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miércoles, 6 de marzo de 2013
La Biblia en verso de Ruyard Kipling
miércoles, 20 de junio de 2012
Hallan prueba de la existencia de la Belén bíblica
[Tomado de EFE.com, 22 de mayo 2012]
martes, 19 de junio de 2012
La Biblia contesta: ¿Qué significa "la carne" en las Escrituras?
jueves, 17 de mayo de 2012
La Biblia contesta: ¿Cómo acercarse al Oídor de la oración?
martes, 14 de febrero de 2012
La Biblia contesta: ¿Cristiano y filántropo?
Este fenómeno de “abandono” no es exclusivo de los países en vías de desarrollo, pues en los países más ricos existen millones de personas que viven por debajo del nivel de pobreza ‘aceptable’ En Nueva York, Washington, D.C., Tokio, Londres, París se pueden observar a miles de gente sin hogar, y abundan los centros de refugio para indigentes, que no se dan abasto y el número de refugiados aumenta año en año.
Es imposible negar que todo ser humano siente el impulso de ayudar, aportar “su granito de arena”, y muchos organismos gubernamentales e internacionales contribuyen miles de millones de dólares para ayudar a gente de toda clase, sin importarles su raza, religión, género o cualquier otra consideración. De hecho, al haber sido creados a imagen y semejanza de un Creador misericordioso y amoroso, es comprensible que, salvando las distancias, intenten aliviar el dolor y sufrimiento de sus semejantes. Puesto que muchas más personas se interesan en estos asuntos, algunos optimistas piensan que en un futuro cercano muchos de los actuales problemas que aquejan a la humanidad se verán, si no resueltos, aliviados a un grado considerable. ¿Piensa usted así?
Sin embargo, el dinero y la buena voluntad no lo es todo. Para empezar, meditemos acerca de por qué existe el hambre, la desnutrición y la pobreza. La Tierra produce suficiente alimento para sostener a un población decenas de veces mayor a la actual, pero no llega a todos en una proporción adecuada. Paradójicamente, la obesidad es un problema nacional, que a veces alcanza al 40% de toda la población, en muchos países ricos. Mientras que en muchos países pobres obtener la ración del día es un asunto de ‘vida o muerte’. El hambre y la desnutrición degeneran en un desplome del sistema inmunitario y en poca capacidad intelectual y mental, lo que lleva a millones de personas a sufrir de enfermedades y síndromes que se pudieran haber evitado de recibir suficiente alimento tan sólo.
Todos debemos recordar que todos los seres humanos somos imperfectos (Rom 3:23), por lo que no siempre nuestras acciones son correctas; más a menudo de lo que deseamos cometemos errores de juicio o tomamos decisiones incorrectas que nos afectan al igual que a otros. La Biblia es clara al decir que muchas de las cosas malas que la gente hace, que las empuja a la degeneración y la pobreza (y sus secuelas), se debe a que simplemente ‘no conocen a Dios’ (Juan 4:22; Rom 1:24-32). Al pasar por alto las claras instrucciones que Dios ha puesto en sus propias conciencias (Rom 2:13-15) y las pautas que ha revelado para nuestro beneficio en su Palabra, la Biblia (2 Tim 3:16-17), los hombres reciben en sí mismos las consecuencias de pasar por alto la justicia divina (Mat 6:33).
Sin embargo, hay quienes cuestionan que sólo palabras no solucionan nada los actuales problemas ya descritos. Pero, ¿qué ha solucionado hasta el momento todo el esfuerzo de personas bienintencionadas que por siglos han tratado de paliar el sufrimiento humano? La verdad es evidente: Muy poco; por lo contrario, el problema se agrava cada día más al seguir aumentando la población humana. Si hay algún alivio, siempre es temporal, como fácilmente se puede comprobar.
En todo caso, el amor debe ser la clave principal para ayudar con constancia a las personas en todo aspecto (1 Cor 13:1-4). Y que mejor ejemplo que el que nos dan tanto Jehová, el único Dios verdadero y su Hijo, el Señor Jesucristo, los mayores filántropos que existen (filantropía se define como “amor a la humanidad”). Juan 3:16 nos dice: “Tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que ejerce fe en él no sea destruido, sino que tenga vida eterna”, un rescate tan valioso que abarca a toda la humanidad pero que es válido sólo para el que acepta y ‘ejerce fe’ en él (Mateo 20:28). Además, Jehová pronto reemplazará a todos los gobiernos injustos de la actualidad por el Reino en manos de su Hijo, un Reino que Jesús mismo nos enseñó a pedir en oración al decir “Venga a nosotros tu reino” (Mat 6:9-10). Mediante ese nuevo gobierno Jehová removerá la raíz del problema que nos ocupa, algo que ningún organismo humano puede lograr (Jer 10:23).
Si la fe es necesaria para tener el favor de Dios y su ayuda permanente para sobrevivir (Sal 37:25; Mat 6:25-33), la gente necesita conocer acerca de esas ‘buenas nuevas’ (Mat 24:14), y se necesita que alguien las lleve a la gente con constancia (Rom 10:9-16). Aunque es imposible permanecer indiferente a los problemas comunes y graves de la humanidad (Sant 1:26-27), y debe proveerse algún tipo de ayuda en emergencias o situaciones extremas, un cristiano tiene como principal objetivo educar a la gente en la verdad de Dios (Mateo 28:18-20). A veces las sugerencias prácticas en base a principios bíblicos acerca de asuntos económicos, el estimulas a abandonar prácticas contaminantes (como el abuso del alcohol, drogas, tabaco y otros; compare con 2 Corintios 7:1) permite que la gente esté mejor dispuesta para desempeñar un oficio o trabajo que le suministre lo necesario para ellas y su familia (Efe 4:27, 28). La cooperación de la familia también es importante (Efe 6:1-4), y cuando todos sus miembros obedecen a Dios como su gobernante (Hech 5:29) es más fácil contar con la guía o protección divinas y se aprende a
bastarse con poco (1 Tim 4:8; 6:6-8).
Mientras esperamos el día de Jehová, porque sin falta llegará, más pronto de lo que algunos prefieren suponer (2 Ped 3:8-11), el cristiano verdadero necesita mantener equilibrio para no dejarse distraer, sin llegar a ser indiferente tampoco, por los incontables problemas que aquejan a personas de su entorno (Hech 6:1-4), de su principal misión: predicar las buenas nuevas del reino en toda la tierra habitada (Mat 24:14; Hech 1.6-8; 4:29; 5:25-32, 42).
La testificación moderna mundial de las buenas nuevas, por ‘toda la tierra habitada’, salva muchas vidas en el presente sistema de cosas y es una protección para los que la predican, de otro modo se dejarían llevar por el molde de este mundo, bajo el dominio de Satanás (Rom 12:1-2). Al llevar a cabo la voluntad de Dios, que es buena y perfecta, sentimos el impulso de dar la mejor ayuda posible, pues animamos a la gente a probar el ‘alimento que no perece’ (Juan 6:26-29), que puede llevarlos a obtener la vida eterna que Dios promete a los fieles (Juan 3:16, 36; 17:3). Todos los cristianos verdaderos aportan sus dones y talentos en el adelanto de las buenas nuevas del reino (1 Cor 12: 4-5), y sin un espíritu competitivo colaboran unidos (Juan 17:20-21) en llevar por todas partes el mensaje de salvación con constancia, pese a la oposición (Rom 1:13-17).
La cristiandad, en especial, ha ocultado a la gente las verdades bíblicas (Compare con Mat cap 23), a la vez que ha desplegado toda clase de ayuda material, pero manteniendo en ignorancia espiritual a sus feligreses. Tendrán que rendir cuenta por ello, a su tiempo, al haber descuidado la labor más importante: predicar la verdad del reino (Juan 18:36-37). No es raro que al predicar con denuedo, uno encuentre evidencias de la gran ignorancia de los propósitos de Dios. ¿Quién es culpable de tal ignorancia? Es evidente que la cristiandad (el conjunto de religiones que llamándose “cristianas” – católica, ortodoxa, protestante y evangélica – no enseñan toda la verdad de la Biblia), que se opone, a veces con violencia, en un país tras otro a la difusión de las buenas nuevas del reino.
Al igual que hicieron Jesús (Mat 9:36; 14:14; 15:32; Mar 1:41;8:2) y sus seguidores del primer siglo, a veces tenemos ocasión de ayudar en sentido material más allá de las palabras, (1 Juan 2:9-11, 3:13-18; 4:7-11, 20-21; 3 Juan 8), pero sin descuidar nuestra tarea principal: predicar a todos en todo tiempo y circunstancia (1 Cor 9:16; 2 Tim 4:1-5), que es el mejor beneficio que podemos hacer por el prójimo (Hebreos 12:28). Recuerde que hablar de Dios y ayudar a la gente a obtener conocimiento exacto (Rom 10:2-3; 1 Tim 2:3-4) es la voluntad de Dios, y los que hacen la voluntad de Dios, vivirán para siempre (Mat 7:21-23; Juan 17:3; 1 Juan 2.17; 1 Ped 4:1-2). Eso es algo que está también a su alcance (1 Tim 4:16).
Si usted participa activamente en muchas obras de caridad, pero percibe que está logrando poco, entonces debe reevaluar su postura a la luz de las Escrituras. No es necesario convertirse en un docto de la Biblia (Efe 3:8). ¿Por qué no, simplemente, incluye un programa de lectura de las Escrituras en su familia, su círculo de amigos, su vecindario y comparte lo poco o mucho que aprenda de ellas? Claro está, no todos verán con agrado el que usted quiera compartir la verdad bíblica, y se burlarán o se opondrán, incluso (1 Ped 4:1-5; 2 Ped 3:1-7). Pero, que eso no le desanime. Ayudar a la gente a vestirse de una nueva personalidad en fundamental para que su punto de vista respecto al trabajo, la salud, la familia, el dinero y el sexo, por ejemplo, se amolde a la voluntad de Dios (Pro 10:4; Efe 4:28; 1 Tes 4:11; 1 Tim 6:6-8).
Es cierto, la predicación no resolverá todos los problemas, pero la esperanza que otorga es un consuelo valioso en tiempos turbulentos y de oscuridad espiritual (Sal 119:105; Rom 15:4). Conocer la verdad de Dios (Juan 8:32), su personalidad, sus propósitos, sus cuidados amorosos (Sal 23:1; 27:10), nos permite llevar vidas tranquilas y sencillas. Al confiar en que Jehová nos proveerá ‘el pan nuestro de cada día’, si somos fieles (Mat 6:9-10, 33-34), y si por vejez, enfermedad o accidente debemos dormir en la muerte, Él nos recordará y al tiempo debido nos devolverá a la vida (Hechos 24.15). Eso es una garantía segura (Hech 17:29-31), pues Jehová es el Dios que no puede mentir (Heb 6:18; Rev 21:1-5), y sus promesas nunca fallan.
Como han comprobado millones de siervos de Jehová de todos los tiempos, Jehová ha permitido que algunas pruebas les sucedan, pero siempre con una buena razón y un tiempo limitado (Sal 33:19; 37:19; Mat 25:35, 37, 40). En ocasiones llegaron a padecer de hambre (1 Cor 4:11-13; 2 Cor 11.27; Fil 4:12). Esos breves períodos de escasez confirmaron que no servían a Jehová por simple interés o comodidad material (Rom 8:35, 38-39). Aunque no es deseable, superar las pruebas refina la fe del cristiano y regocija el corazón de Dios y constituye una respuesta contundente al escarnio que hace Satanás (Job 7-12, 20-22; Pro 27:11).
La conocida oración del padrenuestro, como parte de las Escrituras, se concentra fundamentalmente en las bendiciones espirituales que están disponibles para los que con sinceridad y limpieza de corazón invocan a Jehová (Mat 6:9-12). Lo espiritual es más importante a la larga (Mat 5:6; Juan 6:35). A los fieles se les asegura que en el futuro, bajo el Reino de Dios, “ya no tendrán hambre ni tendrán más sed” (Rev 7:9, 13-17). Toda causa de llanto, dolor y lamento, como el ver morir a sus hijos de hambre u horripilantes enfermedades por ejemplo, serán cosa del pasado (Sal 72:16; 145:15; Isa 25:6; 33:24; Rev 21:1-5).
Cuando Jehová, mediante el reino en manos de Jesucristo, restaure las condiciones paradisíacas de la Tierra no existirá más hambre (Sal 146:7). Es de esperar que las condiciones actuales se deterioren aún mas (2 Tim 3:13), y las naciones jamás encuentren la solución a sus innumerables problemas (Luc 21:25-28). Es en estos momentos cuando el mensaje del reino resulta muy consolador para los merecedores (Mat 10:11; Luc 10:7), los que claman y suspiran por las cosas detestables de este inicuo sistema (Eze 9:4), y los que aman la verdad (Juan 17:17; 18:37). Con razón se dio advertencia de una predicación mundial sin precedentes de las buenas nuevas del
reino para un testimonio (Mat 24:14). ¿Participa usted de ella?
sábado, 10 de diciembre de 2011
La Biblia contesta: ¿De dónde obtuvo Caín a su esposa?
La Biblia muestra que Adán y Eva tuvieron hijos luego que fueran expulsados del jardín de Edén (Génesis 3:14-19), pese a lo cual Dios le aseguró que ella tendría descendencia (Génesis 3:16). De ahí que le nacieron Caín, el primogénito, y luego Abel (Génesis 4:2), ambos en estado de imperfección. Sin embargo, ¿fueron estos los únicos hijos de la pareja? Definitivamente no, pues en Génesis 4:25 se dice que Eva dio a luz a un tercer hijo, en reemplazo de Abel, cuyo nombre también se da: Set. Para entonces, Adán tenía ya con 130 años de edad (Génesis 5:3-5).
El capítulo 5 de Génesis comienza diciendo que era una historia de Adán, y en forma concisa repite lo detallado en los capítulos 1 y 2 respecto a su creación. Pero, añade un dato interesante: “Entre tanto llegó a ser padre de hijos e hijas”, aunque no se proporcionan ni sus nombres ni el orden en que nacieron. Se cumplió así la promesa dada a Eva de ella “tenía que llegar a ser la madre de todo el que viviera” (Génesis 3:20). Adán y Eva, según la Biblia, dieron origen a toda la vida humana que poblaría la Tierra entera, hasta llenarla (Génesis 1:28).
Aunque no se puede ser contundente ni dogmático, es altamente probable que Caín se haya casado con una de sus hermanas, o con una sobrina o alguna otra pariente cercana (Génesis 4:16-17). Esto no supuso ningún problema respecto a las consecuencias en su prole, pues la cercanía a la perfección aseguraba que ningún defecto se transmitiría a su descendencia; tanto así que unos 2,000 años más tarde Abrahán se casó con su media hermana, Sara, y produjo una descendencia sana, Isaac, a pesar de lo avanzado de su edad (Génesis 20:12-13; 21-:1-5).
Sin embargo, a pesar de la inmensa misericordia que Jehová mostró a Caín (Génesis 4: 11-15), al permitirle a ese criminal seguir viviendo y gozar del privilegio de tener descendencia (Mateo 5:45), toda ella fue arrasada en el Diluvio (Mateo 24:37-39), pues las ocho personas, Noé y su familia, que se salvaron en el arca provenían de la descendencia de su hermano Set (Lucas 3: 36-38; 1 Pedro 3:20).
De modo que no es posible que existiesen otras razas preadamitas o paralelas, como afirman muchos que no reconocen la inspiración y veracidad de la Biblia como autoridad. En cambio, por todas las Escrituras se da por descontado que toda la raza humana provino de un solo Hombre [es decir, un solo varón, Adán y una sola mujer, Eva Génesis 5:1-2]. Aunque los capítulos iniciales del Primer Libro de las Crónicas se concentran en la descendencia prometida (Génesis 3:15; Génesis 22:18; Gálatas 3:16), se muestra que fue primero mediante Adán y Eva, y luego mediante Noé que la Tierra entera se pobló de seres humanos (Compare 1 Crónicas capítulos 1 a 7 con Lucas 3:23-38).
El Señor Jesucristo reconoció este hecho pues en Mateo 19:4 le dio validez histórica al breve relato de la creación del Hombre, como se narra en el Génesis. Y, en igual sentido el apóstol Pablo incluyó esta información en su memorable discurso en el Aerópago: “E hizo de un solo hombre toda nación de hombres…” (Hechos 17:26; compare con 1 Corintios 15:47). También, el mismo apóstol dijo que ‘por medio de un solo hombre [Adán] el pecado entró en el mundo” (Romanos 5:12), en clarísma alusión al drama que narra Génesis 3:1-24. Si hubiesen existido otros humanos no relacionados con Adán y Eva, se supondría que no serían afectados por el pecado de desobediencia de ellos y la muerte no reinaría sobre toda la humanidad. Por eso, Adán es el padre natural de toda la raza humana, aunque mucha de su descendencia se perdió para siempre, como sucedió en el caso de Caín
La unidad original de toda la raza humana coincide perfectamente con la doctrina bíblica de la caída de Adán y la redención mediante Cristo, pues independientemente de las diferencias raciales y culturales, el hecho de que los seres humanos puedan fecundarse entre sí, sin ningún problema, apunta más a la unidad de su origen que a la diversidad de razas humanas. Lamentable muchos teólogos y no pocos clérigos de la cristiandad, en su afán de hacerse “amigos del mundo” (Santiago 1:27; 4:4) han oscurecido el mensaje bíblico y han adoptado, a veces con mayor entusiasmo y decisión que los mismos naturalista, una enseñanza que contradice la Biblia (1 Timoteo 4:1), incluso el hecho de que a Jesús se le llame el “último Adán” porque mediante su sacrificio puede llegar a ser padre de toda la prole de Adán que ejerza fe en su sacrificio (1 Corintios 15:45; compare con Juan 3:16, 36). Si el primer Adán no existió, y por ende su desobediencia, que acarreó el pecado para él y toda su prole, tampoco existió, el sacrificio de rescate de Jesús es en vano, algo que jamás enseña la Biblia, y que más bien suena a “enseñanza d demonios”, cuyo cabecilla, Satanás el Diablo, fue llamado el “padre de la mentira” por el propio Jesucristo (Juan 8:44).
Como se puede concluir, una lectura cuidadosa de la Biblia puede ayudarnos a despejar cualquier duda, mito o leyenda que se ciernen sobre las Escrituras. Esto refuerza la necesidad de “manejar la palabra de la verdad correctamente” (2 Timoteo 2:15), pidiendo a su Autor, Jehová Dios, la sabiduría necesaria para alcanzar un pleno conocimiento exacto y entendimiento, porque esa es Su voluntad (1 Timoteo 2:3-4).
La Biblia contesta: ¿Naciò Jesús en diciembre? ¿Importa?
¿Es importante conocer la fecha exacta del nacimiento de Jesús? Parece que a los cristianos primitivos no les importaba, porque la obra Los orígenes sagrados de las cosas profundas dice: Durante dos siglos que siguieron al nacimiento de Cristo nadie sabía, y a muy pocos les importaba, cuándo había nacido exactamente Jesús”. Y, aunque la hubiesen sabido, no habrían festejado su cumpleaños, como bien lo atestigua la historia, y consideraban reprobable esa práctica, pues básicamente los cumpleaños eran celebraciones paganas, especialmente en honor a sus dioses. Por ejemplo, el 24 de mayo era la fiesta de Diana. El 25 de diciembre los romanos paganos celebraban la fiesta del Sol invencible (Natalis solis invicti, o dios Mitra), fiesta que estaba llena de regocijo, cenas e intercambios de regalos. Sin embargo, para el siglo IV el cristianismo había apostatado tanto, que los obispos de Roma, con el “noble” propósito de cristianizar a los paganos, adaptaron la festividad romana, reemplazando al Sol, por Jesucristo, (el llamado “Sol de la justicia”).
¿Importa realmente el origen pagano de la Navidad? Es evidente que a la mayoría de personas no les importa (Juan 4:22). En cambio, opinan que la ocasión de reunir a la familia, intercambiar regalos y cenar juntos es una práctica saludable, sin importar que eso esté relacionado con la religión falsa. Sin embargo, lo que en apariencia puede parecer “noble” y digno de encomio, desde el punto de vista humano, puede resultar opuesto a la voluntad de Dios (Proverbios 3:5-6). Jehová ha puesto en la Biblia los requisitos para adorarlo correcta y aceptablemente (Juan 4:23-34; 2 Timoteo 3:16-17). Por eso la Biblia exhorta a ‘asegurarnos de lo que es acepto al Señor’ (Efesios 5:10).
Si bien la Biblia no prohíbe la celebración de cumpleaños de manera explícita, tampoco la promueven; caso contrario, hubiese algún mandato expreso de celebrar el nacimiento de Jesucristo, como sí lo hay respecto a la conmemoración de su muerte (Lucas 22:19), mandato que evidentemente los primeros cristianos cumplieron a cabalidad (1 Corintios11:23-26). Ni una sola vez la Biblia o la historia muestran que los primeros cristianos celebraran el cumpleaños de Jesucristo, sino a partir del siglo IV, cuando ya el cristianismo se había apartado de sus orígenes, doctrinas y enseñanzas dadas por Jesús y sus apóstoles.
No hay nada objetable en intercambiar regalos, o reunirse con regularidad en familia, con amigos u otras personas para compartir una comida. Pero, la Biblia brinda las pautas de cuándo hacer eso, o no, y el verdadero espíritu con que se deben efectuar esas actividades. Por ejemplo, se indica en 2 Corintios 9:7: “Que cada uno haga tal como lo ha resuelto en su corazón, no de mala gana ni como obligado, porque Dios ama al dador alegre”. Los regalos dados con liberalidad producen buenos resultados, pues no están sujetos a mandato ni a fechas ni a costumbres que esclavizan (Juan 8:32), y que a menudo agotan los recursos financieros de la gente y generan tensiones y excesos innecesarios.
Sin embargo, lo más importante es ver los asuntos desde el punto de vista del Creador. Un concienzudo estudio de la Biblia permite llenarse del conocimiento exacto de la verdad que Dios mismo quiere que conozcamos (1 Timoteo 2:3-4). Jehová desea que seamos felices plenamente, sobre todo porque al obedecerle como gobernante (es decir, que reconocemos que Él tiene el derecho a decidir lo que es bueno o malo – compare con Jeremías 10:23), nos brindará su poderoso espíritu santo, cuyo fruto incluye el rasgo del “gozo” (Gálatas 5:22-23).
jueves, 1 de diciembre de 2011
La Biblia contesta: ¿Es Satanás "el lucero de la aurora" citado en Isaías 14:12-16?
La Biblia no es el resultado de juntar al azar unos cuantos versículos que puedan usarse para probar cualquier punto de vista que parezca correcto. Satanás y algunos de sus ministros o siervos terrestres han hecho eso precisamente: adulterar el contenido y/o significado de ciertos textos bíblicos. Por ejemplo, el Diablo aplicó mal el Salmo 91.11-12 cuando tentó a Jesús para que pusiera en riesgo su vida (Mateo 4:5-6).
Así también, con respecto a la identidad del Diablo, los Padres o Doctores de la Iglesia [Católica Romana] han interpretado que el “Lucero, hijo de la Aurora” en Isaías 14:12-16 se refiere a Satanás, el príncipe de los demonios (vea la nota respectiva al pie de página en la Biblia de Jerusalén), tanto es así que en la Vulgata [traducción en latín de las Santas Escrituras], se emplea el término “Lucifer”, y se da ese nombre propio a Satanás. En el mismo sentido. La Versión Moderna, dice en el versículo 12: “¡Como caíste de los cielos, oh Lucero, hijo de la aurora! [Lucifer en la Vulgata] ¡has sido derribado por tierra, tú que abatiste las naciones!”
Debemos recordar que la palabra “Lucero” corresponde a la palabra hebrea hehlel, “brillante”, que este texto se emplea como sustantivo común, no como nombre propio o título. Tan sólo se emplea para describir la posición encumbrada o brillante de la dinastía babilónica de Nabucodonosor (vea Isaías 14:3-4), que es el tema o contexto de este capítulo de Isaías. Otro punto a tener en cuenta es que en el versículo quince. Se dice que este personaje baja al Seol[1], que es el sepulcro común de la humanidad, por lo tanto no aplicable a Satanás que es un espíritu, un ángel rebajado en su condición espiritual.
Finalmente, el versículo dieciséis se refiere a la condición rebajada del hombre [heb: has’ísch; griego: ánthropos; latín: vir], y no simplemente Aquél, como vierte la Biblia de Jerusalén, y que permite una aplicación más amplia (susceptible de distorsión) de lo que el escritor original quiso indicar. Por eso, la Biblia Latinoamérica (1995), traduce Isaías 14:16 “hombre”, y no simplemente “aquél”, y así evidencia que estos versículos no pueden referirse al Diablo.
Aunque los reyes de Babilonia fueron sepultados con honorabilidad y toda pompa, la memoria de la dinastía babilónica de Nabucodonosor ha quedado repudiada “como un brote detestado”, y nunca pudo recuperarse del mortal golpe que sufrió en manos de los medos y los persas en 539 aEC Isaías 14:21). De hecho, Belsasar murió aquella misma noche y no se le dio un entierro digno siquiera. Aunque el orgullo y la ambición de los reyes de Babilonia fueron el reflejo del “dios de este sistema de cosas, Satanás el Diablo (2 Corintios 4:4), queda patente que no se le pueden aplica a él las palabras de Isaías 14:12 al 16. Al estudiar con meditación, bajo la guía del propio espíritu del Autor de la Biblia y la ayuda que provee el esclavo fiel y discreto, podemos entender y manejar mejor la Palabra de Dios, evitando adulterar tanto su contenido como su significado (2 Corintios 4.2).
miércoles, 9 de noviembre de 2011
La Biblia contesta: ¿Por qué es provechoso el Evangelio de Juan?
lunes, 24 de octubre de 2011
Los "indignados", ¿qué significan realmente?
sábado, 8 de octubre de 2011
La Biblia contesta: ¿Estamos bajo la Ley dada por Moisés?
jueves, 6 de octubre de 2011
La Biblia contesta: ¿Por qué tantos creen en la evolución?
La Biblia contesta: ¿Cuánto duraron los días creativos?
miércoles, 24 de agosto de 2011
La Biblia contesta: ¿Qué significa realmente Efesios 6:4?
El apóstol Pablo escribió: “Hijos, sean obedientes a sus padres en unión con el Señor, porque esto es justo: ‘Honra a tu padre y a tu madre’; que es el primer mandato con promesa: ‘Para que te vaya bien y dures largo tiempo sobre la tierra’. Y ustedes, padres, no estén irritando a sus hijos, sino sigan criándolos en la disciplina y regulación mental de Jehová” (Efesios 6:1-4). ¿Qué quiso decir el escritor inspirado?
La palabra griega empleada en Efesios 6:4 se refiere a la “dirección espiritual” o a “la influencia sobre la mente” que los padres deben brindar a sus hijos, para que armonicen con el propósito de su Creador y les resulte más fácil obedecer Sus instrucciones. Aquí brindaremos algunas sugerencias prácticas que han resultado valiosas y beneficiosas en otras familias.
Dedicarles tiempo
En el antiguo Israel, el padre de familia recibió esta instrucción: “Y estas palabras que te estoy mandando hoy tienen que resultar estar sobre tu corazón, y tienes que inculcarlas en tu hijo, y hablar de ellas cuando te sientes en tu casa y cuando andes por el camino y cuando te acuestes y cuando te levantes” (Deuteronomio 6:6-7). No cabe duda que el Creador ha puesto en el padre (y también en la madre) la responsabilidad de dar a conocer a su prole cuál es Su voluntad respecto a todo asunto. Pero, el dilema es hallar el tiempo para hacerlo, en especial en esta era moderna tan llena de sacrificios por proveer lo adecuado para la familia así como la variedad de distracciones.
¿Dónde hallar el tiempo, entonces, para inculcar (o grabar) la Ley de Dios en el corazón de los hijos? Es evidente que parte del tiempo que sí pasamos con los hijos presentan incontables oportunidades de hablar de Dios y su ley. Para eso, el padre (y la madre) deben llenarse de todo el conocimiento bíblico posible, y (como hacen algunas aves) dar porciones más “digeribles” a sus hijos pequeños, y aumentar la cantidad y contenido a medida que estos crecen. Al comer juntos, al caminar durante un paseo, al levantarse o acostarse siempre se presentan momentos cotidianamente en los que podemos ayudar a los hijos a reflexionar y aprender acerca de los principios de Dios (Léase Proverbios 6:20-23)
Si reflexionamos bien, tal vez podríamos cancelar un poco de televisión u otra diversión cada semana y estudiar juntos una pequeña porción de la Biblia. A veces, los hijos nos pueden sorprender al responder solícitamente a esos períodos de reflexión espiritual. No tienen que ser sesiones llenas de solemnidad, pero sí cierto grado de respeto y seriedad, pues la idea es ‘conocer la mente de Jehová’. A veces, basta simplemente con leer una parte pequeña de la Biblia y, sin espíritu de competencia de por medio, hacer que los hijos hallen las referencias bíblicas acerca de un texto en particular. Usando y entrenando sus facultades de raciocinio (Léase Romanos 12:1-2), los hijos pueden alcanzar un conocimiento exacto de la verdad, lo cual es la voluntad de Dios (Léase 1 Timoteo 2:3-4).
Debemos enseñarles buenos principios
Un padre de familia dice sin dudar: “Hay que estudiar la Biblia con ellos, y hacerlo con paciencia y mucho cariño”. Es cierto, que cuando crezcan, los hijos elegirán su profesión y su vocación política y religiosa. Sin embargo, para que crezcan sanos y fuertes en todo sentido los padres deben proveerles de sanos principios y valores morales inalterables, que de seguro los acompañarán por el resto de sus vidas (Léase Proverbios 22:6). Si no les damos en casa esa guía la buscarán en otro sitio: el vecindario, los amigos, en la escuela o en la calle. ¿Es eso lo que queremos para nuestros hijos?
Nunca olvide que la Biblia tiene un poder incomparable (Léase Hebreos 4:12), y que su Autor ha tomado en consideración hasta a los más pequeños o infantes (Léase 2 Timoteo 3:15). No se sorprenderá cuanto aprecio sentirán sus hijos por la Palabra de Dios, más aun si la van entendiendo poco a poco (Proverbios 4:18).
Poner nuestra confianza en Jehová
Es cierto, que a simple vista, la tarea de dar guía espiritual a los hijos parece monumental, y de hecho lo es; pero, es quizá lo más importante en la educación y formación de los hijos, y lo que a la larga provee mayor satisfacción (Léase Proverbios 23:24-25; Lucas 11:27). No hay fórmula exacta ni remedio rápido, cada padre debe hallar el modo práctico de criar a sus hijos en la disciplina y regulación mental de Jehová, pues esta instrucción ayuda a los hijos a conocer y comprender los asuntos como los ve Dios mismo. Al tener un conocimiento exacto de Su voluntad les resulta más fácil optar por obedecerla con la vida eterna en mira (Léase 1 Juan 2:17).
Es patente que necesitamos sabiduría para desempeñar esta tarea tan importante. Por eso, el Señor Jesucristo recomendó la oración como el medio para obtener las fuerzas necesarias para tan enorme tarea (Léase Lucas 11:3, 13: compare con Santiago 1:5-7). Cuando los hijos nos observan orar con humildad, se impresionan de nuestra fe y confianza en nuestro Creador. Hay diversas formas de orar, y todas ellas les demuestran a nuestros hijos que creemos sinceramente que “Dios existe” (Léase Hebreos 11:6). Y, ¿no es verdad que nos sobran motivos por los cuales orar (para pedir, agradecer o alabar) a Dios? No descuidemos entonces las oraciones personales y en familia.
No dude que Jehová les dará las fuerzas necesarias, mediante su poderoso espíritu santo (el mismo que usó para ordenar y crear todas las cosas – Génesis 1.2), porque Él bendice a los que están dispuestos a obedecerle en todo sentido (Léase Hechos 5:32; Filipenses 4:5-7, 13). Y, si, como hemos visto, es Su voluntad que los padres entrenen y eduquen a sus hijos en la correcta devoción piadosa que emana de Su Palabra, proveerá a los que le obedecen de toda la ayuda necesaria para que tengan éxito (Léase Proverbios 3:5-6). Él se asegurará de que ustedes tengan éxito, sin “irritar” a sus hijos.
La Biblia contesta... tres preguntas fundamentales
“¿De dónde venimos?, “¿Para qué estamos aquí?”, “¿Adónde vamos?”, estas son tres de las preguntas fundamentales que todo ser humano se ha hecho, se hace y se hará en todo tiempo, lugar, e independientemente de su edad, situación socio-económica o cultura. De hecho, usted concordará que son muy importantes para darle sentido a la vida. Lamentablemente, muy pocas personas dedican tiempo a obtener las respuestas. ¿Puede la Biblia ayudarnos a obtener respuestas satisfacientes? Veamos.
¿De dónde venimos?
En el capítulo 1 del primer libro de la Biblia, el Génesis, se hallan dos versículos que nos dan una pauta acerca de cuál es el origen de la vida: “En el principio, Dios creó los cielos y la tierra” (vs 1) y “Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza…” (vs 26). De este modo sencillo, las Escrituras nos dicen que somos el resultado de la obra creativa de Dios, de hecho, un Ser incomparablemente poderoso y sabio, a juzgar por la variedad de la creación celestial y terrestre. Con razón, los ángeles se sintieron inclinados a expresar su respetuoso temor al Creador: “Digno eres tú, Jehová, nuestro Dios mismo, de recibir la gloria y la honra y el poder, porque tú creaste todas las cosas, y causa de tu voluntad existieron y fueron creadas” (Revelación 4:11).
Hacemos bien en conocer a este Majestuoso Creador y lo podemos lograr mediante examinar con cuidado la obra creativa que tengamos disponible. Por eso, el apóstol Pablo declaró: “Porque lo que puede conocerse acerca de Dios está entre ellos manifiesto, porque Dios se lo ha puesto de manifiesto. Porque las cualidades invisibles de él se ven claramente desde la creación del mundo en adelante, porque se perciben por las cosas hechas, hasta su poder sempiterno y Divinidad, de modo que ellos son inexcusables” (Romanos 1:19, 20).
Cuando hacemos, aunque sea, una ligera investigación de la creación (o la naturaleza como prefiera llamarla), notamos que se debe haber requerido un inmenso poder y una sobresaliente sabiduría, debido a la estrecha relación que tienen unas obras con otras. Hasta sin habla, la creación ensalza a su Creador (Léase Salmos 19:1-2). Desde el imponente Universo hasta una microscópica célula, pasando por una variedad innumerable de pequeños y grandes seres, toda la creación demuestra una sabiduría infinitamente (Léase Salmos 104:24). Sin embargo, el texto leído antes de Revelación nos dice que fue debido a la voluntad de Dios, es decir un acto deliberado, lo que demuestra su inmenso amor al desear compartir el maravilloso don de la vida (Léase Salmos 92:4, 5; 107:8).
¿Para qué estamos aquí?
Sin dudar, la Biblia informa que el hombre fue creado para poblar la tierra y dominarla (Léase Génesis 1:28). Y es evidente que así lo creían los primeros cristianos, pues en un discurso memorable el apóstol Pablo dijo: “E hizo de un solo hombre toda nación de hombres, para que moren sobre la entera superficie de la tierra, y decretó los tiempos señalados y los límites fijos de la morada de los hombres” (Hechos 17:26). Así, varios siglos después, los siervos de Dios entendían cuál era en sí mismo el propósito del hombre: formar una extensa familia humana y trabajar para mantener la Tierra, su hogar. En verdad, al final de la vida muchas personas de personas lamentan, aun en situaciones extremas, no haber formado una familia o no haber dedicado el tiempo suficiente a cuidarle, en caso de haberla tenido. Por más éxitos y prosperidad que hayamos alcanzado, ¿no es verdad que siempre queremos compartirla con nuestra familia?
Trabajar duro para dar inicio y mantener una familia es un deber impuesto por Dios. Por eso, el ser negligente en este campo (así seamos exitosos en otros) nos acarrea la censura de la sociedad y la desaprobación del Creador (Léase 1 Timoteo 5:8). Y en la Biblia abundan los consejos para edificar, en todo sentido, una familia de éxito, un reflejo del interés de Dios en guiar al hombre en tan ardua tarea encomendada (Compare con Efesios 6:1-4). Si aplicamos correctamente toda esa sabiduría revelada podremos decir obtener el gozo que resulta de una tarea bien hecha (Léase Proverbios 23:22-25).
¿Adónde vamos?
No cabe duda que el ser humano se interesa por el futuro. Por tal razón, como la muerte es una realidad constante siempre se pregunta: “¿Qué pasa después de ella?” Aquí, la Biblia desde su mismo principio es clara. Veamos cuál sería el futuro del hombre, según Génesis 2:17: “Pero en cuanto al árbol del conocimiento de lo bueno y lo malo, no debes comer de él, porque en el día que comas de él, positivamente morirás”. La muerte sería el justo castigo si resultaba infiel o desobediente. Entonces, ¿cuál sería su premio si obedecía?: La vida eterna, algo que Jehová no ha olvidado (Léase Juan 3:16; 17:3)
El mismo libro de Génesis nos dice que cuando el hombre desobedeció (Léase Génesis capítulo 3), volvió al mismo estado que estaba antes de ser creado: la inexistencia, porque antes era polvo del suelo y retornó al mismo estado (Génesis 3:17-19). Y así concuerdan otras partes de las Escrituras: Salmos 146:3-4; Eclesiastés 9:5-6, 10; Isaías 38:18-19). Jehová, el Creador, nunca le dijo a Adán que subiría al cielo en un tiempo en el futuro, o que sufriría eternamente en un fuego castigador por la eternidad si desobedecía. Adán desobedeció y al pecar recibió la sentencia declarada: la muerte (Compare con Romanos 5:12; 6:23).
Como vimos, la Biblia responde de modo sencillo pero contundente las tres preguntas fundamentales que la humanidad formula a través del tiempo. Y aunque quedan muchos detalles pendientes, tenga la plena confianza que la Biblia también responderá a esas nuevas inquietudes o interrogantes. Le animamos a, primero, leer toda la Biblia (Léase 2 Timoteo 3:16-17), y, segundo, a escudriñarla cuidadosamente mediante un estudio regular de ella (Léase Hechos 17:10-11).
miércoles, 18 de mayo de 2011
La Biblia contesta: ¿Puede el hombre predecir el futuro?
¡Imagínese poder predecir el futuro! Eso significaría poder controlar no sólo nuestra vida, sino también la de otras personas. ¿Le suena apetecible? Podríamos hacer los ajustes necesarios para corregir el rumbo y obtener innumerables e inmensos beneficios. Pero, ¿puede el hombre predecir el futuro? Existen a través del tiempo incontables relatos de individuos que han alegado haber predicho el futuro, y quizá Nostradamus es el más famoso, mas no el únco. Sin embargo, ¿por qué no es un don común a toda la humanidad en todos los tiempos? Si tan sólo se pudiese predecir el clima o alguno que otro desastre natural, eso ahorraría mucho dinero y sufrimiento a la humanidad, si mencionar que salvaría muchas vidas. ¿Tiene el ser humano ese poder, a pesar del adelanto tecnológico alcanzado? La respuesta es un contundente: ¡NO!
Hoy, en particular, sería muy útil para la humanidad que se pudiese predecir el futuro. ¿Por qué? Debido a los problemas y la situación angustiosa que atraviesa el mundo, en especial desde 1914, como bien lo señalan muchos pensadores y filósofos y usted mismo pued atestiguar en los hechos cotidianos. De hecho, la Biblia profetizó “un tiempo de angustia” sin precedentes que anunciaría 1) la presencia invisible del Señor Jesucristo y 2) la cercanía del Reino de Dios a establecerse en la Tierra (Compare con Lucas 21:5-31). Esa si que es una profecía que vale la pena conocer y entender, ¿no es cierto?
No resulta extraño que en este tiempo se presenten muchos “visionarios” (o videntes) que de vez en cuando aparecen en los medios y “comparten” sus pronósticos acerca de muchos sucesos, que en algunos casos pasmosos parecen coincidir en lugar y fecha. Es comprensible que muchas personas pongan “fe” en tales pronósticos y se vuelvan aficionadas a estudiar a fondo toda clase de “visiones”. (Lo mismo sucede con los horóscopos y cartas astrales, que caen dentro del mismo rango de predicción).
Intentos por predecir el futuro correctamente
Como ya se ha mencionado, Nostradamus es el más conocido (y consultado) de los “pronosticadores de sucesos”, pero no ha sido el único. Así, hay que considerar que muchas veces los pronósticos o predicciones son bastante vagas y están sujetas a una diversidad de interpretaciones, como suele suceder. Se han escrito muchos libros que se contradicen entre sí respecto a la correcta interpretación de las predicciones de Nostradamus y de otros, que sería agotador tratar de conciliar todas ellas en una sola vida (Compare con Eclesiastés 12:12). Incluso, de lograrlo tendría muy poco efecto práctico en la vida y escaso beneficio para la humanidad en general.
En el siglo XX, incluso muchos líderes políticos predijeron con mucha firmeza algunos acontecimientos que nunca se cumplieron. Por ejemplo, Adolfo Hitler anunció con mucha soberbia que el Tercer Reich alemán duraría “mil años”, pero tan sólo 11 años después de su ‘predicción’ Alemania estaba derrotada y en ruinas. Su predicción resultó falsa, aunque millones de personas (y no sólo en Alemania) pusieron fe y todo su empeño en ella.
Un poco antes, en plena Primera Guerra Mundial, Woodrow Wilson, entonces Presidente de los Estados Unidos predijo un mundo de “paz y seguridad” e ideó un organismo político, La Liga o Sociedad de Naciones, para alcanzar tal objetivo. ¿Tuvo éxito? No, unos pocos años después, el 1 de setiembre de 1939, la humanidad se enfrascó en una guerra aun más mortífera que la Primera, a cuyo final el mundo era todo, menos un lugar “seguro y pacífico”. Hasta hoy, pese a los esfuerzos denodados de las Naciones Unidas (sucesora de la Sociedad de Naciones, pero con los mismos objetivos), el mundo pende de un hilo debido al efecto destructivo de la energía nuclear, como lo demuestra la reciente catástrofe en Fukushima, Japón (sin olvidar la no muy lejana ocurrida en Chernobyl, Ucrania, en 1986). ¿Es el mundo de hoy uno de “paz y seguridad”? Usted sabe la respuesta, pero de eso hablaremos un poco más adelante.
Adolfo Hitler y Woodrow Wilson no han sido los únicos, por cierto. Hoy, no es posible siquiera predecir como amanecerá la Bolsa de Valores al día siguiente, o cuál será la fluctuación de la moneda, y a pesar de todos los adelantos tecnológicos disponibles, nadie pudo predecir la destrucción que causó el huracán Katrina, que en un principio se movía poco amenazadoramente por el Golfo de México, hace unos poco años. La ciudad de Nueva Orleans fue repentinamente golpeada por uno de los huracanes más potentes de la historia que incrementó su poder casi sobre sus propias costas. ¿Alguien pudo predecir eso? Nadie, y el daño resultó incalculable en todo sentido.
No hay que olvidar que para predecir un suceso es necesario contar con todos los elementos de una situación determinada. Por ejemplo, para predecir el tiempo hay que tener en cuenta un sinnúmero de factores, como el viento, la humedad, el suelo, la estación, entre otros. Aun cuando se conozcan las magnitudes de cada factor, cada científico puede tener una particular interpretación acerca de cómo obrarán para predecir el tiempo. No existe una computadora capaz de reunir, evaluar y ofrecer un acertado pronóstico del clima en ninguna parte del mundo. Como suele suceder, a menudo los pronósticos del tiempo se equivocan, con las consecuencias molestias y pérdidas económicas, como la cancelación de vuelos comerciales o la ruina de cosechas que se tenían por seguras, sin mencionar la pérdida de vidas humanas. (En lo que va de 2011, casi 500 personas han muerto en Colombia por las inundaciones, que nadie puede predecir hasta el momento).
Intentar pronosticar el tiempo u otra clase de sucesos en el complejo campo humano parece simple para algunos; pero, a semejanza del aparentemente sencillo juego de ajedrez, las posibilidades a tener en cuenta son infinitas y nadie puede reunir toda la información necesaria para lanzar el más simple de los pronósticos. (De hecho, cada semana alguien acertaría la lotería no sólo en algún lugar del mundo, sino en todas las naciones, ¿verdad?). Se sabe incluso, que hasta ajedrecistas escolares han derrotado a supercomputadoras que tenían los más complejos sistemas informáticos de última generación. Si no es posible prevenir todos los movimientos del ajedrez, ¿cómo podría el hombre prever los asuntos humanos, mucho más complejos y sujetos a un mayor número de variantes que todos los juegos de ajedrez juntos?
Los asuntos humanos están regidos más por la impredecible voluntad humana que por leyes fijas e inalterables, que de algún modo podrían predecirse, por decir lo menos. Claro, debido a la ley de las posibilidades y probabilidades, si existe una medida de éxito aunque muy remota, como aparentemente ha sucedido en el pasado y hasta la fecha, al igual como pese a todo alguien acierta el número correcto de la lotería de vez en cuando.
Así, por ejemplo, predecir un desastre natural en un país frecuentemente asolado por ellos, no escaparía a la posibilidad o probabilidad elevada de que acontezca uno. Pero, en la mayoría de los casos, aun en los que más probabilidades tenía, no han ocurrido tal y como se habían previsto, en lugar, fecha o magnitud. Por supuesto, se da publicidad (a menudo exagerada y desproporcionada) a los “aciertos” que a los fracasos, con lo que crece la expectativa de nuevas predicciones, debido principalmente a los beneficios económicos que reporta al “visionario” y a sus “publicistas”.
Las predicciones de la Biblia
A diferencia de los pronosticadores humanos, Jehová, el Dios de la Biblia sí tiene la capacidad plena de conocer y revelar lo que el futuro depara con toda exactitud. Mucho de ese conocimiento lo ha revelado en su Palabra, la Biblia: “Yo soy Dios, y no hay nadie semejante a mí; yo revelo desde el principio el final, desde la antigüedad lo que sucederá; yo digo: ‘Mi propósito se cumplirá, haré todo mi deleite.’ . . . Fíjense en esto; lo he hablado, y lo realizaré.” (Isa. 46:9-11, New English Bible).
¿No es verdad que cuando un pronosticador parece acertar recibe abundante publicidad y, a veces, no poca ganancia y honra? ¿Qué hay de Dios, entonces? ¿No debería recibir tanta o más publicidad y honra al respecto; más aún cuando todas sus profecías se han cumplido? Además, al revelar el futuro al hombre, prueba su sincero y profundo interés en su bienestar. Por ejemplo, anunció unos 120 años antes la destrucción de un mundo violento en los días de Noé. ¿Con qué propósito? Como una advertencia; pero pocos hicieron caso (Compare Génesis 6:3, 6-21 con Mateo 24:37-39). En otra ocasión, predijo, mediante Jesucristo, la caída de Jerusalén y su desolación de parte de las fuerzas romanas, que se cumplió con exactitud en 70 EC. (Lucas 21:20-24). Así, sus discípulos, cuatro años antes pudieron ‘hacer caso’ y escapar fuera de Judea cuando temporalmente los romanos retiraron sus tropas en 66 EC.
Así, existe una variedad de profecías que tienen que ver con nuestro propio futuro, cuya garantía de cumplimiento radica en que muchas otras, sí, de hecho, centenares de ellas se cumplieron con toda exactitud (Isaías 55:8-11). Muchas profecías bíblicas se están cumpliendo en la actualidad y se están publicando ampliamente por toda la Tierra habitada (Mateo 24:3, 14). Y no es extraño, que la mayoría de personas ‘no hagan caso’ a las advertencias reiteradas de la cercanía del Armagedón, así como la humanidad no hizo caso al Diluvio que barrió al mundo de entonces (2Pedro 3:5-7). ¿Por qué sucede así? Por la misma razón: la presencia e influencia de demonios (Compare Génesis 6:1-10 – Revelación 12:9, 17). Satanás y sus demonios, hoy como entonces no permiten que las buenas nuevas resplandezcan (2 Corintios 4:4) y sean oídas y aceptadas por la mayoría de las naciones, a quienes están extraviando y conduciendo a su propia destrucción en el juicio de Dios que se avecina (Revelación 16:14, 16). Todo intento por sembrar la semilla de la verdad en los corazones de la gente, se ven frustrados por la inmediata acción de los demonios (Marcos 4:1, 4, 14-15).
El Diablo utiliza los mismos medios que le han dado excelentes resultados en el pasado, entre ellos el espiritismo y la adivinación. No es extraño que Jehová prohibiera enfáticamente la presencia de adivinadores, médiums espiritistas y pronosticadores de sucesos (profesionales o no) (Compare con Deuteronomio 18:10), que hoy abundan por todas partes, en especial entre las naciones de la cristiandad (Compare con Mateo 7:21), algo que está prohibido (Hechos 16:16-18) y que forma parte del fruto de la carne (Gálatas 5:19-21).
Claro está, que si la humanidad en general se halla alejada de Dios y en ignorancia de Su voluntad (Hechos 17:30, 31; Efesios 4:17-18) nunca va a obedecer el mandato de no confiar en otros humanos (Salmos 1:1; 146:3-4; Jeremías 17:5), incluso en sus aparentemente infrecuentes y exitosas profecías, que en la mayoría de los casos parecen tener cierta inspiración demoníaca (Mateo 24:4-5; Santiago 3. 15:16). Está claro que por sí solo el ser humano no tiene la capacidad de predecir el futuro, pero los demonios sí poseen ciertos poderes, incluso milagrosos (como el profetizar) y que pueden utilizarlos para beneficiar de algún modo a los seres humanos (2 Corintios 11:14-15), aunque su propósito real sea alejarlos del Creador (1 Timoteo 4:1; Revelación 16:14).
Aunque la Biblia contiene profecías escritas mediante hombres, el hecho de su exacto cumplimiento demuestra que la fuente es superior al ser humano. La Biblia asegura con firmeza: “Ninguna profecía de la Escritura proviene de interpretación privada alguna. Porque la profecía no fue traída en ningún tiempo por la voluntad del hombre, sino que hombres hablaron de parte de Dios al ser llevados por espíritu santo.” (2 Ped. 1:20, 21). Y aunque en su tiempo algunas de ellas fueron difíciles de entender (Daniel 12:8), incluso por los propios escritores inspirados, eso no significa que con el tiempo dejaran de cumplirse, lo que demuestra su veracidad y exactitud. Tan sólo en Jesucristo se cumplieron unas trescientas profecías del Antiguo testamento (o Escrituras Hebreo-arameas).
Profecías para nuestro tiempo
La humanidad vive un momento crucial, y está claro que los demonios, liderados por Satanás el Diablo, entorpecerán todo esfuerzo por iluminar a la gente respecto a la salvación, pues actuarán siempre en oposición a la voluntad de Jehová (1 Timoteo 2:3-4). Los que prefieran confiar en las predicciones humanas, inspiradas por los demonios mediante el espiritismo sufrirán el castigo judicial de muerte eterna (Revelación 21:8; 22:11, 15). Los que se acerquen a Dios en cambio, estarán resistiendo los deseos del Diablo de entramparlos (Efesios 4:27; 6:11; Santiago 4:7-8) y caer en su engaño (Juan 8:44) con la muerte en mira (Hebreos 2:14).
Por ejemplo, nadie esperaba que se produjese una Guerra a escala mundial en 1914. Muchos profetizaban una época de paz sin precedentes en la historia humana, pero no fue así. Vea unos ejemplos:
· “La I Guerra Mundial le puso fin al más largo período de paz general en la historia europea (43 años). . . . Había, antes de 1914, un libre fluir de ideas y una creencia universal en el progreso continuo. . . . La edad de oro de la historia europea concluyó abruptamente.”—Encyclopædia Britannica (1959), Tomo 8, página 869.
· “En ninguna parte, ni siquiera en el verano de 1914, se hizo una decisión calculada y de antemano para una guerra global.”—Joachim Remak, The Origins of World War I.
Sin embargo, Jesucristo y otros apóstoles cristianos, conforme lo registra la Biblia, profetizó con mucha anterioridad los sucesos que ocurrieron a partir de 1914: Guerra, hambre, peste en un lugar tras otro, la aparición de falsos Cristos o Mesías (como Hitler, Lenin, Mussolini, Wilson, Roosevelt, Churchill, entre muchos otros), la predicación mundial del Reino de Dios, así como el deterioro en la conducta general de toda la gente de la tierra. (Compare con Mateo capítulo 10, Marcos capítulo 13; Lucas capítulo 21 y 2 Timoteo 3:1-5). ¿Necesita usted alguna clase de prueba de que eso acontece desde 1914 en adelante, y que hay poca esperanza que por esfuerzos humanos habrá alguna mejoría (2 Timoteo 3:13)? Le invitamos a leer los textos citados y comparar con lo que usted ha visto (y ve) en su vida. Repasar los acontecimientos históricos desde 1914 le ayudarán a ver que no es para un futuro lejano el cumplimiento de tan exactas profecías… ¡ya se están cumpliendo como preámbulo del fin (Mateo 24:14; Lucas 21:31).
En nuestros días, las naciones también se esfuerzan por alcanzar alguna medida de “paz y seguridad” y es seguro que no faltarán los anuncios altisonantes acerca de los progresos alcanzados, pero, como en el pasado, fracasarán sin duda (2 Tesalonicenses 5:1-3). Recuerde, también, que es el Diablo, no Jehová Dios, quien gobierna a este mundo impío (Mateo 4:8-10; 1 Juan 5:19; Revelación 12:9; 13:1-4), y él puede manipular los asuntos para que parezca que tiene el poder de modificar el futuro a su antojo. Y esto no debe sorprenderle en absoluto: las naciones están cada vez más divididas en todo campo del quehacer humano, y el nacionalismo las empuja a buscar sus propios intereses antes que el de los demás (Compare con Filipenses 2:3-4), y el bienestar de todas las personas.
Jehová se ha propuesto destruir, no reformar, este mundo y sus sistemas político, comercial y religioso por completo. Mientras ese día llega está dando advertencia pacientemente a todo aquél que quiera oír y escapar de esa masiva destrucción (2 Pedro 3:8-10). Hoy, usted tiene la oportunidad de conocer la voluntad de Dios (Romanos 12:1-2) y meditar y elegir si la obedecerá con la expectativa de vivir para siempre (1 Juan 2:17).
Sí, Jehová, que es el único capaz de predecir el futuro (Mateo 24:36) con toda exactitud, desea que ‘nadie sea destruido’. Ha otorgado el más grandioso regalo a la humanidad: el valioso rescate de Jesucristo, quien ofreció su sangre por la salvación de todo el que ejerce fe (Juan 3:16, 36). La Biblia contiene toda la información confiable y precisa para obtener la salvación mediante Cristo Jesús (2 Timoteo 3:14-17).
Aunque no sabemos con exactitud el día y la hora del Armagedón (Mateo 24:36), al igual que una mujer embarazada sabe que ha llegado la hora para el parto, todo apunta a que estamos cada vez más cerca del fin predicho en la Biblia, y nada ni nadie podrá impedirlo ¿Por qué no dedica unos minutos al día a leer las Santas Escrituras (Salmos 1:1-2), en vez de seguir temiendo el futuro incierto que pronostican de vez en cuando “visionarios” sin ningún fundamento sólido? La decisión está en sus manos, por supuesto. Ese es un privilegio, en base a su propio libre albedrío, que Dios mismo le otorga (Deuteronomio 30:15-20). Lo que sí estamos convencidos es que usted no acabará desilusionada (Romanos 5:5; 1 Pedro 2:6), ni vivirá en temor mórbido del futuro (Salmo 91), y como dijo el salmista, sin importar lo que el futuro depare, usted ‘se acostará en paz y también dormirá, porque Jehová le hace morar en seguridad’ (Salmos 4:8). Nadie más puede darle esa seguridad, pues aunque durmiese en la muerte, Jehová lo rescatará del sepulcro al tiempo debido (Juan 5:28, 29; Hechos 24:15; Revelación 20:13)