Buscar este blog

jueves, 4 de noviembre de 2010

¿Aperturar?...¡Nunca!

Apertura se usa para designar la acción de abrir(se) algo que está cerrado: Esperaron hasta que funcionara el sistema de apertura retardada de la caja fuerte; o la acción de dar principio o comienzo a una acto público, un evento o torneo no regular, una temporada de estudios o espectáculos, una partida (de caza o ajedrez, por ejemplo), un expediente administrativo, etc.: Apenas asistía a los actos de apertura del curso / La apertura de un expediente era inevitable. También suele usarse apertura para indicar la "actitud intransigente o favorable ante las innovaciones": Creía llegado el momento de la apertura política.
Otras formas de uso de apertura (nunca aperturar) son comunes en la jerga bancaria y en la técnica fotográfica: Era un telescopio de gran apertura/abertura. / Para otorgarle dicho préstamo, es imprescidible la apertura de una cuenta corriente en nuestro propio banco. Sin embargo, nunca debe confundirse abertura u apertura con obertura, que es la pieza musical con que se inicia una obra musical más grande.
Apertura, lo mismo que inauguración, se refiere a un acto o evento único, como un Congreso, una temporada de ópera, el inicio de operaciones de una institución, centro de estudios, fábrica, etc., en los cuales siempre hay actos protocolares a menudo fastuosos o pomposos, que por lo común se realizan una sola vez.
Abertura debe usarse en todos los casos en que se refiera a una "hendidura o espacio que rompe la continuidad de una superficie, permitiendo una salida al exterior o comunicando dos espacios": Bastaba con vaciar los cocos haciéndoles una abertura (un hoyo) de no más de dos pulgadas. / Apenas había una diminuta abertura para la ventilación.
Debe recordarse que el verbo aperturar no existe en el léxico español, por lo que nunca debe reemplazar a abrir, que es un verbo admitido.

sábado, 11 de septiembre de 2010

Dicha perdida, poema de Joseph Mac Lean

Antes de entregarme a ti
Siempre fui una persona digna,
Y sólo ante ti me mostré
Con mis más puros sentimientos.
Haciendo una gran excepción
Te abrí las puertas de mi casa,
Pues nada malo de ti nunca temí;
Al contrario por tu gran ternura,
Que en verdad me cautivara,
Es que mi corazón yo te di.

Tú, sin embargo ocultabas,
Y eso con gran disimulo,
Tus reales sentimientos e intenciones;
Y aunque dejé pasar un buen tiempo,
Supe, al fin y al cabo, todo descubrir.
Tú no me podías, o no querías, amar
No de la forma que yo ansío
Y aunque fue buena tu disposición
Controlando tus emociones
Muy pronto la careta se te cayó.

Sólo te pido devuelvas,
Lo único que en verdad te dí.
Te pido traer de vuelta
Las llaves de toda mi casa
Y por favor, sin demora,
Devuélveme muy intactas
Las llaves de mi corazón,
Por que has perdido el derecho,
Que es más un gentil privilegio,
De entrar dónde yo te permití.

Ya no tendrás de mí un solo mensaje
Ni un correo, ni una llamada
No quiero seguir perdiendo el tiempo,
En alguien que no aprecia ni respeta
Y que en forma tan terca, reiterada,
(Pues fueron cuatro las ocasiones)
Te negaste, aunque pudiste,
A darme un beso siquiera
O ese abrazo tuyo tan tierno
Que yo siempre he necesitado.

Ante tu último insulto
Pensando en lo equivocado que estaba,
Es que emprendí la serena retirada
Sin un asomo de tristeza.
Y para mí fue una gran sorpresa
El alivio que sentí
Al dejarte a ti en ese sitio
Más allá de la escalera
Gozando en otros labios
El beso que a mí me negaste.

Sé muy bien no será fácil
Arrancarte de mi vida y mente
Tendré que remover las cadenas
Las mismas que yo elaboré
Y antes de aumentar mis penas
Te dejo libre, libre volar
A fin de que goces a tu tiempo y modo
Y que encuentre pronta dicha
Esa… que no te supe dar.

Amor constante, poema de Joseph Mac Lean

No importa a que lugar te fueras,
ni si mi recuerdo en asco lo tornaras,
conmigo hallaste caricias sinceras,
llenas de amor, mas nunca raras.

Tu entrega fue tímida, pero en deseo,
no guardaste nada, y se encendieron
tus pasiones, tus sentidos como ardieron;
cuando sufro, feliz me siento si te veo.

Si te pesa lo que hicimos, no hay remedio,
hecho está, y cada día de ahora en adelante,
esos momentos irán siempre en medio,

de nuestras vidas, y aunque tú distante,
disipará tristezas, lloro, aun el tedio;
amor oculto, sí, pero uno constante.
[9 de septiembre de 2010]

Novelas recomendadas, por Joseph Mac Lean


Siempre me preguntan acerca de lo que estoy leyendo. Pues tengo la dicha, en esta oportunidad de recomendar algunas novelas que ya terminé de leer, pero que no compendiaré, pues es muy fácil hallar comentarios respecto a ellas en la Internet.

La primera es "El hereje", del escritor español Miguel Delibes. Primera vez que leía algo de él y fue toda una revelación por su fina narrativa, llena de encantadores giros ibéricos pero de inmediata interpretación (claro, a veces con la ayuda de un buen diccionario). Una encantadora historia de fe en la España católica del siglo XVI, con un final tan trágico como esperado. Espero ansioso llegar a leer más novelas de este escritor español.

Después, gracias a la gentileza de un muy buen amigo, leí "El amor en los tiempos del cólera", del colombiano Gabriel García Márquez. Debo confesar que no leía nada de Gabo desde mis épocas escolares, allá por los años sesenta, cuando bajo obligación tuve que leer "Cien años de soledad", y cual trabajo forzado pude concluir finalmente. Pero esta otra novela, con sus entrañables personajes, Florentino Ariza destacando entre ellos, el doctor Urbino y Fermina Daza, han dejado una huella indeleble en mi intelecto y emociones. De veras, la recomiendo a todo aquél que aún no la haya leído.


También está "Topaz", del estadounidense León Uris, una mezcla de amor e intriga, en el marco del espionaje internacional de los años de la Guerra Fría. La verdad era muy difícil detenerse en su lectura, que a pesar de lo voluminosa que es la obra, terminé en muy pocos días.

Finalmente, acabo de terminar "Matar a un ruiseñor", del estadounidense Harper Lee (Premio Pulitzer). Una tierna historia de la lucha de un padre por criar solo a dos hijos pequeños, en medio de la crisis del año 29 en un alejado condado de Alabama (Maycomb era su nombre), a la vez que resistía toda crítica por su defensa impecable contra la injusta acusación a un negro (Tom Robinson de la localidad y de sus coterráneos y parientes por la, según ellos poca disciplina que ejercía sobre sus hijos.

Cuatro novelas, todas muy diferentes, como son las historias de la vida, pero que considero imprescindibles para todo buen lector. Se las recomiendo.

He empezado una serie de novelas de George Simenon referidas al inspector Maigret (algo así como el Poirot, de Agatha Christie). Luego vendrán "Ivanhoe", "Ben-Hur" y "Amistades peligrosas"... que ya les comentaré, aunque es seguro que no será en ese orden que empezaré a leerlas.

Huella eterna, poema de Joseph Mac Lean

¿Qué vas a llorar el día en que me muera?
Eres libre, y harás lo que tú quieras,
así como te burlaste de mi amor sincero,
y buscaste mi perdón, y un regreso,
a esa dicha que era nuestro sueño.
¿Por qué esperar a que en polvo,
o tal vez en cenizas me convierta?
Si sé muy bien que no te importa.
Lo que sí sé es que en ese amargo día,
mi amor y mi odio habrán perecido.
¿Qué pensabas al querer librarte,
de este tonto, apasionado y loco?
Si cada vez que toqué tu cuerpo,
Deje una huella indeleble, una eterna,
que te acompañará aunque no quieras.
Estaré muerto, eso es cierto,
muerto sí, mas nunca en el olvido;
viviré en ti cuando una leve brisa
roce tus labios o tu pecho, y algo tardío,
en un suspiro, pronunciarás mi nombre.

Mal acaba, poema de Joseph Mac Lean

Me quedan sólo tus fotografías
y los recuerdos de todo lo vivido,
de tantas veces que en mis brazos
morías de éxtasis, de tu amor negado.
Hoy te arrepientes, de tu entrega;
pero es mi deber, y lo siento si te apena
recordarte que en todas ellas,
fuiste tú quién las buscabas.
Hoy quieres parar, y te comprendo,
pues lo que empieza mal, mal acaba.
Otro final hubiese preferido,
ni modo si te pesa lo vivido.
Sé que lamentarás haberte ido,
y que sufrirás recordando,
tal vez ansiando un retorno
que no te lo niego, eso es seguro.

Tirano, poema de Joseph Mac Lean

Me llamas tirano,
y que hermoso suena eso en tus labios,
tu mal contento enerva mi entorno;
escucho tus razones,
y tan sólo yo me atrevo
a hacer lo que me ordenas,
aunque me llenes de tantas penas.

Tirano, no, sino tu esclavo,
que calla sus enojos, y muere
poco a poco en lúgubre tormento.
Ordénale a tus ojos
una dulce mirada tan sólo brinde
a este ser que nació para quererte,
y que sufre de continuo al no tenerte.

¿Por qué me otorgas tus enojos,
si yo te quiero como lo hago?
¿Por qué me alimentas de tus desdenes,
si sabes que a tus pies me tienes?
Yo porfío, y no consigo olvidarte.
Algún día vendrá la eterna calma,
sólo así no sufriré al recordarte.

Tirano no soy, te lo aseguro,
si mi cotidiano afán es complacerte;
aunque viese cercana mi muerte,
firme será mi amor, y en cruel tormento,
tal vez porque eso es lo que merezco,
tendrás siempre este mi amor puro,
cueste lo que me cueste,... lo padezco.