No importa a que lugar te fueras,
ni si mi recuerdo en asco lo tornaras,
conmigo hallaste caricias sinceras,
llenas de amor, mas nunca raras.
Tu entrega fue tímida, pero en deseo,
no guardaste nada, y se encendieron
tus pasiones, tus sentidos como ardieron;
cuando sufro, feliz me siento si te veo.
Si te pesa lo que hicimos, no hay remedio,
hecho está, y cada día de ahora en adelante,
esos momentos irán siempre en medio,
de nuestras vidas, y aunque tú distante,
disipará tristezas, lloro, aun el tedio;
amor oculto, sí, pero uno constante.
[9 de septiembre de 2010]
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sábado, 11 de septiembre de 2010
Novelas recomendadas, por Joseph Mac Lean

Siempre me preguntan acerca de lo que estoy leyendo. Pues tengo la dicha, en esta oportunidad de recomendar algunas novelas que ya terminé de leer, pero que no compendiaré, pues es muy fácil hallar comentarios respecto a ellas en la Internet.
La primera es "El hereje", del escritor español Miguel Delibes. Primera vez que leía algo de él y fue toda una revelación por su fina narrativa, llena de encantadores giros ibéricos pero de inmediata interpretación (claro, a veces con la ayuda de un buen diccionario). Una encantadora historia de fe en la España católica del siglo XVI, con un final tan trágico como esperado. Espero ansioso llegar a leer más novelas de este escritor español.
Después, gracias a la gentileza de un muy buen amigo, leí "El amor en los ti
empos del cólera", del colombiano Gabriel García Márquez. Debo confesar que no leía nada de Gabo desde mis épocas escolares, allá por los años sesenta, cuando bajo obligación tuve que leer "Cien años de soledad", y cual trabajo forzado pude concluir finalmente. Pero esta otra novela, con sus entrañables personajes, Florentino Ariza destacando entre ellos, el doctor Urbino y Fermina Daza, han dejado una huella indeleble en mi intelecto y emociones. De veras, la recomiendo a todo aquél que aún no la haya leído.
También está "Topaz", del estadounidense León Uris, una mezcla de amor e intriga, en el marco del espionaje internacional de los años de la Guerra Fría. La verdad era muy difícil detenerse en su lectura, que a pesar de lo voluminosa que es la obra, terminé en muy pocos días.
Finalmente, acabo de terminar "Matar a un ruiseñor", del estadounidense Harper Lee (Premio Pulitzer). Una tierna historia de la lucha de un padre por criar solo a dos hijos peque
ños, en medio de la crisis del año 29 en un alejado condado de Alabama (Maycomb era su nombre), a la vez que resistía toda crítica por su defensa impecable contra la injusta acusación a un negro (Tom Robinson de la localidad y de sus coterráneos y parientes por la, según ellos poca disciplina que ejercía sobre sus hijos. Cuatro novelas, todas muy diferentes, como son las historias de la vida, pero que considero imprescindibles para todo buen lector. Se las recomiendo.
He empezado una serie de novelas de George Simenon referidas al inspector Maigret (algo así como el Poirot, de Agatha Christie). Luego vendrán "Ivanhoe", "Ben-Hur" y "Amistades peligrosas"... que ya les comentaré, aunque es seguro que no será en ese orden que empezaré a leerlas.
Huella eterna, poema de Joseph Mac Lean
¿Qué vas a llorar el día en que me muera?
Eres libre, y harás lo que tú quieras,
así como te burlaste de mi amor sincero,
y buscaste mi perdón, y un regreso,
a esa dicha que era nuestro sueño.
¿Por qué esperar a que en polvo,
o tal vez en cenizas me convierta?
Si sé muy bien que no te importa.
Lo que sí sé es que en ese amargo día,
mi amor y mi odio habrán perecido.
¿Qué pensabas al querer librarte,
de este tonto, apasionado y loco?
Si cada vez que toqué tu cuerpo,
Deje una huella indeleble, una eterna,
que te acompañará aunque no quieras.
Estaré muerto, eso es cierto,
muerto sí, mas nunca en el olvido;
viviré en ti cuando una leve brisa
roce tus labios o tu pecho, y algo tardío,
en un suspiro, pronunciarás mi nombre.
Eres libre, y harás lo que tú quieras,
así como te burlaste de mi amor sincero,
y buscaste mi perdón, y un regreso,
a esa dicha que era nuestro sueño.
¿Por qué esperar a que en polvo,
o tal vez en cenizas me convierta?
Si sé muy bien que no te importa.
Lo que sí sé es que en ese amargo día,
mi amor y mi odio habrán perecido.
¿Qué pensabas al querer librarte,
de este tonto, apasionado y loco?
Si cada vez que toqué tu cuerpo,
Deje una huella indeleble, una eterna,
que te acompañará aunque no quieras.
Estaré muerto, eso es cierto,
muerto sí, mas nunca en el olvido;
viviré en ti cuando una leve brisa
roce tus labios o tu pecho, y algo tardío,
en un suspiro, pronunciarás mi nombre.
Mal acaba, poema de Joseph Mac Lean
Me quedan sólo tus fotografías
y los recuerdos de todo lo vivido,
de tantas veces que en mis brazos
morías de éxtasis, de tu amor negado.
Hoy te arrepientes, de tu entrega;
pero es mi deber, y lo siento si te apena
recordarte que en todas ellas,
fuiste tú quién las buscabas.
Hoy quieres parar, y te comprendo,
pues lo que empieza mal, mal acaba.
Otro final hubiese preferido,
ni modo si te pesa lo vivido.
Sé que lamentarás haberte ido,
y que sufrirás recordando,
tal vez ansiando un retorno
que no te lo niego, eso es seguro.
y los recuerdos de todo lo vivido,
de tantas veces que en mis brazos
morías de éxtasis, de tu amor negado.
Hoy te arrepientes, de tu entrega;
pero es mi deber, y lo siento si te apena
recordarte que en todas ellas,
fuiste tú quién las buscabas.
Hoy quieres parar, y te comprendo,
pues lo que empieza mal, mal acaba.
Otro final hubiese preferido,
ni modo si te pesa lo vivido.
Sé que lamentarás haberte ido,
y que sufrirás recordando,
tal vez ansiando un retorno
que no te lo niego, eso es seguro.
Tirano, poema de Joseph Mac Lean
Me llamas tirano,
y que hermoso suena eso en tus labios,
tu mal contento enerva mi entorno;
escucho tus razones,
y tan sólo yo me atrevo
a hacer lo que me ordenas,
aunque me llenes de tantas penas.
Tirano, no, sino tu esclavo,
que calla sus enojos, y muere
poco a poco en lúgubre tormento.
Ordénale a tus ojos
una dulce mirada tan sólo brinde
a este ser que nació para quererte,
y que sufre de continuo al no tenerte.
¿Por qué me otorgas tus enojos,
si yo te quiero como lo hago?
¿Por qué me alimentas de tus desdenes,
si sabes que a tus pies me tienes?
Yo porfío, y no consigo olvidarte.
Algún día vendrá la eterna calma,
sólo así no sufriré al recordarte.
Tirano no soy, te lo aseguro,
si mi cotidiano afán es complacerte;
aunque viese cercana mi muerte,
firme será mi amor, y en cruel tormento,
tal vez porque eso es lo que merezco,
tendrás siempre este mi amor puro,
cueste lo que me cueste,... lo padezco.
y que hermoso suena eso en tus labios,
tu mal contento enerva mi entorno;
escucho tus razones,
y tan sólo yo me atrevo
a hacer lo que me ordenas,
aunque me llenes de tantas penas.
Tirano, no, sino tu esclavo,
que calla sus enojos, y muere
poco a poco en lúgubre tormento.
Ordénale a tus ojos
una dulce mirada tan sólo brinde
a este ser que nació para quererte,
y que sufre de continuo al no tenerte.
¿Por qué me otorgas tus enojos,
si yo te quiero como lo hago?
¿Por qué me alimentas de tus desdenes,
si sabes que a tus pies me tienes?
Yo porfío, y no consigo olvidarte.
Algún día vendrá la eterna calma,
sólo así no sufriré al recordarte.
Tirano no soy, te lo aseguro,
si mi cotidiano afán es complacerte;
aunque viese cercana mi muerte,
firme será mi amor, y en cruel tormento,
tal vez porque eso es lo que merezco,
tendrás siempre este mi amor puro,
cueste lo que me cueste,... lo padezco.
A un amigo recien ido, poema de Joseph Mac lean
Te fuiste callado, como viviste
una noche oscura de septiembre;
solo, postrado sin nadie que te nombre;
sin poder decir a nadie cuanto amaste,
cuantos sueños, hoy muertos, te forjaste;
sólo queda esa palidez que te reviste.
Es mi promesa, jamás he de olvidarte,
pues siempre lo bueno de ti me mostraste,
aunque batallas mil, en tu interior libraste.
Duerme tranquilo el sueño que hoy te atrapa,
destino cruel e injusto del que nadie escapa,
Quiera Aquel que es Santo recordarte.
Cómo olvidarte, no podría querido amigo,
si allí, al pie de tu féretro tan blanco,
quien te dio la vida, y de modo franco,
me dijo que fui para ti un segundo padre;
y viendo el dolor y el llanto de tu madre,
aborrecí el vacío que llevo, y que vivirá conmigo.
Me fuiste cual un hijo muy amado,
con poco, lo sé, no te contentabas;
por eso cuando tú me preguntabas,
yo sereno, sin darte fáciles soluciones
con preguntas, citas e ilustraciones,
llenaba tu ser del conocimiento ansiado.
Mas no era mío el mérito, en absoluto;
sino que Áquel que corazones pesa,
con pureza, jamás en maldad aviesa,
nos daba la fuerza y así aprender,
todo lo que cabe comprender,
para ante Él mostrarse impoluto.
Duerme, duerme, que nada te despierte
sólo la voz de Arcángel que a nada teme,
que en el postrero Día, todo el que duerme,
saldrá de nuevo a la vida, contento, dichoso;
estaré allí, eso confío, atento y muy ansioso,
para abrazarte, guiarte y otra vez quererte.
una noche oscura de septiembre;
solo, postrado sin nadie que te nombre;
sin poder decir a nadie cuanto amaste,
cuantos sueños, hoy muertos, te forjaste;
sólo queda esa palidez que te reviste.
Es mi promesa, jamás he de olvidarte,
pues siempre lo bueno de ti me mostraste,
aunque batallas mil, en tu interior libraste.
Duerme tranquilo el sueño que hoy te atrapa,
destino cruel e injusto del que nadie escapa,
Quiera Aquel que es Santo recordarte.
Cómo olvidarte, no podría querido amigo,
si allí, al pie de tu féretro tan blanco,
quien te dio la vida, y de modo franco,
me dijo que fui para ti un segundo padre;
y viendo el dolor y el llanto de tu madre,
aborrecí el vacío que llevo, y que vivirá conmigo.
Me fuiste cual un hijo muy amado,
con poco, lo sé, no te contentabas;
por eso cuando tú me preguntabas,
yo sereno, sin darte fáciles soluciones
con preguntas, citas e ilustraciones,
llenaba tu ser del conocimiento ansiado.
Mas no era mío el mérito, en absoluto;
sino que Áquel que corazones pesa,
con pureza, jamás en maldad aviesa,
nos daba la fuerza y así aprender,
todo lo que cabe comprender,
para ante Él mostrarse impoluto.
Duerme, duerme, que nada te despierte
sólo la voz de Arcángel que a nada teme,
que en el postrero Día, todo el que duerme,
saldrá de nuevo a la vida, contento, dichoso;
estaré allí, eso confío, atento y muy ansioso,
para abrazarte, guiarte y otra vez quererte.
jueves, 9 de septiembre de 2010
Brasil vence 3-0 a China en Grand Prix 2010
Beijing, 29 ago (PL) Brasil derrotó hoy 3-0 a China en el partido de cierre de la etapa final del Grand Prix para mujeres, en el cual las ganadoras escoltaron al campeón, Estados Unidos, invicto en cinco salidas. Con su triunfo (25-18, 25-13 25-16), las suramericanas, campeonas defensoras, alcanzaron su primera barrida en la lid que se disputa en la ciudad china de Ningbo, provincia de Zhejiang.En el primer choque de esta jornada, las norteamericanas blanquearon a las japonesas mientras Italia venció 3-1 a Polonia.Italianas, chinas y niponas ocuparon por ese orden las siguientes posiciones, todas con balance de dos triunfos y tres derrotas. Las polacas terminaron con 1-4.
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