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miércoles, 6 de marzo de 2013

La Biblia en verso de Ruyard Kipling

Una diatriba tan jocosa como implacable contra la intrusión de la prensa, festoneada en verso, expresa el odio visceral que Rudyard Kipling(Bombay, 1865-Londres, 1936) sentía hacia los colegas del que fuera su primer oficio. La escribió cuando ya era una firma consagrada, tan solo ocho años antes de que le concedieran el Premio Nobel de Literatura, pero nunca había salido a la luz, como tampoco otro medio centenar de poemas recién descubiertos entre el legado del autor de El libro de la selva. La primera edición completa de su vasta obra poética, que se publicará mañana en el Reino Unido, integra esas composiciones inéditas, revelándonos a un Kipling muy emocional y sorprendentemente crítico al encarar las secuelas de la guerra, o dotado de gran sentido del humor mientras busca entretener con sus rimas al británico común.
Reconocido desde su propio tiempo como un innovador y maestro del relato corto, aunque sometido póstumamente a un duro juicio extraliterario por encarnar las ansias imperiales británicas, Kipling cultivó también desde la juventud el género de la poesía, sin generar controversia pero tampoco especial atención para la posteridad. Sus versos más conocidos, entre los que sobresalen los de If (Si) yMandalay, pueden contarse con los dedos de una mano, porque el grueso de una producción de más de 1.300 poemas había sido hasta ahora bastante desatendido por los expertos.
Thomas Pinney, catedrático en el Pomona College de California, quiso ahondar en esa faceta por encima de los “prejuicios políticos”, y acabó rescatando varios títulos desconocidos de Kipling en los lugares más insospechados: no solo entre los dispersos papeles familiares que nadie indagó antes, sino también en el archivo del antiguo director de una naviera (Cunard Line) o en un edificio de Manhattan que estaba siendo objeto de obras de renovación.
 
“Kipling fue un hombre de su tiempo que escribió desde un punto de vista imperial, y por eso ya no es hoy un autor tan popular, pero sus poemas siempre han conseguido cautivar y atrapar al lector corriente”, subraya Linda Bree, responsable de la edición de Cambridge University Press que se compone de tres volúmenes con la totalidad de los 1.300 poemas, medio millar de ellos nunca catalogados, y con la perla de más de 50 cuya existencia no se conocía.
La temática sencilla de muchas de sus poesías, admite Bree, pudo resultar poco atractiva en su momento para los estudiosos, más volcados en la prosa de Kipling, en narraciones que han pasado a la posteridad como El hombre que pudo reinar (1888), trasladada al cine por John Ford.
El hallazgo de esos 50 nuevos títulos nos abre al Kipling poeta que escribía sus versos en cualquier soporte al alcance, como un simple trozo de papel, que los concebía como regalos o para comunicarse con sus allegados. También a un hombre con la emotividad a flor de piel en sus poemas inspirados en la Primera Guerra Mundial, una contienda que en principio apoyó pero que acabó cuestionando tras la muerte de su hijo John en la batalla de Loos de 1915. Títulos como Epitafios de la Guerrareflejan la identificación del autor con los soldados rasos británicos y su ira contra las autoridades. El compendio que publica Cambrige University Press inserta información adicional sobre el contexto en el que fue concebida cada poesía, como por ejemplo las notas que el propio escritor tomó durante una visita a las tumbas de los caídos en Bélgica y Francia en 1924.
Kipling traslada su vocación poética también a su conocida aversión hacia el entrometimiento de los periódicos de la época en las vidas privadas. “Mucha gente que hoy se siente en el punto de mira de los medios probablemente suscribiría los versos del poema La prensa”, sugiere Bree.
Kipling recoge en ese texto sus inquietudes sobre los efectos de la cultura popular en los valores tradicionales a los que se aferraba, y carga contra los miembros de un oficio en el que él mismo se estrenó como escritor. Quizá por ello nunca lo publicó. Nacido en el Bombay colonial, educado en Inglaterra y regresado a la India para ejercer el periodismo, a los 21 años produjo su primera colección de versos, aunque fueron sus numerosos relatos breves y escasas novelas como Kim los que le convirtieron en un autor reverenciado a finales del siglo XIX y principios del XX.
Tildado por George Orwell de “profeta del imperialismo”, los cambios políticos y sociales que alumbraron el pasado siglo acabaron proyectando una sombra sobre el gran cronista de una ideología caduca que oscureció la apreciación de su calidad literaria, de su ingenio e imaginación. Por el camino quedaron esos poemas, definidos por el profesor Pinney como un tesoro oculto que a partir de esta semana vale la pena descubrir.

miércoles, 20 de junio de 2012

Hallan prueba de la existencia de la Belén bíblica

Arqueólogos hallan prueba reciente de la existencia de la Belén bíblica

Arqueólogos israelíes han hallado en Jerusalén un sello de arcilla con la inscripción "Bat Lejem", que supone la primera evidencia arqueológica de la existencia de Belén durante el periodo en que aparece enunciada en la Biblia, informó hoy la Autoridad de Antigüedades de Israel. Se trata de una especie de esfera de arcilla que se usaba para sellar documentos u objetos, de 1,5 centímetros, desempolvada en las polémicas excavaciones del "Proyecto Ciudad de David", en el poblado palestino de Silwán, en el territorio ocupado de Jerusalén Este.
 La pieza dataría de los siglos VII u VIII antes de Cristo, por lo que es medio milenio posterior a las Cartas de Amarna, una correspondencia, sobre todo diplomática, inscrita en lengua acadia sobre tablillas de arcilla entre la Administración del Egipto faraónico y los grandes reinos de la época o sus vasallos en la zona. Allí aparece mencionada por primera vez "Bit-Lahmi", en una misiva en la que el rey de Jerusalén pide ayuda al egipcio para reconquistarla.
 El descubrimiento anunciado hoy remite a una época posterior, la del Primer Templo Judío (1006 - 586 a. C.), en la que aparece citada en el Antiguo Testamento como parte del reino de Judea. "Es la primera vez que el nombre de Belén aparece fuera de la Biblia en una inscripción del período del Primer Templo, lo que prueba que Belén era una ciudad en el reino de Judea y posiblemente también en periodos anteriores", señaló el responsable de las excavaciones, Eli Shukron, en un comunicado.
 A tenor de la inscripción, Shukron estima que "se envió un cargamento desde Belén al rey de Jerusalén en el séptimo año del reinado" de un monarca que no se especifica, pero que podría ser Ezequías, Manases o Josías. La pieza (bulla) es del grupo de las "fiscales", es decir, sellos administrativos "usados para sellar cargamentos de impuestos que se enviaban al sistema fiscal del reino de Judea a finales de los siglos VII u VIII antes de Cristo", agrega el experto.

[Tomado de EFE.com, 22 de mayo 2012]

martes, 19 de junio de 2012

La Biblia contesta: ¿Qué significa "la carne" en las Escrituras?

En términos generales, la palabra hebrea ba·sár y la griega sarx denotan la sustancia blanda de un cuerpo físico, ya sea de un ser humano o animal, en particular, a las partes compuestas fundamentalmente de músculo y grasa. Correctamente, la Biblia indica que existen diferentes clases de carne en la inmensa variedad de seres vivos (1Co 15:39). La ciencia moderna ha comprobado la veracidad de esa expresión (Juan 17:17).
 Sin embargo, la palabra "carne" puede referirse al parentesco, pues el Génesis contiene la expresión de Adán al recibir a Eva: “hueso de mis huesos y carne de mi carne”. (Gé 2:23; véanse también Gé 29:14; 37:27; 2Sa 5:1.) Por eso, al esposo y a su esposa se les dice: “Tienen que llegar a ser una sola carne”, modo sumamente expresivo de indicar la estrecha relación que debe existir entre ambos. (Gé 2:24; Mt 19:5, 6.) Pablo dice que Jesús “provino de la descendencia de David según la carne”. (Ro 1:3; compárese con 9:3.)
 Por extensión, la carne siendo la visible y tangible del cuerpo, se utiliza por extensión para aludir a todo el cuerpo en un sentido general. (Le 17:14; 1Re 21:27; 2Re 4:34.) También con esta palabra se hace referencia a una persona como creación humana de carne. (Ro 7:18; Col 2:1, 5.) A toda la humanidad, en especial desde el punto de vista de Dios, que es el Espíritu, se la designa con el término “carne” (Gé 6:12; Isa 66:16; Lu 3:6), y a veces también se incluye en este término a la creación animal. (Gé 7:16, 21.) La Biblia a menudo contrasta la carne con Dios, el Espíritu, a fin de resaltar la relativa insignificancia del hombre. (Gé 6:3; 2Cr 32:8; Sl 56:4.) No obstante, desde su posición superior, Jehová es consciente de este hecho y lo toma en cuenta al tratar a la humanidad con sobresaliente bondad amorosa y misericordiosa gran paciencia. (Sl 78:39; compárese con Sl 103:13-15; 1Pe 1:24, 25.)
La palabra “carne” también puede referirse a una parte del cuerpo, en particular al órgano genital masculino. Levítico 15:2 dice: “En caso de que le ocurra a cualquier hombre un flujo de su órgano genital [literalmente, “su carne”], su flujo es inmundo”. (Compárese con Gé 17:11; Éx 28:42; Ef 2:11; Col 2:13.)
 Figurativamente, la Biblia emplea a menudo la palabra “carne” para referirse al hombre en su estado imperfecto, ‘concebido en pecado’ por ser prole del rebelde Adán. (Sl 51:5; Ro 5:12; Ef 2:3.) En los seres humanos que se esfuerzan por servir a Dios, “el espíritu [la fuerza impelente que emana del corazón figurativo] [...] está pronto, pero la carne es débil”. (Mt 26:41.) Estos siervos de Dios tienen en su interior una lucha constante; el espíritu santo de Dios es una fuerza que impulsa hacia la justicia, mientras que la carne pecaminosa guerrea continuamente contra la influencia del espíritu y ejerce presión para inducir a la persona a realizar las obras de la carne. (Ro 7:18-20; Gál 5:17.) En Gálatas 5:19-23 se contrastan las obras de la carne pecaminosa con el fruto del espíritu.
 Cuando el apóstol Pablo comenta que la “carne [...] no está sujeta a la ley de Dios, ni, de hecho, lo puede estar”, no quiere decir que la carne en sí misma sea necesariamente corrupta. El propio Pablo nos dice que Jesucristo, a pesar de haber participado de sangre y carne y haber llegado a ser “semejante a sus ‘hermanos’”, fue “sin engaño, incontaminado, separado de los pecadores”, “probado en todo sentido igual que nosotros, pero sin pecado”. (Ro 8:7; Heb 2:14, 17; 4:15; 7:26.) Jehová probó que la carne humana puede estar libre de pecado: “Dios, al enviar a su propio Hijo en la semejanza de carne pecaminosa y tocante al pecado, condenó al pecado en la carne”. (Ro 8:3.) Gracias a la provisión del sacrificio de Cristo, habrá un día en que toda carne que ejerza fe llegará a ser perfecta, y entonces la humanidad carnal obedecerá a la perfección las leyes justas de Dios. (Rev 21:4.)

[Adaptado del libro "Perspicacia para Entender las Escrituras", publicado por la Sociedad Watch Tower]

jueves, 17 de mayo de 2012

La Biblia contesta: ¿Cómo acercarse al Oídor de la oración?

“Oh Oidor de la oración, aun a ti vendrá gente de toda carne.” (SALMO 65:2.)

Sólo los seres humanos poseemos la necesidad y la capacidad de buscar y adorar al Creador. Sentimos un impulso, a diferente grado, de satisfacer nuestras necesidades espirituales. Por eso, la inmensa mayoría de seres humanos, de todos los tiempos ha ideado diversas formas de religión (re-ligar a Dios con el hombre) para ese fin.
Es evidente que los humanos tenemos una necesidad básica de comunicarnos, y no es extraño que busquemos comunicarnos con el Dios Todopoderoso, Creador del cielo y tierra. Al desobedecer a Dios, la primera pareja human perdió el privilegio de comunicarse con Dios directamente (Génesis 3:8-13, 17-24). Y, para sus descendientes imperfectos es aún mucho más difícil (aunque no imposible) alcanzar esa comunicación vital. Sin embargo, aunque posible, Dios ha establecido ciertos requisitos y condiciones para alcanzar comunicarnos con Él. Y esto es comprensible, pues usted mismo para tener una buena relación con sus familiares y amigos, o compañeros de trabajo o escuela, o los vecinos, acepta ciertas costumbres sociales elementales, o de gusto personal.
Una primera condición es aceptar que somos pecadores, y por lo tanto inferiores a Dios; entonces, la humildad es necesaria para intentar comunicarnos con el Creador (Lamentaciones 3:42, 44). También, se requiere fe (Santiago 1:5-8), así como estar dispuesto a obedecer a Dios, cuando Él responda (1 Juan 5:3), pese a que tengamos que sufrir en el proceso, y no desear cosas perjudiciales o contrarias a la voluntad de Dios. La Biblia contiene muchos buenos ejemplos de siervos del pasado que oraron con fe y humildad, y recibieron respuesta de parte de Jehová (Romanos 15:4; 1 Corintios 10: 6, 11): Abrahán (Génesis 15:2, 3; 18:23-33), Jacob (Génesis 28:20-22; 32: 9-12) y Job (Job 1:5; 42: 7-9). Pero, hay muchos otros buenos ejemplos.
Sin embargo, ¿sólo los siervos del Dios verdadero, Jehová, pueden dirigirse a Él en oracion?  No, según lo que la Biblia registra: “Sea cual fuere la oración, sea cual fuere la petición de favor que se haga de parte de cualquier hombre o de todo tu pueblo Israel [...]; cuando él realmente extienda las palmas de las manos hacia esta casa, entonces dígnate oír tú mismo desde los cielos” (2 Crónicas 6:29, 30; compare con Lucas 1:8-10). Jehová con gusto acoge las peticiones hechas debidamente... de cualquier persona.
Cuando Jesús fue ungido como el Mesías prometido se inició un período en el cual, un poco más adelante, se eliminaría el sistema judío de adoración. Gracias al sacrificio de Jesús, ya no era necesario un arreglo terrenal (con un templo, una clase sacerdotal y ofrecer sacrificios animales, por ejemplo) para buscar el favor de Dios (Hebreos 9: 11-14). Y los evangelios muestran que Jesús oraba de continuo a su Padre, Jehová (Mateo 6:9-12; 14: 19; 26:36, 39, 4; Marcos 6:41; 8:6; 14:32, 35-36, 39; Lucas 6:12-13; Juan 11:41-42;12:27-30), un buen ejemplo a seguir, por cierto. Una gran muchedumbre, de todas las naciones, tribus y lenguas pueden acercarse a Dios hoy día (Isaías 2: 2-3; Revelación 7: 9-15), con la confianza de que Jehová sí escucha sus oraciones. Pero, hay requisitos elementales para que nuestra oración sea acepta a Dios. Veamos:
La Biblia asegura que "no importa qué sea lo que pidamos conforme a su voluntad, Él nos oye" (1 Juan 5:14), y esto no es extraño, porque Jesús enseño en la oración modelo´: "Efectúese tu voluntad" (Mateo 610). No es indebido pedir acerca del alimento, la ropa y la vivienda, o simplemente por un trabajo que nos permita cubrir esas necesidades básicas (Mateo 6: 24-34), pero preste atención cuidadosa al versículo 33 del capítulo 6 del evangelio de Mateo. También es bueno meditar en 1 Juan 2:15-17 que nos advierte que al orar a Dios no podemos incluir la satisfacción de los deseos de los ojos, ni de la carne ni alcanzar una posición de exhibición ostentosa de nuestros medios de vida: cosas que provienen del mundo [dominado por Satanás el Diablo] y no del Padre. 
Es evidente que Dios no escucha todas las oraciones, ni siquiera de aquellos que afirman servirle (Isaías 1:12-17), pero que llevan una vida en contra de Su voluntad; por eso, cuan detestable le es la oración del inicuo (Proverbios 15:8). Sólo si empezamos a limpiar nuestra vida, obedeciendo, paulatinamente, las normas sagradas de Dios, conforme avanzamos en su estudio meditado, Dios escuchará y contestará nuestras oraciones (Mateo 7:21-23).
Una condición final: Tenemos que orar a Jehová, el único Dios verdadero (Juan 17:3; 1 Corintios 8:5-6) mediante Jesús (Juan 14:6; 15:6; 16:23-24; Efesios 2:13, 18), pues aboga por nosotros ante Dios para que nos acepte, pese a nuestra imprefección y tendencia pecaminosa, como justos (1 Juan 2:1, 2). Estudiar la Biblia con regularidad, esforzarse por aceptar y cumplir las normas de Dios y vivir en armonía con la voluntad de Dios, nos permitirá asegurarnos que las oraciones que hagamos, con fe, humildad y mediante Cristo Jesús, serán escuchadas y contestadas apropiadamente.

martes, 14 de febrero de 2012

La Biblia contesta: ¿Cristiano y filántropo?

La tendencia hacia la filantropía parece estar cobrando auge en el mundo entero. Artistas, empresarios, deportistas destacados y hasta personas comunes se dedican con constancia a cuanta obra de caridad se presente, e incluso crean sus propios movimientos. ¿A qué se debe esto? Para nadie es extraña la imagen repetida en los noticiarios que muestra la pobreza, la miseria en la que viven millones de personas, a menudo sin merecerlo. La ineptitud de muchas autoridades, el vacío legal, las guerras y desastres naturales, el desplome económico a nivel mundial, la inmoralidad en todo sentido, son factores que contribuyen que muchas personas no reciban lo necesario para su sustento básico.
Este fenómeno de “abandono” no es exclusivo de los países en vías de desarrollo, pues en los países más ricos existen millones de personas que viven por debajo del nivel de pobreza ‘aceptable’ En Nueva York, Washington, D.C., Tokio, Londres, París se pueden observar a miles de gente sin hogar, y abundan los centros de refugio para indigentes, que no se dan abasto y el número de refugiados aumenta año en año.
Es imposible negar que todo ser humano siente el impulso de ayudar, aportar “su granito de arena”, y muchos organismos gubernamentales e internacionales contribuyen miles de millones de dólares para ayudar a gente de toda clase, sin importarles su raza, religión, género o cualquier otra consideración. De hecho, al haber sido creados a imagen y semejanza de un Creador misericordioso y amoroso, es comprensible que, salvando las distancias, intenten aliviar el dolor y sufrimiento de sus semejantes. Puesto que muchas más personas se interesan en estos asuntos, algunos optimistas piensan que en un futuro cercano muchos de los actuales problemas que aquejan a la humanidad se verán, si no resueltos, aliviados a un grado considerable. ¿Piensa usted así?
Sin embargo, el dinero y la buena voluntad no lo es todo. Para empezar, meditemos acerca de por qué existe el hambre, la desnutrición y la pobreza. La Tierra produce suficiente alimento para sostener a un población decenas de veces mayor a la actual, pero no llega a todos en una proporción adecuada. Paradójicamente, la obesidad es un problema nacional, que a veces alcanza al 40% de toda la población, en muchos países ricos. Mientras que en muchos países pobres obtener la ración del día es un asunto de ‘vida o muerte’. El hambre y la desnutrición degeneran en un desplome del sistema inmunitario y en poca capacidad intelectual y mental, lo que lleva a millones de personas a sufrir de enfermedades y síndromes que se pudieran haber evitado de recibir suficiente alimento tan sólo.
Todos debemos recordar que todos los seres humanos somos imperfectos (Rom 3:23), por lo que no siempre nuestras acciones son correctas; más a menudo de lo que deseamos cometemos errores de juicio o tomamos decisiones incorrectas que nos afectan al igual que a otros. La Biblia es clara al decir que muchas de las cosas malas que la gente hace, que las empuja a la degeneración y la pobreza (y sus secuelas), se debe a que simplemente ‘no conocen a Dios’ (Juan 4:22; Rom 1:24-32). Al pasar por alto las claras instrucciones que Dios ha puesto en sus propias conciencias (Rom 2:13-15) y las pautas que ha revelado para nuestro beneficio en su Palabra, la Biblia (2 Tim 3:16-17), los hombres reciben en sí mismos las consecuencias de pasar por alto la justicia divina (Mat 6:33).
Sin embargo, hay quienes cuestionan que sólo palabras no solucionan nada los actuales problemas ya descritos. Pero, ¿qué ha solucionado hasta el momento todo el esfuerzo de personas bienintencionadas que por siglos han tratado de paliar el sufrimiento humano? La verdad es evidente: Muy poco; por lo contrario, el problema se agrava cada día más al seguir aumentando la población humana. Si hay algún alivio, siempre es temporal, como fácilmente se puede comprobar.
En todo caso, el amor debe ser la clave principal para ayudar con constancia a las personas en todo aspecto (1 Cor 13:1-4). Y que mejor ejemplo que el que nos dan tanto Jehová, el único Dios verdadero y su Hijo, el Señor Jesucristo, los mayores filántropos que existen (filantropía se define como “amor a la humanidad”). Juan 3:16 nos dice: “Tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que ejerce fe en él no sea destruido, sino que tenga vida eterna”, un rescate tan valioso que abarca a toda la humanidad pero que es válido sólo para el que acepta y ‘ejerce fe’ en él (Mateo 20:28). Además, Jehová pronto reemplazará a todos los gobiernos injustos de la actualidad por el Reino en manos de su Hijo, un Reino que Jesús mismo nos enseñó a pedir en oración al decir “Venga a nosotros tu reino” (Mat 6:9-10). Mediante ese nuevo gobierno Jehová removerá la raíz del problema que nos ocupa, algo que ningún organismo humano puede lograr (Jer 10:23).
Si la fe es necesaria para tener el favor de Dios y su ayuda permanente para sobrevivir (Sal 37:25; Mat 6:25-33), la gente necesita conocer acerca de esas ‘buenas nuevas’ (Mat 24:14), y se necesita que alguien las lleve a la gente con constancia (Rom 10:9-16). Aunque es imposible permanecer indiferente a los problemas comunes y graves de la humanidad (Sant 1:26-27), y debe proveerse algún tipo de ayuda en emergencias o situaciones extremas, un cristiano tiene como principal objetivo educar a la gente en la verdad de Dios (Mateo 28:18-20). A veces las sugerencias prácticas en base a principios bíblicos acerca de asuntos económicos, el estimulas a abandonar prácticas contaminantes (como el abuso del alcohol, drogas, tabaco y otros; compare con 2 Corintios 7:1) permite que la gente esté mejor dispuesta para desempeñar un oficio o trabajo que le suministre lo necesario para ellas y su familia (Efe 4:27, 28). La cooperación de la familia también es importante (Efe 6:1-4), y cuando todos sus miembros obedecen a Dios como su gobernante (Hech 5:29) es más fácil contar con la guía o protección divinas y se aprende a
bastarse con poco (1 Tim 4:8; 6:6-8).
Mientras esperamos el día de Jehová, porque sin falta llegará, más pronto de lo que algunos prefieren suponer (2 Ped 3:8-11), el cristiano verdadero necesita mantener equilibrio para no dejarse distraer, sin llegar a ser indiferente tampoco, por los incontables problemas que aquejan a personas de su entorno (Hech 6:1-4), de su principal misión: predicar las buenas nuevas del reino en toda la tierra habitada (Mat 24:14; Hech 1.6-8; 4:29; 5:25-32, 42).
La testificación moderna mundial de las buenas nuevas, por ‘toda la tierra habitada’, salva muchas vidas en el presente sistema de cosas y es una protección para los que la predican, de otro modo se dejarían llevar por el molde de este mundo, bajo el dominio de Satanás (Rom 12:1-2). Al llevar a cabo la voluntad de Dios, que es buena y perfecta, sentimos el impulso de dar la mejor ayuda posible, pues animamos a la gente a probar el ‘alimento que no perece’ (Juan 6:26-29), que puede llevarlos a obtener la vida eterna que Dios promete a los fieles (Juan 3:16, 36; 17:3). Todos los cristianos verdaderos aportan sus dones y talentos en el adelanto de las buenas nuevas del reino (1 Cor 12: 4-5), y sin un espíritu competitivo colaboran unidos (Juan 17:20-21) en llevar por todas partes el mensaje de salvación con constancia, pese a la oposición (Rom 1:13-17).
La cristiandad, en especial, ha ocultado a la gente las verdades bíblicas (Compare con Mat cap 23), a la vez que ha desplegado toda clase de ayuda material, pero manteniendo en ignorancia espiritual a sus feligreses. Tendrán que rendir cuenta por ello, a su tiempo, al haber descuidado la labor más importante: predicar la verdad del reino (Juan 18:36-37). No es raro que al predicar con denuedo, uno encuentre evidencias de la gran ignorancia de los propósitos de Dios. ¿Quién es culpable de tal ignorancia? Es evidente que la cristiandad (el conjunto de religiones que llamándose “cristianas” – católica, ortodoxa, protestante y evangélica – no enseñan toda la verdad de la Biblia), que se opone, a veces con violencia, en un país tras otro a la difusión de las buenas nuevas del reino.
Al igual que hicieron Jesús (Mat 9:36; 14:14; 15:32; Mar 1:41;8:2) y sus seguidores del primer siglo, a veces tenemos ocasión de ayudar en sentido material más allá de las palabras, (1 Juan 2:9-11, 3:13-18; 4:7-11, 20-21; 3 Juan 8), pero sin descuidar nuestra tarea principal: predicar a todos en todo tiempo y circunstancia (1 Cor 9:16; 2 Tim 4:1-5), que es el mejor beneficio que podemos hacer por el prójimo (Hebreos 12:28). Recuerde que hablar de Dios y ayudar a la gente a obtener conocimiento exacto (Rom 10:2-3; 1 Tim 2:3-4) es la voluntad de Dios, y los que hacen la voluntad de Dios, vivirán para siempre (Mat 7:21-23; Juan 17:3; 1 Juan 2.17; 1 Ped 4:1-2). Eso es algo que está también a su alcance (1 Tim 4:16).
Si usted participa activamente en muchas obras de caridad, pero percibe que está logrando poco, entonces debe reevaluar su postura a la luz de las Escrituras. No es necesario convertirse en un docto de la Biblia (Efe 3:8). ¿Por qué no, simplemente, incluye un programa de lectura de las Escrituras en su familia, su círculo de amigos, su vecindario y comparte lo poco o mucho que aprenda de ellas? Claro está, no todos verán con agrado el que usted quiera compartir la verdad bíblica, y se burlarán o se opondrán, incluso (1 Ped 4:1-5; 2 Ped 3:1-7). Pero, que eso no le desanime. Ayudar a la gente a vestirse de una nueva personalidad en fundamental para que su punto de vista respecto al trabajo, la salud, la familia, el dinero y el sexo, por ejemplo, se amolde a la voluntad de Dios (Pro 10:4; Efe 4:28; 1 Tes 4:11; 1 Tim 6:6-8).
Es cierto, la predicación no resolverá todos los problemas, pero la esperanza que otorga es un consuelo valioso en tiempos turbulentos y de oscuridad espiritual (Sal 119:105; Rom 15:4). Conocer la verdad de Dios (Juan 8:32), su personalidad, sus propósitos, sus cuidados amorosos (Sal 23:1; 27:10), nos permite llevar vidas tranquilas y sencillas. Al confiar en que Jehová nos proveerá ‘el pan nuestro de cada día’, si somos fieles (Mat 6:9-10, 33-34), y si por vejez, enfermedad o accidente debemos dormir en la muerte, Él nos recordará y al tiempo debido nos devolverá a la vida (Hechos 24.15). Eso es una garantía segura (Hech 17:29-31), pues Jehová es el Dios que no puede mentir (Heb 6:18; Rev 21:1-5), y sus promesas nunca fallan.
Como han comprobado millones de siervos de Jehová de todos los tiempos, Jehová ha permitido que algunas pruebas les sucedan, pero siempre con una buena razón y un tiempo limitado (Sal 33:19; 37:19; Mat 25:35, 37, 40). En ocasiones llegaron a padecer de hambre (1 Cor 4:11-13; 2 Cor 11.27; Fil 4:12). Esos breves períodos de escasez confirmaron que no servían a Jehová por simple interés o comodidad material (Rom 8:35, 38-39). Aunque no es deseable, superar las pruebas refina la fe del cristiano y regocija el corazón de Dios y constituye una respuesta contundente al escarnio que hace Satanás (Job 7-12, 20-22; Pro 27:11).
La conocida oración del padrenuestro, como parte de las Escrituras, se concentra fundamentalmente en las bendiciones espirituales que están disponibles para los que con sinceridad y limpieza de corazón invocan a Jehová (Mat 6:9-12). Lo espiritual es más importante a la larga (Mat 5:6; Juan 6:35). A los fieles se les asegura que en el futuro, bajo el Reino de Dios, “ya no tendrán hambre ni tendrán más sed” (Rev 7:9, 13-17). Toda causa de llanto, dolor y lamento, como el ver morir a sus hijos de hambre u horripilantes enfermedades por ejemplo, serán cosa del pasado (Sal 72:16; 145:15; Isa 25:6; 33:24; Rev 21:1-5).
Cuando Jehová, mediante el reino en manos de Jesucristo, restaure las condiciones paradisíacas de la Tierra no existirá más hambre (Sal 146:7). Es de esperar que las condiciones actuales se deterioren aún mas (2 Tim 3:13), y las naciones jamás encuentren la solución a sus innumerables problemas (Luc 21:25-28). Es en estos momentos cuando el mensaje del reino resulta muy consolador para los merecedores (Mat 10:11; Luc 10:7), los que claman y suspiran por las cosas detestables de este inicuo sistema (Eze 9:4), y los que aman la verdad (Juan 17:17; 18:37). Con razón se dio advertencia de una predicación mundial sin precedentes de las buenas nuevas del
reino para un testimonio (Mat 24:14). ¿Participa usted de ella?

sábado, 10 de diciembre de 2011

La Biblia contesta: ¿De dónde obtuvo Caín a su esposa?

Al igual como en otros casos, la Biblia proporciona toda la información necesaria, aunque los relatos sean muy breves. De hecho, a veces es innecesaria una abundancia de datos, cuando la que se brinda de forma condensada es suficiente. Con respecto a la pregunta, un problema es que algunas versiones dicen que “Caín conoció a su esposa”, y la mayoría de personas concluye que fue en otra tierra (donde supuestamente moraban otros seres humanos diferentes de la descendencia adánica) donde Caín halló a su esposa. ¿Sucedió así en realidad? Bueno, esas traducciones, con un posible falso sentido de pudor, oscurecen el entendimiento, porque que el Diccionario Enciclopédico Ilustrado de la Lengua Española de Ramón Sopena, Edición 1976, dice que el verbo “conocer” posee la acepción figurativa de “tener el hombre trato carnal con la mujer”. Por eso una traducción más moderna, y libre de prejuicios infundados, dice correctamente: “Después Caín tuvo coito [“conoció”, Nácar-Colunga; Biblia de Jerusalén] con su mujer, y ella quedó en cinta [“concibió”, Nácar-Colunga, Biblia de Jerusalén]…” (Génesis 4:17). Y en este punto, una versión católica más reciente (La Biblia Latinoamérica, Edición revisada 1995) dice en ese texto: “Caín tuvo relaciones con su mujer, la cual dio a luz un hijo…”. En el mismo sentido otra versión católica dice: “Caín se unió con su mujer” (La Nueva Biblia Española)
La Biblia muestra que Adán y Eva tuvieron hijos luego que fueran expulsados del jardín de Edén (Génesis 3:14-19), pese a lo cual Dios le aseguró que ella tendría descendencia (Génesis 3:16). De ahí que le nacieron Caín, el primogénito, y luego Abel (Génesis 4:2), ambos en estado de imperfección. Sin embargo, ¿fueron estos los únicos hijos de la pareja? Definitivamente no, pues en Génesis 4:25 se dice que Eva dio a luz a un tercer hijo, en reemplazo de Abel, cuyo nombre también se da: Set. Para entonces, Adán tenía ya con 130 años de edad (Génesis 5:3-5).
El capítulo 5 de Génesis comienza diciendo que era una historia de Adán, y en forma concisa repite lo detallado en los capítulos 1 y 2 respecto a su creación. Pero, añade un dato interesante: “Entre tanto llegó a ser padre de hijos e hijas”, aunque no se proporcionan ni sus nombres ni el orden en que nacieron. Se cumplió así la promesa dada a Eva de ella “tenía que llegar a ser la madre de todo el que viviera” (Génesis 3:20). Adán y Eva, según la Biblia, dieron origen a toda la vida humana que poblaría la Tierra entera, hasta llenarla (Génesis 1:28).
Aunque no se puede ser contundente ni dogmático, es altamente probable que Caín se haya casado con una de sus hermanas, o con una sobrina o alguna otra pariente cercana (Génesis 4:16-17). Esto no supuso ningún problema respecto a las consecuencias en su prole, pues la cercanía a la perfección aseguraba que ningún defecto se transmitiría a su descendencia; tanto así que unos 2,000 años más tarde Abrahán se casó con su media hermana, Sara, y produjo una descendencia sana, Isaac, a pesar de lo avanzado de su edad (Génesis 20:12-13; 21-:1-5).
Sin embargo, a pesar de la inmensa misericordia que Jehová mostró a Caín (Génesis 4: 11-15), al permitirle a ese criminal seguir viviendo y gozar del privilegio de tener descendencia (Mateo 5:45), toda ella fue arrasada en el Diluvio (Mateo 24:37-39), pues las ocho personas, Noé y su familia, que se salvaron en el arca provenían de la descendencia de su hermano Set (Lucas 3: 36-38; 1 Pedro 3:20).
De modo que no es posible que existiesen otras razas preadamitas o paralelas, como afirman muchos que no reconocen la inspiración y veracidad de la Biblia como autoridad. En cambio, por todas las Escrituras se da por descontado que toda la raza humana provino de un solo Hombre [es decir, un solo varón, Adán y una sola mujer, Eva Génesis 5:1-2]. Aunque los capítulos iniciales del Primer Libro de las Crónicas se concentran en la descendencia prometida (Génesis 3:15; Génesis 22:18; Gálatas 3:16), se muestra que fue primero mediante Adán y Eva, y luego mediante Noé que la Tierra entera se pobló de seres humanos (Compare 1 Crónicas capítulos 1 a 7 con Lucas 3:23-38).
El Señor Jesucristo reconoció este hecho pues en Mateo 19:4 le dio validez histórica al breve relato de la creación del Hombre, como se narra en el Génesis. Y, en igual sentido el apóstol Pablo incluyó esta información en su memorable discurso en el Aerópago: “E hizo de un solo hombre toda nación de hombres…” (Hechos 17:26; compare con 1 Corintios 15:47). También, el mismo apóstol dijo que ‘por medio de un solo hombre [Adán] el pecado entró en el mundo” (Romanos 5:12), en clarísma alusión al drama que narra Génesis 3:1-24. Si hubiesen existido otros humanos no relacionados con Adán y Eva, se supondría que no serían afectados por el pecado de desobediencia de ellos y la muerte no reinaría sobre toda la humanidad. Por eso, Adán es el padre natural de toda la raza humana, aunque mucha de su descendencia se perdió para siempre, como sucedió en el caso de Caín
La unidad original de toda la raza humana coincide perfectamente con la doctrina bíblica de la caída de Adán y la redención mediante Cristo, pues independientemente de las diferencias raciales y culturales, el hecho de que los seres humanos puedan fecundarse entre sí, sin ningún problema, apunta más a la unidad de su origen que a la diversidad de razas humanas. Lamentable muchos teólogos y no pocos clérigos de la cristiandad, en su afán de hacerse “amigos del mundo” (Santiago 1:27; 4:4) han oscurecido el mensaje bíblico y han adoptado, a veces con mayor entusiasmo y decisión que los mismos naturalista, una enseñanza que contradice la Biblia (1 Timoteo 4:1), incluso el hecho de que a Jesús se le llame el “último Adán” porque mediante su sacrificio puede llegar a ser padre de toda la prole de Adán que ejerza fe en su sacrificio (1 Corintios 15:45; compare con Juan 3:16, 36). Si el primer Adán no existió, y por ende su desobediencia, que acarreó el pecado para él y toda su prole, tampoco existió, el sacrificio de rescate de Jesús es en vano, algo que jamás enseña la Biblia, y que más bien suena a “enseñanza d demonios”, cuyo cabecilla, Satanás el Diablo, fue llamado el “padre de la mentira” por el propio Jesucristo (Juan 8:44).
Como se puede concluir, una lectura cuidadosa de la Biblia puede ayudarnos a despejar cualquier duda, mito o leyenda que se ciernen sobre las Escrituras. Esto refuerza la necesidad de “manejar la palabra de la verdad correctamente” (2 Timoteo 2:15), pidiendo a su Autor, Jehová Dios, la sabiduría necesaria para alcanzar un pleno conocimiento exacto y entendimiento, porque esa es Su voluntad (1 Timoteo 2:3-4).

La Biblia contesta: ¿Naciò Jesús en diciembre? ¿Importa?

La Biblia no registra la fecha exacta en que nació Jesús, pero lo que sí indica es que no nació en el mes de diciembre, como afirma la mayoría de personas. ¿Por qué? Básicamente porque diciembre es un mes muy frío en Palestina, la tierra en dónde nació Jesús. Lucas 2:8-11 muestra que, sin embargo, había pastores fuera, a campo raso con sus rebaños, lo que indica que el clima, al tiempo de nacer Jesús, era benigno, pues cuando el clima era muy severo, los pastores guardaban a sus rebaños. También, el hecho de que sólo hubiese un pesebre libre para recibir al Mesías, confirma que los rebaños estaban a campo raso (Lucas 2:6,7).Además, los romanos sabían bien la antipatía que los judíos sentían por sus opresores. Difícilmente Augusto hubiera ordenado que la gente se desplazara por todo Israel, en obediencia al mandato del emperador de que se efectuase un censo (Lucas 2:1-7).
¿Es importante conocer la fecha exacta del nacimiento de Jesús? Parece que a los cristianos primitivos no les importaba, porque la obra Los orígenes sagrados de las cosas profundas dice: Durante dos siglos que siguieron al nacimiento de Cristo nadie sabía, y a muy pocos les importaba, cuándo había nacido exactamente Jesús”. Y, aunque la hubiesen sabido, no habrían festejado su cumpleaños, como bien lo atestigua la historia, y consideraban reprobable esa práctica, pues básicamente los cumpleaños eran celebraciones paganas, especialmente en honor a sus dioses. Por ejemplo, el 24 de mayo era la fiesta de Diana. El 25 de diciembre los romanos paganos celebraban la fiesta del Sol invencible (Natalis solis invicti, o dios Mitra), fiesta que estaba llena de regocijo, cenas e intercambios de regalos. Sin embargo, para el siglo IV el cristianismo había apostatado tanto, que los obispos de Roma, con el “noble” propósito de cristianizar a los paganos, adaptaron la festividad romana, reemplazando al Sol, por Jesucristo, (el llamado “Sol de la justicia”).
¿Importa realmente el origen pagano de la Navidad? Es evidente que a la mayoría de personas no les importa (Juan 4:22). En cambio, opinan que la ocasión de reunir a la familia, intercambiar regalos y cenar juntos es una práctica saludable, sin importar que eso esté relacionado con la religión falsa. Sin embargo, lo que en apariencia puede parecer “noble” y digno de encomio, desde el punto de vista humano, puede resultar opuesto a la voluntad de Dios (Proverbios 3:5-6). Jehová ha puesto en la Biblia los requisitos para adorarlo correcta y aceptablemente (Juan 4:23-34; 2 Timoteo 3:16-17). Por eso la Biblia exhorta a ‘asegurarnos de lo que es acepto al Señor’ (Efesios 5:10).
Si bien la Biblia no prohíbe la celebración de cumpleaños de manera explícita, tampoco la promueven; caso contrario, hubiese algún mandato expreso de celebrar el nacimiento de Jesucristo, como sí lo hay respecto a la conmemoración de su muerte (Lucas 22:19), mandato que evidentemente los primeros cristianos cumplieron a cabalidad (1 Corintios11:23-26). Ni una sola vez la Biblia o la historia muestran que los primeros cristianos celebraran el cumpleaños de Jesucristo, sino a partir del siglo IV, cuando ya el cristianismo se había apartado de sus orígenes, doctrinas y enseñanzas dadas por Jesús y sus apóstoles.
No hay nada objetable en intercambiar regalos, o reunirse con regularidad en familia, con amigos u otras personas para compartir una comida. Pero, la Biblia brinda las pautas de cuándo hacer eso, o no, y el verdadero espíritu con que se deben efectuar esas actividades. Por ejemplo, se indica en 2 Corintios 9:7: “Que cada uno haga tal como lo ha resuelto en su corazón, no de mala gana ni como obligado, porque Dios ama al dador alegre”. Los regalos dados con liberalidad producen buenos resultados, pues no están sujetos a mandato ni a fechas ni a costumbres que esclavizan (Juan 8:32), y que a menudo agotan los recursos financieros de la gente y generan tensiones y excesos innecesarios.
Sin embargo, lo más importante es ver los asuntos desde el punto de vista del Creador. Un concienzudo estudio de la Biblia permite llenarse del conocimiento exacto de la verdad que Dios mismo quiere que conozcamos (1 Timoteo 2:3-4). Jehová desea que seamos felices plenamente, sobre todo porque al obedecerle como gobernante (es decir, que reconocemos que Él tiene el derecho a decidir lo que es bueno o malo – compare con Jeremías 10:23), nos brindará su poderoso espíritu santo, cuyo fruto incluye el rasgo del “gozo” (Gálatas 5:22-23).

jueves, 1 de diciembre de 2011

La Biblia contesta: ¿Es Satanás "el lucero de la aurora" citado en Isaías 14:12-16?

Al leer la Biblia encontramos que la Palabra de Dios es viva y poderosa en las vidas de millones de personas (Hebreos 4:12). Así ha sido en el pasado, e igualmente resulta en el presente. Y, como toda arma, es conveniente aprender a usarla correcta y hábilmente, a fin de que siempre resulte en el beneficio de quien escucha o la estudia. Por eso, es importante leerla y examinarla con cuidado (Hechos 17:11) para captar el significado verdadero y el entendimiento claro de lo que ella dice respecto a todo asunto.
La Biblia no es el resultado de juntar al azar unos cuantos versículos que puedan usarse para probar cualquier punto de vista que parezca correcto. Satanás y algunos de sus ministros o siervos terrestres han hecho eso precisamente: adulterar el contenido y/o significado de ciertos textos bíblicos. Por ejemplo, el Diablo aplicó mal el Salmo 91.11-12 cuando tentó a Jesús para que pusiera en riesgo su vida (Mateo 4:5-6).
Así también, con respecto a la identidad del Diablo, los Padres o Doctores de la Iglesia [Católica Romana] han interpretado que el “Lucero, hijo de la Aurora” en Isaías 14:12-16 se refiere a Satanás, el príncipe de los demonios (vea la nota respectiva al pie de página en la Biblia de Jerusalén), tanto es así que en la Vulgata [traducción en latín de las Santas Escrituras], se emplea el término “Lucifer”, y se da ese nombre propio a Satanás. En el mismo sentido. La Versión Moderna, dice en el versículo 12: “¡Como caíste de los cielos, oh Lucero, hijo de la aurora! [Lucifer en la Vulgata] ¡has sido derribado por tierra, tú que abatiste las naciones!”
Debemos recordar que la palabra “Lucero” corresponde a la palabra hebrea hehlel, “brillante”, que este texto se emplea como sustantivo común, no como nombre propio o título. Tan sólo se emplea para describir la posición encumbrada o brillante de la dinastía babilónica de Nabucodonosor (vea Isaías 14:3-4), que es el tema o contexto de este capítulo de Isaías. Otro punto a tener en cuenta es que en el versículo quince. Se dice que este personaje baja al Seol[1], que es el sepulcro común de la humanidad, por lo tanto no aplicable a Satanás que es un espíritu, un ángel rebajado en su condición espiritual.
Finalmente, el versículo dieciséis se refiere a la condición rebajada del hombre [heb: has’ísch; griego: ánthropos; latín: vir], y no simplemente Aquél, como vierte la Biblia de Jerusalén, y que permite una aplicación más amplia (susceptible de distorsión) de lo que el escritor original quiso indicar. Por eso, la Biblia Latinoamérica (1995), traduce Isaías 14:16 “hombre”, y no simplemente “aquél”, y así evidencia que estos versículos no pueden referirse al Diablo.
Aunque los reyes de Babilonia fueron sepultados con honorabilidad y toda pompa, la memoria de la dinastía babilónica de Nabucodonosor ha quedado repudiada “como un brote detestado”, y nunca pudo recuperarse del mortal golpe que sufrió en manos de los medos y los persas en 539 aEC Isaías 14:21). De hecho, Belsasar murió aquella misma noche y no se le dio un entierro digno siquiera. Aunque el orgullo y la ambición de los reyes de Babilonia fueron el reflejo del “dios de este sistema de cosas, Satanás el Diablo (2 Corintios 4:4), queda patente que no se le pueden aplica a él las palabras de Isaías 14:12 al 16. Al estudiar con meditación, bajo la guía del propio espíritu del Autor de la Biblia y la ayuda que provee el esclavo fiel y discreto, podemos entender y manejar mejor la Palabra de Dios, evitando adulterar tanto su contenido como su significado (2 Corintios 4.2).

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[1] Seol: Sepultura común de la humanidad; el dominio del sepulcro; no se refiere a una sepultura individual (heb. qé·ver, Jue 16:31; qevu·ráh, Gé 35:20) ni a una tumba individual. Por todas las Escrituras inspiradas se asocia continuamente al Seol con la muerte y no con la vida. (1Sa 2:6; 2Sa 22:6; Sl 18:4, 5; 49:7-10, 14, 15; 88:2-6; 89:48; Isa 28:15-18; compárese también Sl 116:3, 7-10 con 2Co 4:13, 14.) Se habla del Seol como una “tierra de oscuridad” (Job 10:21) y un lugar de silencio. (Sl 115:17.) Parece ser que Abel fue el primero en ir al Seol. Desde entonces, innumerables millones de muertos humanos se le han unido en el polvo del suelo. (heb. ga·dhísch, Job 21:32). [vea “Pesrpicacia para Entender las Escrituras, vol 2, editado por la Sociedad Watch Tower Biblie and Tract Society of Pennsylvania]

miércoles, 9 de noviembre de 2011

La Biblia contesta: ¿Por qué es provechoso el Evangelio de Juan?

La Biblia declara que "toda Escritura es provechosa..." (2 Timoteo 3:16). Por eso, algunos se han preguntado de qué provecho es el Evangelio de Juan.

Se reconoce universalmente que el apóstol Juan compuso este evangelio, pero son principalmente las llamadas "pruebas internas" que lo confirman. El escritor era judío y estaba bien familiarizado con los asuntos y opiniones judías (Juan 12:34). Conocía muy bien el territorio en donde Jesús llevó a cabo su ministerio (Juan 1:28; 19:41). Sus descripciones demuestran que fue testigo ocular de muchas de las cosas que escribe (Juan 4:6; 6:5, 7; 18:10; 19:14). Conocía de cerca a Jesús, incluso sus sentimientos y emociones (Juan 6:5, 6, 61; 11.33; 13:21). Debió pertenecer al grupo íntimo de los apóstoles, y estaba muy familiarizado con los pensamientos y sentimientos de ellos (Juan 11:13; 12:16; 21:4).

Todas esas y otras credenciales nos aseguran que el Evangelio de Juan está lleno de información útil para el desarrollo de una firme fe cristiana (Juan 20:30, 31; 21:25). Por eso es necesario hallar los puntos más provechosos de este inigualable relato, que contiene más de 90% de información complementaria que no se halla en ningún otro evangelio. Para cuando Juan escribió su relato de la vida y ministerio de Jesús para fines del siglo primero, ya contaba con unos 70 años de fiel servicio, el templo de Jerusalén había sido arrasado unos 30 años antes y todo el arreglo de adoración judío había cesado para siempre. Por eso se dice que su relato es para la "Iglesia Universal", es decir para todos los cristianos esparcidos hasta la parte más lejana de la tierra, incluidos nosotros hoy en día.

Aunque el apóstol Juan fue muy cuidadoso al escoger la información que escribiría, no cabe duda que como en el caso de otros escritores bíblicos también fue guiado por el espíritu santo (2 Pedro 1:20-21), y tenía un noble propósito (de principio a fin): proclamar que Jesús es el Hijo de Dios (Juan 1:14; 20:31), y en eso centra su relato.

Juan empieza a narrar la estrecha relación que existía entre Jesús y su Padre, Jehová Dios (aunque no usa el nombre personal de Dios en esta parte) (Juan 1:18), y vez tras vez destaca la posición de sujección del Hijo respecto al Padre (1:18; 5:19, 43; 10:29, 36; 20:17). Así, tenemos un visión completa de que aunque Jesús es fundamental para la salvación de la humanidad (Juan 1:29; 11:25; 14:6), simplemente él cumplió con la voluntad de su Padre, quien es el verdadero organizador del maravilloso y amoroso arreglo del sacrificio de rescate (Juan 3:16, 36). Por eso, Juan también destaca la labor de Jesús como "rey" (Juan 1:49; 12:13; 18:33), "juez" (Juan 5:27) y "mediador" (Juan 14:26; 15:26), pero sin dejar de reconocer que "el Padre es mayor" que el Hijo (Juan 14:28; 16:7). Por eso, destaca que la vida eterna significa el conocer al único Dios verdadero [el Padre] y del enviado, Jesucristo (Juan 17:1-3), lo que se hace necesario para no caer en el error común de 'adorar lo que no conocemos' (Juan 4:22).

Juan usa las palabras "amor" y "amado" más veces que los otros evangelistas (Juan 3:16; 11:5; 12:43; 13:23, 34-35; 15:13, 17; 17:23-26; 21:15-17). No es de extrañar que en otro escrito, Juan destacara que "Dios es amor" (1 Juan 5:8) y trata a sus hermanos cristianos por el cariñoso término "amados" (1 Juan 2:7; ; 3:2, 21, 4:1).

Juan se destaca por su lealtad inquebrantable a la verdad y a su ministerio; así, no deja de revelar con mayor detalle a los traidores, opositores y cobardes, dando incluso sus nombres en algunos casos (Juan 3:1-2; 6:66; 8:44; 12:4-6; 13:27; 18:15-27; 19:7, 12, 38).

De los cuatro evangelistas, Juan es el que más información y advertencia provee respecto a "no ser parte del mundo" (Juan 17;16; compare con 1 Juan 2:15-17). De muchas maneras, Jesús les habló para que 'no se les haga tropezar' (Juan 16:1) y les advirtió acerca de la terrible persecución de que serían objeto luego de su muerte (Juan 16:2-7, 20, 31).

A pesar de que Juan usa pocas veces el nombre personal de Dios, Jehová, en su evangelio (Juan 1:23 -comparar con Isaías 40:3; 6:45 -comparar con Isaías 54:13, Juan 12: 13- comparar con Salmos 118:26; 12:38 -comparar con Isa 53:1) , es el único que destacó el vivo deseo de Jesús de declararlo y darlo a conocer, con todo lo que eso implica (Juan 17:6, 25-26), estableciendo un modelo para la predicación moderna de las buenas nuevas.

También es digno de destacar la importancia que Juan le dio a la luz, pues emplea esa palabra más de veinticinco veces en su evangelio (Juan 1:4-5, 7-9; 3:19-21; 5:35; 8:12; 9:5; 11.9-10; 12:35-36; 16:21), pero destacando que Jesús es "la luz del mundo" (Juan 8:12). Por eso probablemente, es Juan quien destaca que Nicodemo vino a Jesús "de noche" (Juan 3:1-2), y aunque respetuoso y considerado, Jesús en su respuesta incluyó la importancia de 'venir a la luz' y repudiar 'la oscuridad' (Juan 3:19-21), un ejemplo que todos debemos seguir.

En realidad, este es sólo un breve repaso de los puntos provechosos del evangelio de Juan, que usted de su lectura podrá ampliar y compartir con otros, si ese es su deseo.

lunes, 24 de octubre de 2011

Los "indignados", ¿qué significan realmente?

Por Joseph Mac Lean



Desde Madrid hasta Nueva York, de Tokio a Taipei, pasando por Manila, Auckland, Estocolmo, Londres, Santiago de Chile, Buenos Aires y por decenas de ciudades más, se ha instalado un movimiento denominado "los indignados", una especie de protesta (por ahora pacífica) que, bajo el lema "Unidos por un Cambio Global", congrega a centenares y miles de personas para protestar en contra de las prácticas económicas y financieras de un reducido grupo de capitalistas que controlan casi el 40% de la riqueza mundial.

En los Estados Unidos, por ejemplo, un grupo de jóvenes tomó por asalto las cercanías de Wall Street, el pulmón financiero mundial, bajo la consigna "la voz del 99 por ciento del país debe ser escuchada y no la del uno por ciento que sigue enriqueciéndose". A pesar de las detenciones, represiones y desalojos de parte de la fuerza policial, esos jóvenes mantienen sus actividades, ahora en casi 70 ciudades y poblados importantes a través de todo el país.

Según últimas estimaciones, manifestaciones similares se desarrollan en forma pacífica en 82 países, a los que se han sumado escritores de renombre mundial como Salman Rushdie, Michael Cunninghan y Naomi Klein, quienes recientemente publicaron un manifiesto de apoyo al movimiento y a la jornada de protesta global para denunciar los excesos del sistema financiero.

También en Londres, una de las últimas ciudades en sumarse a la protesta, miles de "indignados" se manifestarom frente a la catedral de San Pablo en el centro financiero de Londres, al no poder acceder, como tenían previsto, a la zona donde se ubica la Bolsa de Valores, debido a un fuerte cordón policial. Por ahora, tan sólo la Iglesia Anglicana ha manifestado su simpatía con los que protestan.

Aunque en la mayoría de ciudades las manifestaciones ha sido pacíficas, en Roma, al menos 70 personas resultaron heridas durante el marco de una manifestación, luego que decenas de encapuchados incendiaran vehículos y se enfrentaran a la policía. Unas 200 mil personas participaron en la manifestación en Roma. Las fuerzas del orden repelieron con gases lacrimógenos y bloquearon el paso hacia las sedes del Parlamento y del Gobierno.


Significado

Lo que por mucho tiempo permitió a las transnacionales (la mayoría en manos de 1% de la población estadounidense) apoderarse del 40% de la producción y comercio mundial, es decir la globalización, ahora permite a los ciudadanos de a pie reclamar por un trato más justo, así como mejores y mayores empleos. La gente común se está levantando para reclamar sus derechos y exigir una verdadera democracia, exigiendo a su vez acortar la brecha entre ricos y pobres.

La protesta no es sólo contra la banca usurera y las grandes corporaciones, sino además contra los gobiernos de turno que les hacen el juego a los propietarios de los grandes capitales, en especial en contra del gobierno de los Estados Unidos, por lo que algunos preveen (con más ilusión que otra cosa) un cambio de dirección de la política económica mundial del Imperio dominante actual: Estados Unidos y Gran Bretaña.

¿Cuánto durará y qué alcance tendrá este movimiento de la gente común en contra de los sistemas políticos y económicos dominantes? Sólo el tiempo lo dirá, pero por el momento es una realidad que habrá que seguir de cerca, en especial porque existe una profecía bíblica en el libro de Daniel que habla precisamente de una situación muy similar de disconformidad de las masas (simbolizadas por el barro) y la potencia mundial dominante en el tiempo del fin (simbolizada por trozos de hierro), previamente a la destrucción del sistema mundial de cosas tal y como lo conocemos en el presente.

sábado, 8 de octubre de 2011

La Biblia contesta: ¿Estamos bajo la Ley dada por Moisés?

Para todos es claro que para que una sociedad funcione aceptablemente debe regirse por ciertas leyes, por eso cuando Dios escogió a la nación de Israel para que la representara en la tierra y produjera al Mesías prometido, le dio un conjunto de leyes y decretos, que comúnmente se conocen como la "Ley de Moisés" (1 Reyes 2:3), o aveces simplemente "la Ley" (Tito 3:9). Por supuesto, aunque los israelitas la recibieron mediante Moisés, para que su adoración fuera realmente aceptada por Dios, la nación entera debía reconocer que dicho código era la propia "ley de Jehova" (1 Crónicas 16:40).


Esa ley, fue dada exclusivamente a los israelitas, y a ninguna otra nación, tal como lo muestra Deuteronomio 5:1-3 y el Salmo 147:19-20. Les fue dada con el prpósito de poner de manifiesto sus trangresiones y conducirlos cual tutor hacia el Mesías o descendencia prometida en Génesis 3.15 (vea Gálatas 3:19-24).


En el tiempo señalado, Jesús se presentó ante la entera nación de Israel como aquel Salvador prometido (Lucas 2:8-14), por lo que años más tarde, cuando Jesucristo entregó su vida en sacrificio, la ley fue quitada (Gálatas 3:25), lo cual debería haber sido un alivio para los judíos (Gálatas 3:10-14); por eso la Biblia dice claramente: "Cristo es el fin de la ley" (Romanos 10:4).


Otro propósito de la Ley, fue mantener separada a Israel de las demás naciones (Efesios 2:11-18). Al morir Cristo en rescate propiciatorio, ese muro que dividía a las naciones fue quitado, clavándolo al madero de tormento (Colosenses 2:13, 14). Ahora, judíos y gentiles podían servir y adorar al Creador, Jehová Dios, de manera unida, como una sola nación espiritual, demostrando así la imparcialidad de Dios (Hechos 10:34, 35).


Por lo tanto, todos los rasgos distintivos de la Ley de Moisés llegaron a ser obsoletos y no reflejaban más, desde la muerte de Jesús en adelante, la voluntad de Jehová. Había una nueva manera de adorarlo, un "nuevo pacto" (Lucas 22:20), que ya había sido profetizado en Jeremías 31:31. Por eso, los apóstoles, y hasta la propia madre de Jesús, no vacilaron en abandonar el judaísmo, pues al recibir el espíritu santo proclamaron por todas partes el mensaje del reino de Dios en manos de Jesucristo. Para el año 36 de la era común, Cornelio, un centurión romano, aceptó el cristianismo, y él y su casa recibieron el espíritu santo, tal como ya lo habían recibido tiempo atrás los judíos y samaritanos conversos (Hechos 10:24-48; 11:18). A partir de esa fecha, se agregaron a la congregación cristiana centenares de personas, hombres y mujeres, de distintas nacionalidades: efesios, corintios, romanos, gálatas, tesalonicenses, filipenses, bereanos, etc, quienes antes nunca tuvieron la oportunidad de servir al Creador, Jehová Dios (Hechos 11:18-24; 14:44-47).


La Ley, justa y perfecta como en verdad era, una vez cumplido cabalmente su propósito, fue desechada por completo, aunque muchos de los principios en la que se sutentaba, se repitieron para la nueva congregación cristiana. Ahora, ellos, lejos de buscar cumplir los requisitos dados bajo la ley de Moisés, debían esforzarse por cumplir la "ley de Cristo" (Gálatas 6:2), que se basa, al igual que la anterior, en el amor (Mateo 22:36-40; Juan 13:34, 35; Romanos 13:8-10; Gálatas 5:13-14).


El amor a Dios nos impulsa a obedecer sus mandamiento (1 Juan 5:3), y nuestra obediencia no se basa simplemente en un conjunto de leyes y decretos, que una vez cumplido su objetivo, fue abolida, junto con sus sábados, sacrificios animales y diezmos, entre otros requisitos válidos antes de la llegada de Cristo, a quien pertenece la realidad de las cosas (Colosenses 2:13-19).

jueves, 6 de octubre de 2011

La Biblia contesta: ¿Por qué tantos creen en la evolución?

Como usted puede muy bien darse cuenta, por todas partes la teoría de la evolución se ha hecho muy popular, aun entre personas que saben muy poco o nada de ella. ¿Por qué? Bueno, el apóstol Pablo registró estas palabras: "Habrá un período en que no soportarán la enseñanza saludable, sino que, de acuerdo a sus propios deseos, acumularán para sí mismos maestros para que les regalen los oídos; y apartarán sus oídos de la verdad, puestos que serán desviados a cuentos falsos " (2 Timoteo 4:3-4).


Puesto que la teoría de la evolución es más una doctrina religiosa [que se acepta por fe, ya que carece de sustento científico], enseña una filosofía de vida y una determinada postura para con Dios, apelando a la inclinación innata del ser humano imperfecto de intentar la independencia absoluta de su Creador. Aunque muchos partidarios de la evolución afirman creer en Dios, al difundir la evolución impulsan a las masas a creer que los humanos no somos responsables ante nuestro Creador y que Él no se interesa en su creación y que tampoco intervendrá en los asuntos humanos en ningún tiempo en el futuro.


Como bien dijo Pablo proféticamente, "de acuerdo con sus deseos", en cuanto al asunto evolutivo, han buscado por todo medio posible convertir la teoría en una realidad científica, sin conseguirlo hasta el presente. En cambio, cada vez son más los científicos que, maravillados por la precisión y complejidad de la creación se expresan francamente en apoyo de la existencia de un Ente inteligente y sumamente poderoso que controló (y aún lo hace) todo el Universo, como enseña la Biblia (Génesis 1.1).


¿Por qué predican a voz en cuello la evolución muchos científicos? Es patente que, lejos de aplicar el rigor científico a sus afirmaciones, se dejan llevar por sus propios deseos de que no exista nada más allá de la Naturaleza. Lamentablemente, no pocos clérigos han caído presa de este vil engaño que aparta a la gente de no sólo comprender la vastedad de la obra creativa, sino que, lo más importante, se privan de conocer a Quien está detrás de toda esta maravilla (Compare con Romanos 1:19-22). Cuando uno analiza cada obra creativa y ve en ella la sabiduría de un Creador, se siente impulsado a expresarse como lo hizo el salmista: "Te elogiaré porque de manera que inspira temor estoy maravillosamente hecho" (Salmos 139:14). Y también, a reconocer que, al menos, este Creador Todopoderoso merece gloria y honra (Compare con Revelación 4:11), y que es poseedor de una sabiduría inescrutable (Romanos 11.33).


No es de extrañar que una sociedad alejada de Dios, siempre tiende a ir más allá de todo sentido moral, pues es la recompensa por 'cambiar la verdad de Dios por la mentira' y 'rendir servicio sagrado a la creación más bien que a Aquél que creó' (Romanos 1:24-31). La gente que se niega a adorar a Dios con espíritu y con verdad, manifiesta los rasgos de la sabiduría animal, terrenal y demoníaca (Santiago 3:15), con las desastrosas consecuencias de ver degradadas sus cuerpos, mentes y sus sociedades en general.


Basta con comparar a una sociedad que se guía por los principios de la Biblia y respeta la posición de autoridad de su Creador, con otra sociedad que no lo hace para darse cuenta de las tremendas diferencias y los frutos de ambas (Compare con Juan 13:34-35). Esta situación llegará pronto a un punto límite, pues Malaquías predijo proféticamente que llegará el día en que las personas "verán la distinción entre uno justo y uno inicuo, entre uno que sirve a Dios y uno que no le ha servido" (Malaquías 3:18). Y ese tiempo está mucho más cerca de lo que la mayoría de la huimanidad cree, como lo confirman la gran cantidad de profecías bíblicas que se cumplen en nuestros días.

La Biblia contesta: ¿Cuánto duraron los días creativos?

Los días creativos mencionados en la Biblia no duraron veinticuatro horas como muchos afirman, puesto que el séptimo día que le siguió dura hasta la actualidad y se proyecta todavía algunos cientos de años en el futuro. La palabra hebrea que se traduce "día" puede aludir a períodos de tiempo de duración diversa, no sólo de 24 horas. Por ejemplo, cuando Moisés resume la historia de la creación , se refiere a todos los días creativos como si fuesen uno solo (Génesis 2:4). Por otra parte, en el primero de esos días, Dios empezó a llamar 'Día' a la parte iluminada y 'Noche' a la parte oscura de un día (Génesis 1:5). En este último caso, el "día se refiere más o menos a la mitad de un día de 24 horas.


De igual manera, en el Salmo 90:4 la Biblia afirma que "mil años son a tus ojos solo como el día que ha pasado", para indicar que Jehová, el Creador, tiene una manera distinta de contar el tiempo (Compare con 2 Pedro 3:8).


Por eso, se puede deducir que la afirmación de que un "día creativos" tuvo que durar sólo veinticuatro horas no tiene sustento en la Biblia. Más bien, todo parece indicar que cada "día creativo" pudo haber durado miles de años, como parece concordar con eso la ciencia exacta.

miércoles, 24 de agosto de 2011

La Biblia contesta: ¿Qué significa realmente Efesios 6:4?

El apóstol Pablo escribió: “Hijos, sean obedientes a sus padres en unión con el Señor, porque esto es justo: ‘Honra a tu padre y a tu madre’; que es el primer mandato con promesa: ‘Para que te vaya bien y dures largo tiempo sobre la tierra’. Y ustedes, padres, no estén irritando a sus hijos, sino sigan criándolos en la disciplina y regulación mental de Jehová” (Efesios 6:1-4). ¿Qué quiso decir el escritor inspirado?


La palabra griega empleada en Efesios 6:4 se refiere a la “dirección espiritual” o a “la influencia sobre la mente” que los padres deben brindar a sus hijos, para que armonicen con el propósito de su Creador y les resulte más fácil obedecer Sus instrucciones. Aquí brindaremos algunas sugerencias prácticas que han resultado valiosas y beneficiosas en otras familias.


Dedicarles tiempo


En el antiguo Israel, el padre de familia recibió esta instrucción: “Y estas palabras que te estoy mandando hoy tienen que resultar estar sobre tu corazón, y tienes que inculcarlas en tu hijo, y hablar de ellas cuando te sientes en tu casa y cuando andes por el camino y cuando te acuestes y cuando te levantes” (Deuteronomio 6:6-7). No cabe duda que el Creador ha puesto en el padre (y también en la madre) la responsabilidad de dar a conocer a su prole cuál es Su voluntad respecto a todo asunto. Pero, el dilema es hallar el tiempo para hacerlo, en especial en esta era moderna tan llena de sacrificios por proveer lo adecuado para la familia así como la variedad de distracciones.


¿Dónde hallar el tiempo, entonces, para inculcar (o grabar) la Ley de Dios en el corazón de los hijos? Es evidente que parte del tiempo que sí pasamos con los hijos presentan incontables oportunidades de hablar de Dios y su ley. Para eso, el padre (y la madre) deben llenarse de todo el conocimiento bíblico posible, y (como hacen algunas aves) dar porciones más “digeribles” a sus hijos pequeños, y aumentar la cantidad y contenido a medida que estos crecen. Al comer juntos, al caminar durante un paseo, al levantarse o acostarse siempre se presentan momentos cotidianamente en los que podemos ayudar a los hijos a reflexionar y aprender acerca de los principios de Dios (Léase Proverbios 6:20-23)


Si reflexionamos bien, tal vez podríamos cancelar un poco de televisión u otra diversión cada semana y estudiar juntos una pequeña porción de la Biblia. A veces, los hijos nos pueden sorprender al responder solícitamente a esos períodos de reflexión espiritual. No tienen que ser sesiones llenas de solemnidad, pero sí cierto grado de respeto y seriedad, pues la idea es ‘conocer la mente de Jehová’. A veces, basta simplemente con leer una parte pequeña de la Biblia y, sin espíritu de competencia de por medio, hacer que los hijos hallen las referencias bíblicas acerca de un texto en particular. Usando y entrenando sus facultades de raciocinio (Léase Romanos 12:1-2), los hijos pueden alcanzar un conocimiento exacto de la verdad, lo cual es la voluntad de Dios (Léase 1 Timoteo 2:3-4).


Debemos enseñarles buenos principios


Un padre de familia dice sin dudar: “Hay que estudiar la Biblia con ellos, y hacerlo con paciencia y mucho cariño”. Es cierto, que cuando crezcan, los hijos elegirán su profesión y su vocación política y religiosa. Sin embargo, para que crezcan sanos y fuertes en todo sentido los padres deben proveerles de sanos principios y valores morales inalterables, que de seguro los acompañarán por el resto de sus vidas (Léase Proverbios 22:6). Si no les damos en casa esa guía la buscarán en otro sitio: el vecindario, los amigos, en la escuela o en la calle. ¿Es eso lo que queremos para nuestros hijos?


Nunca olvide que la Biblia tiene un poder incomparable (Léase Hebreos 4:12), y que su Autor ha tomado en consideración hasta a los más pequeños o infantes (Léase 2 Timoteo 3:15). No se sorprenderá cuanto aprecio sentirán sus hijos por la Palabra de Dios, más aun si la van entendiendo poco a poco (Proverbios 4:18).


Poner nuestra confianza en Jehová


Es cierto, que a simple vista, la tarea de dar guía espiritual a los hijos parece monumental, y de hecho lo es; pero, es quizá lo más importante en la educación y formación de los hijos, y lo que a la larga provee mayor satisfacción (Léase Proverbios 23:24-25; Lucas 11:27). No hay fórmula exacta ni remedio rápido, cada padre debe hallar el modo práctico de criar a sus hijos en la disciplina y regulación mental de Jehová, pues esta instrucción ayuda a los hijos a conocer y comprender los asuntos como los ve Dios mismo. Al tener un conocimiento exacto de Su voluntad les resulta más fácil optar por obedecerla con la vida eterna en mira (Léase 1 Juan 2:17).


Es patente que necesitamos sabiduría para desempeñar esta tarea tan importante. Por eso, el Señor Jesucristo recomendó la oración como el medio para obtener las fuerzas necesarias para tan enorme tarea (Léase Lucas 11:3, 13: compare con Santiago 1:5-7). Cuando los hijos nos observan orar con humildad, se impresionan de nuestra fe y confianza en nuestro Creador. Hay diversas formas de orar, y todas ellas les demuestran a nuestros hijos que creemos sinceramente que “Dios existe” (Léase Hebreos 11:6). Y, ¿no es verdad que nos sobran motivos por los cuales orar (para pedir, agradecer o alabar) a Dios? No descuidemos entonces las oraciones personales y en familia.


No dude que Jehová les dará las fuerzas necesarias, mediante su poderoso espíritu santo (el mismo que usó para ordenar y crear todas las cosas – Génesis 1.2), porque Él bendice a los que están dispuestos a obedecerle en todo sentido (Léase Hechos 5:32; Filipenses 4:5-7, 13). Y, si, como hemos visto, es Su voluntad que los padres entrenen y eduquen a sus hijos en la correcta devoción piadosa que emana de Su Palabra, proveerá a los que le obedecen de toda la ayuda necesaria para que tengan éxito (Léase Proverbios 3:5-6). Él se asegurará de que ustedes tengan éxito, sin “irritar” a sus hijos.

La Biblia contesta... tres preguntas fundamentales

“¿De dónde venimos?, “¿Para qué estamos aquí?”, “¿Adónde vamos?”, estas son tres de las preguntas fundamentales que todo ser humano se ha hecho, se hace y se hará en todo tiempo, lugar, e independientemente de su edad, situación socio-económica o cultura. De hecho, usted concordará que son muy importantes para darle sentido a la vida. Lamentablemente, muy pocas personas dedican tiempo a obtener las respuestas. ¿Puede la Biblia ayudarnos a obtener respuestas satisfacientes? Veamos.

¿De dónde venimos?

En el capítulo 1 del primer libro de la Biblia, el Génesis, se hallan dos versículos que nos dan una pauta acerca de cuál es el origen de la vida: “En el principio, Dios creó los cielos y la tierra” (vs 1) y “Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza…” (vs 26). De este modo sencillo, las Escrituras nos dicen que somos el resultado de la obra creativa de Dios, de hecho, un Ser incomparablemente poderoso y sabio, a juzgar por la variedad de la creación celestial y terrestre. Con razón, los ángeles se sintieron inclinados a expresar su respetuoso temor al Creador: “Digno eres tú, Jehová, nuestro Dios mismo, de recibir la gloria y la honra y el poder, porque tú creaste todas las cosas, y causa de tu voluntad existieron y fueron creadas” (Revelación 4:11).

Hacemos bien en conocer a este Majestuoso Creador y lo podemos lograr mediante examinar con cuidado la obra creativa que tengamos disponible. Por eso, el apóstol Pablo declaró: “Porque lo que puede conocerse acerca de Dios está entre ellos manifiesto, porque Dios se lo ha puesto de manifiesto. Porque las cualidades invisibles de él se ven claramente desde la creación del mundo en adelante, porque se perciben por las cosas hechas, hasta su poder sempiterno y Divinidad, de modo que ellos son inexcusables” (Romanos 1:19, 20).

Cuando hacemos, aunque sea, una ligera investigación de la creación (o la naturaleza como prefiera llamarla), notamos que se debe haber requerido un inmenso poder y una sobresaliente sabiduría, debido a la estrecha relación que tienen unas obras con otras. Hasta sin habla, la creación ensalza a su Creador (Léase Salmos 19:1-2). Desde el imponente Universo hasta una microscópica célula, pasando por una variedad innumerable de pequeños y grandes seres, toda la creación demuestra una sabiduría infinitamente (Léase Salmos 104:24). Sin embargo, el texto leído antes de Revelación nos dice que fue debido a la voluntad de Dios, es decir un acto deliberado, lo que demuestra su inmenso amor al desear compartir el maravilloso don de la vida (Léase Salmos 92:4, 5; 107:8).

¿Para qué estamos aquí?

Sin dudar, la Biblia informa que el hombre fue creado para poblar la tierra y dominarla (Léase Génesis 1:28). Y es evidente que así lo creían los primeros cristianos, pues en un discurso memorable el apóstol Pablo dijo: “E hizo de un solo hombre toda nación de hombres, para que moren sobre la entera superficie de la tierra, y decretó los tiempos señalados y los límites fijos de la morada de los hombres” (Hechos 17:26). Así, varios siglos después, los siervos de Dios entendían cuál era en sí mismo el propósito del hombre: formar una extensa familia humana y trabajar para mantener la Tierra, su hogar. En verdad, al final de la vida muchas personas de personas lamentan, aun en situaciones extremas, no haber formado una familia o no haber dedicado el tiempo suficiente a cuidarle, en caso de haberla tenido. Por más éxitos y prosperidad que hayamos alcanzado, ¿no es verdad que siempre queremos compartirla con nuestra familia?

Trabajar duro para dar inicio y mantener una familia es un deber impuesto por Dios. Por eso, el ser negligente en este campo (así seamos exitosos en otros) nos acarrea la censura de la sociedad y la desaprobación del Creador (Léase 1 Timoteo 5:8). Y en la Biblia abundan los consejos para edificar, en todo sentido, una familia de éxito, un reflejo del interés de Dios en guiar al hombre en tan ardua tarea encomendada (Compare con Efesios 6:1-4). Si aplicamos correctamente toda esa sabiduría revelada podremos decir obtener el gozo que resulta de una tarea bien hecha (Léase Proverbios 23:22-25).

¿Adónde vamos?

No cabe duda que el ser humano se interesa por el futuro. Por tal razón, como la muerte es una realidad constante siempre se pregunta: “¿Qué pasa después de ella?” Aquí, la Biblia desde su mismo principio es clara. Veamos cuál sería el futuro del hombre, según Génesis 2:17: “Pero en cuanto al árbol del conocimiento de lo bueno y lo malo, no debes comer de él, porque en el día que comas de él, positivamente morirás”. La muerte sería el justo castigo si resultaba infiel o desobediente. Entonces, ¿cuál sería su premio si obedecía?: La vida eterna, algo que Jehová no ha olvidado (Léase Juan 3:16; 17:3)

El mismo libro de Génesis nos dice que cuando el hombre desobedeció (Léase Génesis capítulo 3), volvió al mismo estado que estaba antes de ser creado: la inexistencia, porque antes era polvo del suelo y retornó al mismo estado (Génesis 3:17-19). Y así concuerdan otras partes de las Escrituras: Salmos 146:3-4; Eclesiastés 9:5-6, 10; Isaías 38:18-19). Jehová, el Creador, nunca le dijo a Adán que subiría al cielo en un tiempo en el futuro, o que sufriría eternamente en un fuego castigador por la eternidad si desobedecía. Adán desobedeció y al pecar recibió la sentencia declarada: la muerte (Compare con Romanos 5:12; 6:23).

Como vimos, la Biblia responde de modo sencillo pero contundente las tres preguntas fundamentales que la humanidad formula a través del tiempo. Y aunque quedan muchos detalles pendientes, tenga la plena confianza que la Biblia también responderá a esas nuevas inquietudes o interrogantes. Le animamos a, primero, leer toda la Biblia (Léase 2 Timoteo 3:16-17), y, segundo, a escudriñarla cuidadosamente mediante un estudio regular de ella (Léase Hechos 17:10-11).

miércoles, 18 de mayo de 2011

La Biblia contesta: ¿Puede el hombre predecir el futuro?

Las limitaciones humanas
¡Imagínese poder predecir el futuro! Eso significaría poder controlar no sólo nuestra vida, sino también la de otras personas. ¿Le suena apetecible? Podríamos hacer los ajustes necesarios para corregir el rumbo y obtener innumerables e inmensos beneficios. Pero, ¿puede el hombre predecir el futuro? Existen a través del tiempo incontables relatos de individuos que han alegado haber predicho el futuro, y quizá Nostradamus es el más famoso, mas no el únco. Sin embargo, ¿por qué no es un don común a toda la humanidad en todos los tiempos? Si tan sólo se pudiese predecir el clima o alguno que otro desastre natural, eso ahorraría mucho dinero y sufrimiento a la humanidad, si mencionar que salvaría muchas vidas. ¿Tiene el ser humano ese poder, a pesar del adelanto tecnológico alcanzado? La respuesta es un contundente: ¡NO!
Hoy, en particular, sería muy útil para la humanidad que se pudiese predecir el futuro. ¿Por qué? Debido a los problemas y la situación angustiosa que atraviesa el mundo, en especial desde 1914, como bien lo señalan muchos pensadores y filósofos y usted mismo pued atestiguar en los hechos cotidianos. De hecho, la Biblia profetizó “un tiempo de angustia” sin precedentes que anunciaría 1) la presencia invisible del Señor Jesucristo y 2) la cercanía del Reino de Dios a establecerse en la Tierra (Compare con Lucas 21:5-31). Esa si que es una profecía que vale la pena conocer y entender, ¿no es cierto?
No resulta extraño que en este tiempo se presenten muchos “visionarios” (o videntes) que de vez en cuando aparecen en los medios y “comparten” sus pronósticos acerca de muchos sucesos, que en algunos casos pasmosos parecen coincidir en lugar y fecha. Es comprensible que muchas personas pongan “fe” en tales pronósticos y se vuelvan aficionadas a estudiar a fondo toda clase de “visiones”. (Lo mismo sucede con los horóscopos y cartas astrales, que caen dentro del mismo rango de predicción).


Intentos por predecir el futuro correctamente
Como ya se ha mencionado, Nostradamus es el más conocido (y consultado) de los “pronosticadores de sucesos”, pero no ha sido el único. Así, hay que considerar que muchas veces los pronósticos o predicciones son bastante vagas y están sujetas a una diversidad de interpretaciones, como suele suceder. Se han escrito muchos libros que se contradicen entre sí respecto a la correcta interpretación de las predicciones de Nostradamus y de otros, que sería agotador tratar de conciliar todas ellas en una sola vida (Compare con Eclesiastés 12:12). Incluso, de lograrlo tendría muy poco efecto práctico en la vida y escaso beneficio para la humanidad en general.
En el siglo XX, incluso muchos líderes políticos predijeron con mucha firmeza algunos acontecimientos que nunca se cumplieron. Por ejemplo, Adolfo Hitler anunció con mucha soberbia que el Tercer Reich alemán duraría “mil años”, pero tan sólo 11 años después de su ‘predicción’ Alemania estaba derrotada y en ruinas. Su predicción resultó falsa, aunque millones de personas (y no sólo en Alemania) pusieron fe y todo su empeño en ella.
Un poco antes, en plena Primera Guerra Mundial, Woodrow Wilson, entonces Presidente de los Estados Unidos predijo un mundo de “paz y seguridad” e ideó un organismo político, La Liga o Sociedad de Naciones, para alcanzar tal objetivo. ¿Tuvo éxito? No, unos pocos años después, el 1 de setiembre de 1939, la humanidad se enfrascó en una guerra aun más mortífera que la Primera, a cuyo final el mundo era todo, menos un lugar “seguro y pacífico”. Hasta hoy, pese a los esfuerzos denodados de las Naciones Unidas (sucesora de la Sociedad de Naciones, pero con los mismos objetivos), el mundo pende de un hilo debido al efecto destructivo de la energía nuclear, como lo demuestra la reciente catástrofe en Fukushima, Japón (sin olvidar la no muy lejana ocurrida en Chernobyl, Ucrania, en 1986). ¿Es el mundo de hoy uno de “paz y seguridad”? Usted sabe la respuesta, pero de eso hablaremos un poco más adelante.
Adolfo Hitler y Woodrow Wilson no han sido los únicos, por cierto. Hoy, no es posible siquiera predecir como amanecerá la Bolsa de Valores al día siguiente, o cuál será la fluctuación de la moneda, y a pesar de todos los adelantos tecnológicos disponibles, nadie pudo predecir la destrucción que causó el huracán Katrina, que en un principio se movía poco amenazadoramente por el Golfo de México, hace unos poco años. La ciudad de Nueva Orleans fue repentinamente golpeada por uno de los huracanes más potentes de la historia que incrementó su poder casi sobre sus propias costas. ¿Alguien pudo predecir eso? Nadie, y el daño resultó incalculable en todo sentido.
No hay que olvidar que para predecir un suceso es necesario contar con todos los elementos de una situación determinada. Por ejemplo, para predecir el tiempo hay que tener en cuenta un sinnúmero de factores, como el viento, la humedad, el suelo, la estación, entre otros. Aun cuando se conozcan las magnitudes de cada factor, cada científico puede tener una particular interpretación acerca de cómo obrarán para predecir el tiempo. No existe una computadora capaz de reunir, evaluar y ofrecer un acertado pronóstico del clima en ninguna parte del mundo. Como suele suceder, a menudo los pronósticos del tiempo se equivocan, con las consecuencias molestias y pérdidas económicas, como la cancelación de vuelos comerciales o la ruina de cosechas que se tenían por seguras, sin mencionar la pérdida de vidas humanas. (En lo que va de 2011, casi 500 personas han muerto en Colombia por las inundaciones, que nadie puede predecir hasta el momento).
Intentar pronosticar el tiempo u otra clase de sucesos en el complejo campo humano parece simple para algunos; pero, a semejanza del aparentemente sencillo juego de ajedrez, las posibilidades a tener en cuenta son infinitas y nadie puede reunir toda la información necesaria para lanzar el más simple de los pronósticos. (De hecho, cada semana alguien acertaría la lotería no sólo en algún lugar del mundo, sino en todas las naciones, ¿verdad?). Se sabe incluso, que hasta ajedrecistas escolares han derrotado a supercomputadoras que tenían los más complejos sistemas informáticos de última generación. Si no es posible prevenir todos los movimientos del ajedrez, ¿cómo podría el hombre prever los asuntos humanos, mucho más complejos y sujetos a un mayor número de variantes que todos los juegos de ajedrez juntos?
Los asuntos humanos están regidos más por la impredecible voluntad humana que por leyes fijas e inalterables, que de algún modo podrían predecirse, por decir lo menos. Claro, debido a la ley de las posibilidades y probabilidades, si existe una medida de éxito aunque muy remota, como aparentemente ha sucedido en el pasado y hasta la fecha, al igual como pese a todo alguien acierta el número correcto de la lotería de vez en cuando.
Así, por ejemplo, predecir un desastre natural en un país frecuentemente asolado por ellos, no escaparía a la posibilidad o probabilidad elevada de que acontezca uno. Pero, en la mayoría de los casos, aun en los que más probabilidades tenía, no han ocurrido tal y como se habían previsto, en lugar, fecha o magnitud. Por supuesto, se da publicidad (a menudo exagerada y desproporcionada) a los “aciertos” que a los fracasos, con lo que crece la expectativa de nuevas predicciones, debido principalmente a los beneficios económicos que reporta al “visionario” y a sus “publicistas”.


Las predicciones de la Biblia
A diferencia de los pronosticadores humanos, Jehová, el Dios de la Biblia sí tiene la capacidad plena de conocer y revelar lo que el futuro depara con toda exactitud. Mucho de ese conocimiento lo ha revelado en su Palabra, la Biblia: “Yo soy Dios, y no hay nadie semejante a mí; yo revelo desde el principio el final, desde la antigüedad lo que sucederá; yo digo: ‘Mi propósito se cumplirá, haré todo mi deleite.’ . . . Fíjense en esto; lo he hablado, y lo realizaré.” (Isa. 46:9-11, New English Bible).
¿No es verdad que cuando un pronosticador parece acertar recibe abundante publicidad y, a veces, no poca ganancia y honra? ¿Qué hay de Dios, entonces? ¿No debería recibir tanta o más publicidad y honra al respecto; más aún cuando todas sus profecías se han cumplido? Además, al revelar el futuro al hombre, prueba su sincero y profundo interés en su bienestar. Por ejemplo, anunció unos 120 años antes la destrucción de un mundo violento en los días de Noé. ¿Con qué propósito? Como una advertencia; pero pocos hicieron caso (Compare Génesis 6:3, 6-21 con Mateo 24:37-39). En otra ocasión, predijo, mediante Jesucristo, la caída de Jerusalén y su desolación de parte de las fuerzas romanas, que se cumplió con exactitud en 70 EC. (Lucas 21:20-24). Así, sus discípulos, cuatro años antes pudieron ‘hacer caso’ y escapar fuera de Judea cuando temporalmente los romanos retiraron sus tropas en 66 EC.
Así, existe una variedad de profecías que tienen que ver con nuestro propio futuro, cuya garantía de cumplimiento radica en que muchas otras, sí, de hecho, centenares de ellas se cumplieron con toda exactitud (Isaías 55:8-11). Muchas profecías bíblicas se están cumpliendo en la actualidad y se están publicando ampliamente por toda la Tierra habitada (Mateo 24:3, 14). Y no es extraño, que la mayoría de personas ‘no hagan caso’ a las advertencias reiteradas de la cercanía del Armagedón, así como la humanidad no hizo caso al Diluvio que barrió al mundo de entonces (2Pedro 3:5-7). ¿Por qué sucede así? Por la misma razón: la presencia e influencia de demonios (Compare Génesis 6:1-10 – Revelación 12:9, 17). Satanás y sus demonios, hoy como entonces no permiten que las buenas nuevas resplandezcan (2 Corintios 4:4) y sean oídas y aceptadas por la mayoría de las naciones, a quienes están extraviando y conduciendo a su propia destrucción en el juicio de Dios que se avecina (Revelación 16:14, 16). Todo intento por sembrar la semilla de la verdad en los corazones de la gente, se ven frustrados por la inmediata acción de los demonios (Marcos 4:1, 4, 14-15).
El Diablo utiliza los mismos medios que le han dado excelentes resultados en el pasado, entre ellos el espiritismo y la adivinación. No es extraño que Jehová prohibiera enfáticamente la presencia de adivinadores, médiums espiritistas y pronosticadores de sucesos (profesionales o no) (Compare con Deuteronomio 18:10), que hoy abundan por todas partes, en especial entre las naciones de la cristiandad (Compare con Mateo 7:21), algo que está prohibido (Hechos 16:16-18) y que forma parte del fruto de la carne (Gálatas 5:19-21).
Claro está, que si la humanidad en general se halla alejada de Dios y en ignorancia de Su voluntad (Hechos 17:30, 31; Efesios 4:17-18) nunca va a obedecer el mandato de no confiar en otros humanos (Salmos 1:1; 146:3-4; Jeremías 17:5), incluso en sus aparentemente infrecuentes y exitosas profecías, que en la mayoría de los casos parecen tener cierta inspiración demoníaca (Mateo 24:4-5; Santiago 3. 15:16). Está claro que por sí solo el ser humano no tiene la capacidad de predecir el futuro, pero los demonios sí poseen ciertos poderes, incluso milagrosos (como el profetizar) y que pueden utilizarlos para beneficiar de algún modo a los seres humanos (2 Corintios 11:14-15), aunque su propósito real sea alejarlos del Creador (1 Timoteo 4:1; Revelación 16:14).
Aunque la Biblia contiene profecías escritas mediante hombres, el hecho de su exacto cumplimiento demuestra que la fuente es superior al ser humano. La Biblia asegura con firmeza: “Ninguna profecía de la Escritura proviene de interpretación privada alguna. Porque la profecía no fue traída en ningún tiempo por la voluntad del hombre, sino que hombres hablaron de parte de Dios al ser llevados por espíritu santo.” (2 Ped. 1:20, 21). Y aunque en su tiempo algunas de ellas fueron difíciles de entender (Daniel 12:8), incluso por los propios escritores inspirados, eso no significa que con el tiempo dejaran de cumplirse, lo que demuestra su veracidad y exactitud. Tan sólo en Jesucristo se cumplieron unas trescientas profecías del Antiguo testamento (o Escrituras Hebreo-arameas).


Profecías para nuestro tiempo
La humanidad vive un momento crucial, y está claro que los demonios, liderados por Satanás el Diablo, entorpecerán todo esfuerzo por iluminar a la gente respecto a la salvación, pues actuarán siempre en oposición a la voluntad de Jehová (1 Timoteo 2:3-4). Los que prefieran confiar en las predicciones humanas, inspiradas por los demonios mediante el espiritismo sufrirán el castigo judicial de muerte eterna (Revelación 21:8; 22:11, 15). Los que se acerquen a Dios en cambio, estarán resistiendo los deseos del Diablo de entramparlos (Efesios 4:27; 6:11; Santiago 4:7-8) y caer en su engaño (Juan 8:44) con la muerte en mira (Hebreos 2:14).
Por ejemplo, nadie esperaba que se produjese una Guerra a escala mundial en 1914. Muchos profetizaban una época de paz sin precedentes en la historia humana, pero no fue así. Vea unos ejemplos:
· “La I Guerra Mundial le puso fin al más largo período de paz general en la historia europea (43 años). . . . Había, antes de 1914, un libre fluir de ideas y una creencia universal en el progreso continuo. . . . La edad de oro de la historia europea concluyó abruptamente.”—Encyclopædia Britannica (1959), Tomo 8, página 869.
· “En ninguna parte, ni siquiera en el verano de 1914, se hizo una decisión calculada y de antemano para una guerra global.”—Joachim Remak, The Origins of World War I.


Sin embargo, Jesucristo y otros apóstoles cristianos, conforme lo registra la Biblia, profetizó con mucha anterioridad los sucesos que ocurrieron a partir de 1914: Guerra, hambre, peste en un lugar tras otro, la aparición de falsos Cristos o Mesías (como Hitler, Lenin, Mussolini, Wilson, Roosevelt, Churchill, entre muchos otros), la predicación mundial del Reino de Dios, así como el deterioro en la conducta general de toda la gente de la tierra. (Compare con Mateo capítulo 10, Marcos capítulo 13; Lucas capítulo 21 y 2 Timoteo 3:1-5). ¿Necesita usted alguna clase de prueba de que eso acontece desde 1914 en adelante, y que hay poca esperanza que por esfuerzos humanos habrá alguna mejoría (2 Timoteo 3:13)? Le invitamos a leer los textos citados y comparar con lo que usted ha visto (y ve) en su vida. Repasar los acontecimientos históricos desde 1914 le ayudarán a ver que no es para un futuro lejano el cumplimiento de tan exactas profecías… ¡ya se están cumpliendo como preámbulo del fin (Mateo 24:14; Lucas 21:31).
En nuestros días, las naciones también se esfuerzan por alcanzar alguna medida de “paz y seguridad” y es seguro que no faltarán los anuncios altisonantes acerca de los progresos alcanzados, pero, como en el pasado, fracasarán sin duda (2 Tesalonicenses 5:1-3). Recuerde, también, que es el Diablo, no Jehová Dios, quien gobierna a este mundo impío (Mateo 4:8-10; 1 Juan 5:19; Revelación 12:9; 13:1-4), y él puede manipular los asuntos para que parezca que tiene el poder de modificar el futuro a su antojo. Y esto no debe sorprenderle en absoluto: las naciones están cada vez más divididas en todo campo del quehacer humano, y el nacionalismo las empuja a buscar sus propios intereses antes que el de los demás (Compare con Filipenses 2:3-4), y el bienestar de todas las personas.
Jehová se ha propuesto destruir, no reformar, este mundo y sus sistemas político, comercial y religioso por completo. Mientras ese día llega está dando advertencia pacientemente a todo aquél que quiera oír y escapar de esa masiva destrucción (2 Pedro 3:8-10). Hoy, usted tiene la oportunidad de conocer la voluntad de Dios (Romanos 12:1-2) y meditar y elegir si la obedecerá con la expectativa de vivir para siempre (1 Juan 2:17).
Sí, Jehová, que es el único capaz de predecir el futuro (Mateo 24:36) con toda exactitud, desea que ‘nadie sea destruido’. Ha otorgado el más grandioso regalo a la humanidad: el valioso rescate de Jesucristo, quien ofreció su sangre por la salvación de todo el que ejerce fe (Juan 3:16, 36). La Biblia contiene toda la información confiable y precisa para obtener la salvación mediante Cristo Jesús (2 Timoteo 3:14-17).
Aunque no sabemos con exactitud el día y la hora del Armagedón (Mateo 24:36), al igual que una mujer embarazada sabe que ha llegado la hora para el parto, todo apunta a que estamos cada vez más cerca del fin predicho en la Biblia, y nada ni nadie podrá impedirlo ¿Por qué no dedica unos minutos al día a leer las Santas Escrituras (Salmos 1:1-2), en vez de seguir temiendo el futuro incierto que pronostican de vez en cuando “visionarios” sin ningún fundamento sólido? La decisión está en sus manos, por supuesto. Ese es un privilegio, en base a su propio libre albedrío, que Dios mismo le otorga (Deuteronomio 30:15-20). Lo que sí estamos convencidos es que usted no acabará desilusionada (Romanos 5:5; 1 Pedro 2:6), ni vivirá en temor mórbido del futuro (Salmo 91), y como dijo el salmista, sin importar lo que el futuro depare, usted ‘se acostará en paz y también dormirá, porque Jehová le hace morar en seguridad’ (Salmos 4:8). Nadie más puede darle esa seguridad, pues aunque durmiese en la muerte, Jehová lo rescatará del sepulcro al tiempo debido (Juan 5:28, 29; Hechos 24:15; Revelación 20:13)