta insinuación, el cabo de la Comandancia de la Guardia Civil de Oviedo, Teófilo Rodríguez, disparó al varón, que resultó ser Juan Martínez Martínez. Aunque se avisó a los servicios médicos para asistir al herido, Juan Martínez falleció y se continuó con el registro en la habitación, en la que se encontraron armas, dinero, fotografías y planos, así como diferentes herramientas y material recopilado en los últimos años, entre ellos una agenda en la que se incluían los nombres de todos los agentes y colaboradores de la entidad, así como la contraseña que recibieron o las remuneraciones con las que se les gratificaba a cada uno de ellos.

A partir de los datos recogidos en la agenda localizada tras la muerte de Lorenzo Sanmiguel, se inició el procedimiento por providencia, por el que se ordenó al teniente coronel José Blanco, el estudio, clasificación y descifrado de la documentación incautada, así como la busca y captura de los integrantes de la Red de espionaje.

Los delitos

El Consejo de Guerra ordinario se reunió en Oviedo el 16 de marzo de 1944 con el fin de ver y fallar la causa número 558 de 1943 instruida por un supuesto delito de espionaje contra un total de 56 personas.

La sentencia recoge que la personalidad moral y política de Lorenzo Sanmiguel desvela que la red tenía para él y algunos de sus colaboradores más allegados, un fondo "esencialmente político"basado en el "disparatado" pero "maligno" propósito de asociar el triunfo de las armas de la nación a cuyo favor trabajaba, durante la Segunda Guerra Mundial, con el derrumbamiento del Régimen, para lo que se practicaron todas aquellas actuaciones que pudieran ocasionar o facilitar un ataque armado exterior que hiciera factible la realización de sus designios.

En total, fueron procesadas 56 personas, contra las que actuó el Consejo de Guerra reunido en Oviedo, que determinó que los hechos declarados probados, en cuanto a las actividades de los espías, eran constitutivos de un delito de espionaje en tiempo de paz, aunque también se determinó la existencia de otros delitos, como el de inteligencia con grupos, organizaciones o agentes extranjeros con el fin de provocar una guerra, revelación de secretos militares, un delito de rebelión militar o un delito equiparado al de rebelión.

El Consejo de Guerra determinó que el delito de espionaje era un medio necesario para la realización del delito de inteligencia con organizaciones extranjeras para provocar una guerra, por lo que, a efectos de penalidad y según los artículos 75 del Código Penal Ordinario y 213 del Código de Justicia Militar, se impuso la pena asignada al delito más grave. En este caso se estimó que eran responsables, en concepto de autores, los procesados Juan Martínez Riestra y Miguel Mauro Estévez.

Las penas

Al considerar no probada la participación en los hechos de los procesados Felisa Monge, Rosario, Consuelo y María Cossío, Carmen Sanmiguel, Elena Arias, Manuel Sánchez, Aurelio Huerta, María Martínez, Eladio Fernández, Florentina Moral y Rosario Abasolo, se procedió a fallar su libre absolución.

Por su parte, se falló condenar a la pena de muerte a Juan Martínez Riestra, Miguel Mauro Estévez, Manuel Rivero y César Quiñonesen aplicación del Código Penal Ordinario y de la Justicia Militar. El resto de procesados fueron condenados a diferentes penas de prisión. Uno de los que recibió un mayor castigo, aunque las penas se le conmutaron hasta en dos ocasiones, fue el padre de Lorenzo Sanmiguel. Emilio Sanmiguel Herrero fue condenado a 20 años de reclusión menor por un delito de espionaje en tiempos de paz, y a reclusión perpetua, es decir, 30 años de reclusión mayor, por un delito de rebelión militar.

También por un delito de espionaje en tiempo de paz, en cuyo caso se estableció una condena de 20 años de reclusión menor con accesoria de inhabilitación absoluta, fueron penados los procesaros María Gómez, Alberto Álvarez, Cecilia Sanjuán, Tomás Tranche, Ángel García, Álvaro Tebar, José Libertario García, Julio Argüelles, Benigno Pevida, Víctor Solís y Felipe Cámara.

También por delito de espionaje en tiempo de paz fueron castigados, en su caso con 12 años y un día de reclusión menor y la inhabilitación absoluta, los procesados Pedro Benito Gómez, José Lavín y Benito Gómez. Como cómplices de delito de espionaje fueron castigados a seis años de presidio menor con la accesoria de suspensión de cualquier cargo público y profesión, así como derecho de sufragio, a los procesados Ildefonso Ortiz, Javier Díez, Anselmo Granda, Luisa Sanjuán, María Sanjuán, Víctor Verano Bertalo, Zósimo Martínez, Consuelo Argüelles, Félix Martínez y Rosa Gómez. También acusados de cómplices de delito de espionaje fueron acusados Herminio Camino y Jesús Sainz, que fueron penados a tres años de presidio menor, y Florentino Arias, castigado con seis meses y un día de presidio menor.

María González, Gabriel Carrizo y Gabino Monge fueron acusados de un delito de protección, auxilio y ocultación de espías. Los dos primeros fueron penados con 12 años de presidio mayor y accesoria de inhabilitación absoluta, mientras que el último fue condenado a seis años de presidio menor y a la accesoria de suspensión de cualquier cargo y empleo público. Por este mismo delito fueron condenados a dos años de presidio menor y la misma accesoria, los procesados Carmen Martín, Carlos Martín, Natividad Martín y Consuelo Martín.

El delito de rebelión militar por el que fue acusado José García fue penado a 20 años de reclusión menor y accesoria de inhabilitación absoluta. Acusados de un delito equiparado al de rebelión militar fueron condenados Mercedes Alonso y José Gómez, en su caso a 12 años y un día de reclusión menor e inhabilitación absoluta.

La sentencia dictaminó también que los efectos e instrumentos del delito serían destinados al fin determinado legalmente, mientras que el importe obtenido de ellos, así como las cantidades que se intervinieron en metálico, irían a parar al Estado.

lunes, 30 de noviembre de 2009

Inicia en Alemania juicio guardia nazi John Demjanjuk

Por Madeline Chambers (para REUTERS)

MUNICH, Alemania (Reuters) - El juicio contra el ex guardia nazi John Demjanjuk comenzó el lunes en Alemania, en medio de acusaciones de que colaboró en la muerte de 27.900 judíos en cámaras de gas de un campo de concentración en 1943.
Demjanjuk, de 89 años, entró en la sala en silla de ruedas y comenzó a mover su brazo en señal de dolor poco después del inicio de la sesión de la tarde. Los médicos tuvieron que darle una inyección, lo que provocó una demora de 30 minutos en el procedimiento.
La fiscalía cree que Demjanjuk, que ocupó el primer lugar en la lista de criminales de guerra más buscados del Centro Simon Wiesenthal, colaboró en los asesinatos en el campo de Sobibor, en la actual Polonia, donde murieron al menos 250.000 judíos.
Demjanjuk niega estar involucrado en el Holocausto y su familia insiste en que está demasiado débil para soportar el juicio.
Pero las víctimas del campo quieren justicia.
"La justicia tarda mucho tiempo. No estoy buscando vengarme de Demjanjuk. El debe decir la verdad (...) Este día es importante porque es el último gran caso internacional en el que todos están interesados", dijo el demandante Thomas Blatt, cuya familia murió en el campo de concentración en 1943.
Efraim Zuroff, director de la Oficina de Israel del Centro Simon Wiesenthal, dijo a Reuters: "Este es un buen día para Alemania, para la Justicia y para la gente que perdió seres queridos".
Envuelto en una manta y con aspecto pálido, Demjanjuk mantuvo los ojos cerrados durante casi toda la sesión sin mostrar ninguna expresión. En la audiencia de la tarde permaneció acostado en una cama de hospital.
Demjanjuk nació en Ucrania, combatió en el Ejército Rojo y fue capturado por los nazis, que lo reclutaron como guardia de campo de concentración. En 1951 emigró a Estados Unidos, donde se nacionalizó y trabajó en la industria automovilística.
En mayo fue extraditado desde Estados Unidos tras meses de batallas legales y desde entonces permanece encarcelado cerca de Munich.
La fiscalía leerá los cargos en su contra el martes, cuando Demjanjuk, quien podría ser sentenciado a pasar el resto de su vida tras las rejas, tendrá la oportunidad de responder.
DUDAS EN TORNO A SU SALUD
Los fiscales mostrarán al tribunal varios documentos, entre ellos una cédula de identidad para demostrar que estuvo en Sobibor, y llamarán a unos 20 testigos.
Demjanjuk ha admitido que estuvo en otros campos, pero niega haber estado en el campo polaco, que según los fiscales fue dirigido por entre 20 y 30 miembros de las SS y hasta 150 antiguos prisioneros de guerra soviéticos.
En las cámaras de gas de Sobibor, los judíos tardaban entre 20 y 30 minutos en morir tras inhalar una mezcla tóxica de monóxido y dióxido de carbono, según los fiscales, que aseguran que Demjanjuk estuvo ahí seis meses en 1943.
Sus abogados argumentan que fue un prisionero de guerra soviético cuya vida corrió peligro cuando fue reclutado por la SS y destacan que muchos otros oficiales nazis de alto rango quedaron en libertad.
John Demjanjuk Jr. contó que la semana pasada su padre pasó cinco días en el hospital para ser sometido a varias pruebas y a una transfusión de sangre por una enfermedad en la médula espinal.
Pese a las protestas de su familia, los doctores lo han considerado apto para el juicio, aunque las sesiones se limitarán a dos de 90 minutos diarios.
Su abogado, Günther Maull, dijo que tiene dolores constantes y que pasa por períodos de pérdidas de memoria.
La sesión de la tarde estuvo dominada por la información acerca de la salud de Demjanjuk. Un médico dijo que no había señales de demencia, mientras que otro dio detalles a la corte sobre su enfermedad en la médula espinal.
(Reporte de Madeline Chambers; Editado por Lucila Sigal/Marion Giraldo)

jueves, 29 de octubre de 2009

Nazi de 90 años recibe cadena perpetua

El alemán Joseph Scheungraber, de 90 años de edad, fue condenado a prisión de por vida en lo que es quizá uno de los últimos juicios de crímenes de guerra de los nazis.

Un tribunal de la ciudad de Munich, en el sur de Alemania, declaró culpable de diez cargos de asesinato, y otros más de intento de asesinato, a Joseph Scheungraber, ex oficial nazi, quien ordenara la muerte de 14 civiles italianos durante la Segunda Guerra Mundial. La matanza ocurrió en la villa toscana de Falzano di Cortona, el 26 de junio de 1944. Scheungraber tenía 25 años y era teniente de la Wehrmacht, las fuerzas armadas alemanas.

Tras un enfrentamiento con guerrilleros, los soldados nazis tomaron como rehenes a un grupo de civiles. Las tropas dispararon en la calle y mataron a una señora de 74 años y a tres hombres antes de encerrar a otras 11 personas dentro de una casa en Falzano di Cortona. Acto seguido, destruyeron la vivienda con explosivos. De los rehenes, hubo un solo sobreviviente, un muchacho de 15 años, llamado Gino Massetti, informó la corresponsal de la BBC en Berlín, Tristana Moore. Seis décadas después de los acontecimientos, Gino Massetti fue uno de los testigos en el juicio en Munich.

Libre por décadas
Vestido con una tradicional chaqueta bávara, Scheungraber se veía con buena salud al escuchar la sentencia.
Durante sus primeros interrogatorios, Scheungraber sostuvo la versión de que había entregado los rehenes a la policía militar y que ignoraba lo que les había ocurrido después. El acusado ya había sido condenado, en ausencia, a cadena perpetua, en Italia, tras un juicio militar llevado a cabo el 28 de septiembre de 2006.

Scheungraber pasó varias décadas como hombre libre en su ciudad natal de Bavaria, a cargo de talleres de carpintería y participando regularmente en las conmemoraciones de los soldados nazis caídos durante la guerra.
Se prevé que este caso sea uno de los últimos en que Alemania tenga que lidiar con atrocidades de la era nazi. Aún queda el de John Demjanjuk, un ex guardia de un campo de concentración, deportado desde Estados Unidos, en mayo pasado.

sábado, 24 de octubre de 2009

Philip Kerr afirma que la Alemania nazi es fuente inagotable para la novela negra

Berlín, 22 oct (EFE).- El escritor escocés Philip Kerr, último Premio Internacional de Novela Negra RBA por la sexta entrega de su serie "Berlín Negra", protagonizada por el investigador alemán Bernie Gunther, considera que la Alemania nazi es "una fuente inagotable para la novela negra". En una entrevista concedida a Efe en el Hotel Adlon de Berlín -escenario de "Si los muertos no resucitan"-, Kerr dijo que "en la Alemania de esa época hay un crimen en pequeña escala, pero el historial de crímenes que hay detrás es tan inmenso, que nunca se te acaban los temas".
El propio autor escocés (Edimburgo, 1956) es consciente de que si crea un villano o un malvado, siempre se quedará corto, "porque detrás hay alguien en la realidad de la cúpula nazi que ha sido mucho peor y que no es ficción".
Kerr relata que cuando comenzó hace quince años con la serie de Gunther, "sólo pensaba escribir un libro", pero el editor y su agente le dijeron que podía hacer un segundo para aprovechar la ingente investigación que había realizado para el primero. Sin embargo, tras tres libros, pensó que debería hacer otra cosa, "para no repetirme", y dejó de lado la serie "Berlín Negra".
Con el afán de encontrar en sus historias "una gallina de los huevos de oro", comenzó a publicar libros de diferentes temas, intentando emular la filmografía de Stanley Kubrick, pero como el propio autor reconoce, "los libros son como los niños, unos hacen más amigos y otros menos".
Kerr se inclina por no definir a su protagonista, porque "si lo definiera, Gunther tendría que hacer cosas que en el fondo no puede hacer" y prefiere que "su pasado siga dando sorpresas".
Se acerca al personaje de Gunther "de la misma forma como podría escribir sobre Heydrich, siempre buscando el lado humano de los personajes, no sólo el monstruo histórico que fue, algo que puede resultar chocante con los nazis, pero que ya ha hecho la literatura o el cine como en el filme 'El hundimiento'".
De momento, Kerr no piensa en el final de Gunther y recuerda que "Ian Ranking acabó con el detective John Rebus después de 19 libros, pero Gunther tiene todavía tiempo, porque sólo lleva seis. De todos modos -apostilla- no me veo en la situación de escribir 19 novelas sobre Gunther".
Gunther, que se desenvuelve en una Alemania en la que el nazismo está en pleno apogeo y donde se prepara un boicoteo, nunca ejecutado, contra los JJOO, trabaja en el Hotel Adlon, donde sigue la pista a varios robos y la muerte de un cliente.
En sus pesquisas le ayuda la periodista estadounidense Noreen Charalambides, que viaja a la capital alemana para investigar la declaración del presidente del comité olímpico americano, quien no reconoce ninguna discriminación a la población judía.
Veinte años después de estos hechos, los protagonistas se reencuentran en la Cuba de Batista, donde la corrupción y los crímenes unen a las antiguas altas esferas del nazismo con el crimen organizado de la mafia norteamericana.
El autor justifica la elección de Cuba porque "aparte de la Argentina de Perón, que ya utilizó en un libro anterior, sólo le quedaban dos posibilidades, Paraguay o Cuba, pero "Cuba parecía más interesante, por la mafia, Fidel Castro, Batista".
Kerr piensa que "a los cubanos les gustará más el libro que a los argentinos la entrega anterior" y recuerda que la posibilidad de tramas fuera de Berlín es inmensa, pues "más de 8.000 nazis escaparon de Alemania".
Lamenta que la fama de colaboración con los nazis se haya centrado en EEUU, "cuando en realidad, los británicos y los rusos reclutaron a muchos nazis, sólo que no lo dijeron públicamente".
Para la que será séptima entrega de la serie, Kerr adelanta que "tocará un poco la Guerra Civil española, pues aparece un personaje alemán, que, como muchos de sus compatriotas, estuvo en las Brigadas Internacionales, pero que abordará asimismo el fenómeno de la SS francesa".
En relación a su estilo minucioso y muy descriptivo, que puede recordar el cine de Bergman, Kerr señala que, "al igual que el impresionismo pictórico o el puntillismo, mi intención es que a partir de pequeñas descripciones, que aparentemente no significan mucho, el lector tome distancia y aprecie entonces un cuadro".
Kerr, que se ve a sí mismo como un escritor sobre temas criminales sino como un "novelista", cree que "la buena literatura mezcla diferentes géneros literarios, y esa será la tendencia en el género negro".
Y asegura que su meta sería escribir como John Le Carré hizo con "El espía que vino del frío", que "es un libro de espías, eventualmente histórico, porque describe la guerra fría, pero también un estudio psicológico del protagonista, o una descripción de la Inglaterra económica de los años 60".

Filósofo español Reyes Mate gana Premio Nacional de Ensayo

El filósofo español Reyes Mate fue distinguido el martes con el Premio Nacional de Ensayo por la obra "La herencia del olvido", una reflexión sobre el papel político que juega la memoria. El galardón, que concede el Ministerio de Cultura, distingue la obra de un autor español escrita en cualquiera de las lenguas oficiales del país durante el año previo. Está dotado con 20.000 euros (29.750 dólares). "Las sociedades como las nuestras con un pasado dictatorial o con una guerra civil no pueden construir su futuro pasando página", expresó el autor a Europa Press. "La memoria del olvido es tener en cuenta todos esos seres que hasta ahora han sido olvidados".
Mate apostó por continuar con iniciativas gubernamentales como la Ley de la Memoria Histórica y "hacer justicia a los más de 100.000 desaparecidos de la posguerra". "La memoria ya es imparable", dijo el filósofo, para quien la memoria es un tema "moral y políticamente, fundamental".

"La Ley de la Memoria Histórica ha sido un primer paso y habrá que dar otros, es inevitable", recalcó, según la misma agencia.
"La herencia del olvido" agrupa varios ensayos en los que el autor recuerda que la memoria, aunque haga peligrar la legitimidad del presente, es imprescindible para dotar a la justicia de su verdadero sentido.
Mate investiga la dimensión política de la razón, la historia y la religión, centrándose en la filosofía después del Holocausto y en el significado de pensar en español.
De hecho, el filósofo de 67 años ha impulsado numerosas iniciativas institucionales orientadas a la creación de una comunidad cultural iberoamericana, como el proyecto editorial "La Enciclopedia Iberoamericana de Filosofía", que él mismo dirige.
Mate es autor de otros libros de pensamiento como "Auschwitz. Actualidad moral y política", "La razón de los vencidos" y "Medianoche en la historia", entre otros.

La verdad sobre el publicitado 'Día D'

Un total de 240.000 bajas en las filas alemanas, 200.000 en los aliados y 70.000 civiles muertos en Francia por la acción de los aliados. Estas son las crudas cifras que dejó el Desembarco de Normandía, una batalla "mitificada" por los vencedores y convertida en "propaganda comercial" gracias al cine y la televisión. Una imagen que el historiador Antony Beevor intenta desmontar en su último libro, 'El Día D'.


Cartas privadas, diarios de soldados y antiguas entrevistas han permitido al historiador reconstruir, con un realismo estremecedor, el horror que vivieron soldados y civiles durante el 'El Día D'. "Hollywood deja vender sus películas con el subtítulo de 'basadas en hechos reales' como una estrategia de markerting que empezó hace 15 o 20 años", explicó el historiador, para quien el peligro de esta estrategia es que la mayoría de las personas ya no distinguen entre "hechos y ficción". "No fueron héroes todos los que participaron en el desembarco de Normandía", admitió.
"El peligro es que el conocimiento histórico de la mayoría de la gente procede de películas y series de televisión, más que de los libros. Vivimos en una sociedad post literaria donde la imagen es más importante y poderosa que la palabra", explicó el autor, que ha convertido sus libros 'Stalingrado', 'Berlin. La caída: 1945' y la Guerra Civil española en best sellers, traducidos a más de treinta idiomas.
ENFRENTAMIENTO TERRIBLE
Con una prosa ágil, y sin ahondar en tácticas de guerra o detalles geopolíticos, Beevor describe en 'El Día D' los preparativos de la invasión de Normandía por las fuerzas aliadas; la disciplina resistencia de los soldados alemanes; el enfrentamiento terrible en las playas y el calvario de los civiles franceses masacrados por ambos bandos.
En este sentido, Beevor denunció que en el dia D murieron muchos más civiles franceses que soldados británicos y aseguró a Europa Press que uno de los "máximos errores" de esta guerra fue el bombardeo de Caen, ocurrido semanas después del desembarco, el 7 de julio de 1944 por el "número de víctimas que causó entre los civiles". "Algunas veces los bombardeos son innecesarios e inútiles", reconoció este autor, que fue oficial regular del ejército británico durante cinco años, profesión que abandonó para escribir su primera novela. "No sé cómo van a reaccionar los lectores estadounidenses ante este libro, pero la críticas previas son mejores de las que esperaba", confesó el autor en referencia a la publicación del libro en Estados Unidos en las próximas semanas.
EL EXITO DE SUS LIBROS: EL INTERÉS POR EL INDIVIDUO
En la mayoría de las páginas de 'El Día D' el protagonismo lo tienen los individuos en un intento de "integrar los hechos de la historia desde arriba y desde abajo", explicó Beevor, para quien el éxito de sus libros, responde en parte al interés de la gente, desde la década de los 80, en conocer la "actitud del individuo" y no los hechos colectivos.
En este sentido, alegó que en sus libros la gente puede ver cómo una decisión de Hitler o Stalin "afectaba directamente a las vidas de los soldados y civiles implicados" en la contienda. "He tenido mucha suerte de que la gente esté interesada en los aspectos personales de las guerras", añadió.
"LA GUERRA NO PUEDE SER MORAL"
"La guerra no puede ser moral", advirtió este autor, para quien Los Aliados respondieron a los ataques de los alemanas con una "tecnología superior" que provocó muchas más víctimas.
"Ahora los bombardeos son muchos más precisos", señaló este historiador en referencia a la guerra de Irak, donde las bajas entre civiles fueron menores.
Preguntado por el caso de Afganistan, donde la población civil sufre bajas continuas, Beevor señaló que no se pueden comparar ambas guerras, ya que lo que ocurre en Afganistán es una "guerra de guerrillas" donde los combatientes "se esconden detrás de los civiles", afirmó.
Beevor quien en su libro describe el "cruel martirio" que vivieron los habitantes de Caen o Saint Lô durante el desembarco, también menciona gestos nobles de los vencidos y explica las diferencias que había entre Churchill, De Gaulle, Roosevelt o Eisenhower.
Para este historiador, quien considera que el desembarco ha sido mitificado por cintas como 'El día más largo' o 'Salvar al Soldado Ryan', hay muy "pocas películas buenas sobre la II Guerra mundial" y explicó que los americanos "tienen que sentirse bien fuera de su país, porque, dentro, no se siente bien con ellos mismos".